Moscoviada

Moscoviada, de Yuri Andrujovich

moscoviada - yuri andrujovich

 

El periplo de un irónico y deslenguado aspirante a poeta por las calles de Moscú es, en realidad, una alocada alegoría del desmembramiento de la Unión Soviética.

Vives en el séptimo piso, de las paredes de tu habitación cuelgan grabados de cosacos y de activistas de la República Popular de Ucrania Occidental (ZUNR).”  (Así, con esa manera tan directa de narrar, en presente y en segunda persona, nos empuja Yuri Andrujovich dentro de su frenética y etílica Moscoviada.)  “Por la ventana puedes ver los tejados moscovitas y unas tristes alamedas; no puedes ver la torre Ostánkino: se ve desde las habitaciones del otro lado del pasillo, pero su proximidad se siente a cada momento; irradia algo soporífero, virus de indolencia y apatía, por eso te cuesta despertarte por la mañana.”

Buen intento, Otto, pero se me ocurren excusas mejores para justificar que últimamente –desde que te concedieron la beca y viniste a Moscú a estudiar literatura y darte a conocer como poeta– cada vez te cuesta más levantarte.  En todo caso, estoy seguro de que hoy, a medida que avanzaba la jornada y el mundo se desmorona a tu alrededor, has encontrado razones más poderosas que ésa para haberte quedado en la cama.

Y eso que el día ha comenzado pasablemente bien: sábado, una resaca soportable y ¡milagro! agua caliente en las duchas comunes del Instituto Gorki, esa ruinosa e inmunda colmena donde aspirantes a literato procedentes de todas las repúblicas de la Unión Soviética –del Imperio, como te gusta llamarla– dedican sus días a cualquier actividad imaginable, menos a la escritura.

 

La verdad es que el día prometía.  ¡Si hasta tenías planes, para variar!  Planes que no incluyen ponerte a escribir, eso no: llevas meses sin coger el lápiz, sin crear un solo verso.  Y es natural, en este ambiente…  Si no te hubieras marchado de Ucrania, de tu tierra, a estas alturas ya te podrías haber convertido en una promesa de la poesía eslava; pero estás aquí, en el corazón podrido del Imperio, y seguramente lo que te sucede es lo que te mereces.

En fin, tenías planes: reunirte con Kyrylo para terminar de montar el primer número de la revista, visitar a Galia, recién llegada del Este, comprar unos regalos para los hijos de unos amigos…  Hasta que han llegado esos golfos de Yura, Arnold y Roitman, tus compañeros, y ellos también tienen planes, sólo que los suyos comienzan por la cervecería de la calle Fonvizin.  Y tú, cretino, eres incapaz de negarte.

 


A partir de ahí acompañaremos a Otto (seremos el propio Otto) bajo la incesante lluvia de marzo en su periplo por las calles del Moscú de principios de los noventa, en pleno desmoronamiento de la Unión Soviética: desde el Instituto Gorki y la cervecería Fonvizin hasta las cuarteles secretos de la KGB en las alcantarillas de Moscú, amenizando el trayecto con generosas raciones de alcohol, conspiraciones, sexo, atentados terroristas, miseria, literatura, nacionalismo y frío, mucho frío.  Un recorrido etílico y esperpéntico que por momentos nos recuerda a Luces de bohemia; sólo que Otto von F., nuestro Max Estrella ucraniano, en lugar de ser un viejo poeta acabado y ciego es un joven poeta alcohólico y deslenguado, inclinado hacia los modos de vida menos edificantes, fervoroso practicante de una corrosiva incorrección política, aunque igualmente acabado.  El esperpento de Valle-Inclán y Moscoviadacomparten algo más que el descenso a los infiernos en un solo día de un literato; ambas contienen una lúcida y descarnada crítica de los sistemas políticos que tuvieron que sufrir sus autores y de la estupidez y la intransigencia de los poderosos, que parece ser inalterable con el tiempo.

 

Como el tema puede resultar dramático, Andrujovich emplea ingentes cantidades de humor –un humor ácido y sarcástico– para restarle crudeza a lo que cuenta: es uno de esos tipos que, aunque esté resuelto a denunciar toda la podredumbre que ve a su alrededor, no quiere amargarle el día a nadie.  Pero por mucho perfume que vierta sobre el cadáver del Imperio, es imposible disimular que lleva ya mucho tiempo descomponiéndose.

Al comenzar la lectura, da la sensación que Moscoviada es uno de esos libros en los que el autor pretende caracterizar su época y su entorno por el método de retratar a todos los tipos de personas que han conocido en su vida: la abultada nómina de personajes que pueblan el Instituto Gorki primero y las populosas calles de Moscú después, forman un mosaico que reproduce el puzle étnico y social de la Unión Soviética.  Aunque teniendo en cuenta lo irreverente que es la pluma de Andrujovich, más que de un artístico mosaico deberíamos hablar de un graffiti en la puerta de un retrete público, en el que la sabiduría popular se expresa por medio de pintadas obscenas y frases insultantes.

