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Me Llamo Lucy Barton, de Elizabeth Strout y Flora Casas Vaca

me llamo lucy barton

me llamo lucy bartonVivimos al fondo de unos ojos. Una mirada que son un reflejo nuestro. Que a veces nos dan significado, otras en cambio nos lo quita, pero que siempre nos dicen algo aunque nosotros lo único que queramos es ese silencio que se agolpa en la garganta y que deja todo en suspenso. La mirada, esos ojos de una madre, el cuerpo que nos ha dado la vida, que nos acompaña en momentos que no hubiéramos creído nunca posibles, pero también hacedoras de tragedias y dramas, de palabras que no se entienden o incluso de amores destinados al fracaso. La relación madre – hija, en la literatura, siempre ha tenido un peso específico, ha sido motivo para escribir grande y no tan grandes novelas, uno de esos temas tan universales que, como el amor, casi todo el mundo ha vivido en sus carnes. Me llamo Lucy Barton es, por tanto, la historia de la protagonista de esta novela, pero también lo es de la relación que dos cuerpos conservan durante cinco días y cinco noches y de todos aquellos silencios que permanecieron entre las sábanas de una casa llena de ruido y que ahora se transforma en un sonido hueco, como si la respiración se cortara, cuando es el miedo y la desconfianza la que ha ganado la batalla al cariño. Vivimos, decía, al fondo de unos ojos. Que nos miran, nos juzgan, nos reconocen y nos dan una integridad dentro del caos que gobierna la realidad. Unos ojos que ya no serán lo que fueron, pero que seguirán allá donde vayamos.

Uno nunca sabe las razones que hacen que un libro le guste. A veces es el autor, otras la temática, otras la confianza ciega en la editorial, o quizás sea simplemente un momento vital, una palabra que, leída en la sinopsis, hace que un resorte salte y ese libro le diga algo que esperaba encontrar desde hace mucho tiempo. Me llamo Lucy Barton habla de la vida, así en general y sin ser nada específicos, porque al fin y al cabo las relaciones que mantenemos con lo que nos rodea es siempre un motivo suficiente para mostrarse en un argumento. Pero también es la historia de dos silencios que se mantuvieron durante demasiado tiempo. Cierto es que lo que nos cuenta Elizabeth Strout en esta novela es el encuentro entre dos personas, pero será en sus conversaciones – y en los pensamientos que se entrecruzan en sus diálogos – donde residirá la importancia de verse y reflejarse en un cuerpo que hace mucho tiempo nos dio la vida. Y por extensión, y que es uno de esos elementos que a mí más me ha gustado en la obra, la reconstrucción de toda una época, de una ciudad, de un contexto social como es el del sida, el de la caída de las Torres Gemelas, la de las calles que hervían con los gritos de la gente, con la necesidad de hacer valer unos derechos, como si fuera un paseo por nuestra verdad y nuestra mentira. No hay que olvidar que la sociedad se ha regido siempre por esa mezcla entre falacia y verdad para poder sobrevivir.

Pero si de algo se alimenta a la perfección Me llamo Lucy Barton es de navegar entre las aguas de la desconfianza y del apego, del cariño y la desesperación, de la introversión y la locura, mientras Elizabeth Strout nos presenta un cuadro, pequeño en sus dimensiones pero con mucho más análisis del que pueda parecer a simple vista, en el que nos perdemos casi sin darnos cuenta. ¿Una humilde opinión? Quizás esperaba un poco más de drama, de menos contención en sus formas, aunque es sobre todo en su parte final donde la autora consigue recoger aquellos fragmentos que habían quedado desperdigados por el suelo para intentar recomponer lo que ya llevaba roto tantos años. Porque no hay que olvidar que las relaciones, la familia, los engranajes que hacen que la misma sangre se una y se aleje como si fueran polos opuestos e iguales a la vez, son tan complicadas que sería imposible explicarlas en toda su esencia. Se escribirán muchas más historias sobre el mismo tema. Sin embargo, me quedo con aquello que es un ejemplo de lo que nos vamos a encontrar en este libro y que resume a la perfección lo que no nos decimos a nosotros mismos, ni a los demás:

¡Te quiero, mami!, grité (…) No hubo respuesta, ni ningún ruido. Me digo una y otra vez que me oyó. Me digo, me he dicho lo mismo muchas veces.

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Un comentario en “Me Llamo Lucy Barton, de Elizabeth Strout y Flora Casas Vaca

  1. hola…me encanta la escritura pero solo soy una niña de 12 años me gusta mucho le que escribiste de la manera en que lo expresaste en la manera de la que pude entender esta escritura me encantaria que por favor me pases los datos para escribir en esta pagina por favor…..

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