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Lamia, de Rayco Pulido

Lamia

LamiaTengo que reconocer que este cómic ha sido toda una sorpresa cuyos ingredientes ya lo avisaban en su sinopsis: Barcelona en 1943, un asesino sanguinario suelto, un detective privado y una mujer, Laia, con un buen marido, un buen trabajo y un bebé en camino, pero que vive una mentira.

Lees eso y tu mente empieza a imaginar. Ambiente de posguerra, un asesino y una mujer a la que la vida sonríe pero todo es una mentira. Seguro que el asesino es el marido.

Y empiezas a leer, a devorar este Lamia, esperando equivocarte para que no sea tan fácil (y no diré si me equivoqué o no). Y también esperas alguna subtrama vampírica, ya que la lamia es un personaje mitológico griego, la primera vampiro, la asusta niños y seductora de hombres… Y algo de eso hay, aunque sin vampirismos ni sexo.

Bien, y entonces…. ¿qué tenemos aquí? Un buen cómic, que no es poca cosa. Y además en un formato a lo grande y con un precio bastante majo.  Estamos en Barcelona, en 1943, como ya dije. La vida ha vuelto a la normalidad tras cuatro años del fin de la guerra. Eulalia, aunque le gusta más Laia, trabaja como guionista en el consultorio radiofónico de Radio Barcelona. Un consultorio bajo dominio del obispado y en el que el resto de guionistas son un puñado de viejas chapadas a la antigua, chismosas, envidiosas y recelosas de la joven y embarazada Laia, de 32 años.

Laia aparenta ser feliz, pero su marido la ha abandonado. Su vida es una farsa y nadie puede saberlo. Al obispado no le gustaría que una de sus trabajadores fuera una madre soltera porque daría mala imagen, ya ves. Estamos en aquellos tiempos, sí, en los que todo era apariencia, en los que las mujeres que escribían al consultorio se quejaban de que sus maridos les pegaban y las guionistas, como mejor consejo, les recomendaban no hacer nada que irritara a sus parejas, aguantarlos y que les complacieran en todo lo que pudieran, ya que el matrimonio era un lazo inquebrantable…  ¡Ay! ¡Si Laia pudiera…! ,¡les contestaría cosas bien diferentes!…

Laia contrata a un detective para que encuentre a su marido, pero el detective no puede ocuparse de su caso todo lo que debiera, cuando hay un asesino terrible haciendo de las suyas por la ciudad y hasta la policía reclama sus servicios.

Y esto, y no solo esto, es Lamia. Un cómic cojonudo en blanco y negro, con buen dibujo sencillo (tanto que en ocasiones recuerda a lo caricaturesco) y funcional, casi diría art-decó, y una trama negra dividida en dieciocho actos, con sorpresas y giros, que entusiasman desde la primera viñeta, que mantiene el tipo y te deja en suspense.

Es una lectura fresca y rápida que refleja fielmente  una época que, a pesar de no haberla vivido, la reconocemos con más facilidad de la que nos gustaría y de la que, por desgracia, todavía quedan algunos asquerosos vestigios.

Lamia absorbe al lector, tiene algo especial que no se explicar y no diré que es hipnótica aunque lo sea. Es imposible no ser arrastrado por ella,  como los cantos de sirena arrastraban a los marineros… Pensándolo bien, sí que hay algo de esa lamia mitológica…

A modo de curiosidad, recomiendo que busquéis “lamia” en Google porque aclarará bastante el porqué del título. Pero, mejor después de leerlo, no antes.

Una lectura indispensable para este año. Un cómic de los buenos.

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