Pero a medida que la novela y el día avanzan y el nivel de vodka sube en el cuerpo de Otto, Yuri Andrujovich se va alejando del realismo social –aunque se trate de un realismo social muy particular, distinto del que solemos encontrar en otros autores– y la narración adquiriere tonos cada vez más extraños y oníricos; los sucesos se vuelven progresivamente más simbólicos y el fresco costumbrista con el que comenzaba Moscoviada se transfigura en un retablo de El Bosco.

 


 

Es importante poner Moscoviada en su contexto histórico.  A finales de los ochenta comenzaron en Rusia y en Ucrania, entre otras repúblicas soviéticas, las manifestaciones contra el sistema comunista.  Coincidiendo con el inicio de las protestas, en 1990, Yuri Andrujovich viajó a Moscú, como el protagonista de su libro, para ingresar en el Instituto Gorki de Literatura.  En ese momento la capital rusa era “el centro del imperio, y al mismo tiempo era el centro de su desmoronamiento”.

Junto con los primeros síntomas de descomposición de la URSS, comenzaron a hacerse visibles también los del “síndrome imperial ruso”, un movimiento social y político nostálgico de los tiempos gloriosos de la Unión Soviética, e incluso del zarismo, que en realidad no era más que un movimiento involucionista de corte autoritario y ultranacionalista.

El fracaso del golpe de estado contra el “débil” Gorbachov precipitó el final del antiguo régimen, aceleró el desmembramiento de la URSS y borró del mapa político a los “salvadores” del imperio.

Andrujovich había abandonado Moscú poco antes y vivió este proceso desde fuera, pero con gran preocupación y angustia.  Con Moscoviada no sólo pretendió reflejar el ambiente de la ciudad que acababa de abandonar, sino que también quiso exorcizar esos ominosos fantasmas imperiales con la esperanza de que así desaparecerían para siempre.

Sin embargo, hoy basta con leer los periódicos para comprobar que esos fantasmas están más vivos y son más poderosos y terribles que nunca y que los maquiavélicos y delirantes planes que trazaban ante la mirada atónita de Otto en sus guaridas subterráneas, como si de villanos de cómic se tratase, quizá eran algo más que los delirios etílicos de un pobre poeta ucraniano.

 


 

Si Andrujovich se hubiera limitado a describir el ambiente en el que se produjo el derrumbe del Imperio, Moscoviada ya hubiera sido un libro recomendable gracias a la lucidez con la que escribe.  Pero el autor quiso ir mucho más allá, renunció a la dignidad de cronista y, armado con su ironía y su desparpajo, prefirió convertirse en un bufón de la corte y señalar con el dedo, sin que nadie se ponga de acuerdo en si lo hace en serio o en broma, a los personajes más siniestros y amenazadores de palacio.  Y hay que reconocerle el mérito, porque lo que el autor perdió en seriedad, lo ganó su obra en interés.

Javier BR
javierbr@librosyliteratura.es

 

3 comentarios en «Moscoviada»

  1. Aunque al principio me costó seguir tu reseña, finalmente todo fue claro y con un alto nivel, lo que convierte a tu escrito en uno digno de ser leído; la verdad es que el libro me atrae como una posibilidad de aprender más sobre esa época histórica; y si a eso le sumas esto…

    “Como el tema puede resultar dramático, Andrujovich emplea ingentes cantidades de humor –un humor ácido y sarcástico– para restarle crudeza a lo que cuenta: es uno de esos tipos que, aunque esté resuelto a denunciar toda la podredumbre que ve a su alrededor, no quiere amargarle el día a nadie”

    … logra que definitivamente me den ganas de leerlo.

    ¡Gracias por la recomendación!

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  2. Bueno, intenté emular el estilo en que está escrita “Moscoviada” y quizá no fue un acierto; carezco de las dotes necesarias. Espero al menos haber transmitido el mensaje de que es una novela interesante tanto por ofrecer una visión muy personal y desde dentro de un momento histórico crucial (no esperes datos ni fechas; sólo hay imágenes) como por su estilo caústico y dinámico.

    Gracias por comentar, Roberto.

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  3. Javier! Para nada estuviste equivocado! Es más, me di cuenta que buscaste (y lograste) seguir el estilo, es más, me hizo reír como comienzas con ese “Buen intento, Otto, pero…” La reseña está genial, el problema fue mio por liarme un poco al principio; al leerlo por segunda vez, es un texto muy fácil de leer, sin que eso signifique que sea un texto mal escrito, sino todo lo contrario; ver JavierBR antes de leer una reseña es sinónimo de que me la voy a pasar bien leyendo! saludos!

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