Marcos Montes

Marcos Montes, de David Monteagudo

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Sabíamos que Fin no sería la única novela de David Monteagudo que veríamos publicada. Era normal que, después del indiscutible éxito de ésta, todas esas obras que el autor afirma tener escritas y a buen recaudo comenzasen a ver la luz. Su siguiente novela –que deberíamos llamar nouvelle– no tardó mucho en aparecer, poniendo de nuevo a Monteagudo en el punto de mira de críticos y, sobre todo, lectores impacientes. Y es que los que disfrutamos con Fin queríamos volver a tener entre manos esa prosa ligera que ya nos ofreció el escritor y con la que tan bien consiguió retratar el interior, bueno y malo, de las personas.
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Marcos Montes es el nombre del protagonista y título de esta nueva obra de la que pocas páginas hay que pasar para que empiece la acción; para que Marcos, trabajador de una mina, sea víctima junto a sus compañeros de un derrumbe que los somete en la más negra e inquietante oscuridad, una noche forzada que reinará hasta prácticamente la última línea. Así, la búsqueda de un resquicio por el que salir a la superficie antes de quedarse sin aire que respirar es el sustento lógico de toda la trama. Teniendo en cuenta esto y el argumento de su anterior novela, es claro que David Monteagudo gusta de agrupar a personas y ponerlas en situaciones límite para explotar unas reacciones que cuesta ver en el día a día. Sin embargo, en este caso y a diferencia de Fin, la historia se nos muestra a través de los únicos ojos de Marcos Montes. O más que ojos, pensamientos. De hecho, gran parte de la información que nos llega es a través del monólogo interior del protagonista. Su manera de pensar y actuar filtra de algún modo la nuestra. Es así cómo sabemos de la reacción de sus compañeros y él mismo ante el derrumbe, de las decisiones que toman y de prácticamente todo lo que acontece.
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En principio, todo eso y un buen dominio de la escritura ya es suficiente para una buena novela, ¿verdad? Sin embargo, el escritor va más allá y decide añadirle ese toque misterioso y del todo surrealista que tanto parece gustarle. Y lo hace justamente cuando el lector más sumergido está en la problemática del grupo, cuando más interés tiene en saber cómo va a resolverse todo; es ahí cuando Monteagudo desvía nuestra atención hacia algo nuevo e inesperado y que, precisamente por eso, ya nos desvela el final. Un tremendo error, a mi parecer, porque a partir de ese momento el interés que poco a poco había ido escalando puestos desciende en picado hasta números negativos, y eso que se sobreentiende que es esta parte la que el autor más quiere destacar, intentando otorgar, supongo, una segunda interpretación más ética y filosófica a la lectura.
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Pero lo cierto es que la aparición inapropiada del elemento fantástico es sólo la gota que colma el vaso. Monteagudo escribe bien y sabe cómo mantener al lector pegado al libro, eso nos lo demostró con creces en Fin, pero en esta obra no ha sabido darle el enfoque correcto, pese a tener, como les decía, una buena base. Ya de entrada el monólogo interior no convence: sencillamente, las personas no pensamos así, tan literariamente. Hay demasiada información para el lector en esos párrafos, demasiada información dicha (o pensada) que hubiese sido mucho mejor mostrar a través de escenas y diálogos. Para mí, es preferible “ver” que el colectivo está nervioso y asustado a que sea Marcos Montes el que me lo diga junto a su propia opinión crítica que no aporta demasiado al desarrollo de la trama.
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Tampoco he acabado de entender el motivo por el que Monteagudo cambia constantemente de tiempo verbal para referirse al mismo momento. Él, como narrador, debería hablarnos en pasado para contarnos la historia (cuando lo hace es cuando mejor fluye la narración) y utilizar sólo el presente para los diálogos y el ya mencionado monólogo interior. Sin embargo, el presente y el pasado se alternan en la misma voz sin aparente razón alguna, lo que sólo consigue confundir al lector y distanciarle de lo que realmente interesa, que es la historia.
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Así pues y desde mi punto de vista, Marcos Montes es, en definitiva, una novela que camufla un importante ejercicio de estilo y que, lejos de estar a la altura de su predecesora, se convertirá (o se convirtió, si es que ésta se concibió antes que Fin) en puro bagaje y experiencia adquirida para que David Monteagudo escriba como todos sabemos que es capaz de hacer.
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“El desplome había sido rápido y extrañamente silencioso. Así era, al fin, lo que tantas veces había temido e imaginado: un aturdimiento, una presión inhumana sobre el tórax, una boca llena de polvo, una garganta que ni siquiera tiene espacio para toser, un dolor lacerante en una pierna. No podía respirar, no podía moverse.”
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Judit Rodríguez ( judit@librosyliteratura.es )

 

6 comentarios en «Marcos Montes»

  1. Judit, no puedo menos que felicitarte por tu reseña; cuando uno lee varios párrafos que al principio le parecían más y termina dándose cuenta que ya terminó, es porque el texto está bien escrito. Es tu caso. El libro, que al principio quería ir a comprarlo, fue dejándome de gustar, al creer en tu reseña; sin embargo, lo bien explicada que está la “parte mala” del libro hace que me interese leerlo para detectar ese momento y decir:

    A) Judit tenía razón
    B) Judit está equivocada.

    Te mando un saludo,
    Roberto

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  2. Hola Judit.
    No conocía a este autor, pero me has despertado muchísima curiosidad, sobre todo hacia esa primera novela, ‘Fin’, de la que confieso nunca había oído hablar…

    Un saludo!

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  3. ¿Sabes qué, Roberto? Que ojalá lo hagas. Me gustaría que leyeses el libro (no te llevará más de un par de horas) y que después te pasaras por aquí a comentar tus impresiones. Lo que yo digo en la reseña es, por supuesto, una visión totalmente subjetiva y me gustaría saber qué es lo que pensáis los demás. Porque lo mismo resulta que esa “parte mala” es la “parte buena”…

    Muchas gracias por tu comentario y más gracias aún por tus palabras que me halagan.

    Un saludo,

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  4. ¡Hola, Iván!

    No es raro que no conozcas a este autor (hace poco más de un año era totalmente un desconocido), pero sí lo es que no hayas leído o escuchado hablar de él. Su novela “Fin” estuvo un tiempo en los primeros puestos de los libros (supuestamente) mejor vendidos, y críticas de ellas aparecieron en todas partes como champiñones, LyL incluído.

    Aún no conozco mucho tus gustos literarios, pero por lo que vas publicando me voy haciendo a una idea poco a poco, y puede que “Fin” no sea el tipo de libro que acostumbras a leer, pero de todos modos te lo recomiendo. A mí me gustó mucho, la verdad. No recuerdo pasar las páginas.

    Un saludo, Iván, y gracias por comentar.

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  5. Tienes razón, Judit.

    ‘Googleando’ un poco me he dado cuenta de que había visto una entrevista con el autor en un programa de la 2 hace unos meses, pero había olvidado su nombre… Recuerdo que me llamó más la atención el propio Monteagudo que el argumento de su novela, pero la tendré en cuenta de todos modos.

    Un saludo!

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  6. Judit, veo que estas leyendo El palacio de la luna, espero ansioso tu reseña, porque yo lo estuve leyendo y no lo pude terminar; me estaba gustando mucho pero no pude superar la parte de la historia del viejo, se me hizo muy cuesta arriba…saludos!

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