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Prosa

Prosa, de Anna Ajmátova

Anna Ajmátova fue una poeta capaz de decir cosas como  Dotado de una infancia eterna,/iluminado con perspicacia y generosidad,/la tierra entera ha sido su herencia,/y la ha compartido con todos, y a la que le prohibieron decirlas. O al menos publicarlas. Y esos versos en los que hablaba de Pasternak bien podían haber hablado de ella porque no se me ocurre una definición más afortunada de la poesía que esos dos últimos versos: la tierra entera ha sido su herencia y la ha compartido con todos. A Anna Ajmátova trataron de impedirle que compartiera su herencia y ella se refugió en la prosa, en la erudición, y escribió sobre sí misma y sobre otros, fundamentalmente sobre Gumiliov y los acmeístas y Pushkin, y es ese trabajo, al menos el que sobrevivió a las llamas que quemaron su trabajo tratando de quemar su dolor por la detención de su hijo, el que Nevsky tan felizmente nos propone.

A Anna Ajmátova le dijo María Shaginián: eres una cosa extraña e importante: han hecho un decreto especial sobre ti: no arrestar, pero tampoco imprimir. Resulta extraño reflexionar sobre Stalin y los poetas: les temía y por eso trató de silenciarlos a veces con el Gulag, otras con la muerte y muchas con el ostracismo, por alguna razón los consideraba poderosos y no sé si eso le convierte en un ignorante atroz o en alguien de gran perspicacia e inteligencia, lo que en todo caso es interesante por lo que se refiere a la poesía, no a él.

Y en la habitación del poeta
Por turnos montan guardia el miedo y la Musa,
Y avanza una noche
Que no sabe de amaneceres

A Anna Ajmátova, según decía ella misma, los poemas le venían a todas horas, pero como siempre los alejaba de sí hasta que escuchara un verso que sonara a verdad. Y los escuchaba, y los escribía, y cuando dejo de poder imprimirlos les cambió la forma y los convirtió en prosa, pero no de forma evidente, sino emboscados entre otras frases casi diría que descuidadas, sin especial brillantez, como si quisiera que nosotros siguiéramos su ejemplo y alejásemos de nosotros lo que no sonara a verdad y así identificásemos esos momentos en que la prosa es música y el verso nos toma al asalto y sacude nuestra alma… todo el mundo sabe que hay gente que siente la primavera en navidad. Hoy he pensado que la sentía, aunque el invierno no ha hecho acto de presencia todavía. Hay tantas maravillas conectadas a esto, que temo echarlo todo a perder si se lo cuento a alguien.

A Anna Ajmátova le pasaba como a Rousseau, “miento sólo cuando no puedo recordar”, y tenía buena memoria, de forma que sus textos rebosan verdad. Lo hacen, como buena poeta, cuando hablan de sí misma, pero lo hacen también de forma bien distinta aunque no menos sincera cuando son trabajos de investigación. Asombra la profundidad de su conocimiento de Pushkin, su descenso al detalle más insignificante y su capacidad para relacionarlo con un todo coherente y sacar las conclusiones oportunas. Su erudición sobre Pushkin aturde por momentos, creo haber leído la mayor parte de los textos que cita y aun así en manos de Ajmátova me resultan un mundo nuevo. Tal vez porque yo sólo los he leído mientras que Ajmátova vivió en ellos, se refugió en los versos de Pushkin mientras no pudo vivir en los suyos propios y Pushkin fue tanto su casa como lo fueron las de la Fontanka o Tsarskoié Seló.

A Anna Ajmátova le permitieron recobrar al final su voz, su poesía, pero ya no escribía para los demás, abrió sus propios caminos y no son sendas fáciles de recorrer, o al menos no lo parece cuando ella misma las describe en la parte final de esta Prosa desordenada o lo que es lo mismo, ordenada de la única forma posible. Ella explicaba el mayor éxito de las primeras obras de los poetas diciendo que no es que la poesía no evoluciona, sino que el lector no lo hace al ritmo del poeta. No lo sé, no sé si es así o al menos no sé si es así siempre, pero en su caso, independientemente de lo mucho o lo poco que uno pueda identificarse con lo que escribe o por muy críptica que pueda resultarle parte de su obra, no queda como lector más alternativa que rendirse a la terrible fuerza que se esconde tras sus palabras, de la belleza, la tristeza y el saber que viven en ellas y que no pueden evitar asomarse a la ventana generalmente por sorpresa.

A Anna Ajmátova la ha prologado en esta Prosa Luna Miguel, otra poeta, y créanme, una vez leído no creo en otro prólogo posible para ella. Hay prosa que sólo se entiende desde la poesía y seguramente para escribir un brillante prólogo como este sea necesario ser poeta, afortunadamente para disfrutar el libro sólo es necesario algo no tan frecuente ni tan sencillo como parece, ser lector.

Temo que todo lo que escriba aquí pertenezca al género sombrío[…], esto es, que nada de esto exista. Y cuanta más gente alabe este murmullo delgado menos lo creo. Esto ocurre porque yo misma veo y escucho tanto detrás de mis palabras, que el susurro las borra por completo.

Andrés Barrero
 andres@librosyliteratura.es

 

Título: Prosa
Autora: Anna Ajmátova
Traducción: Vladímir Aly, Amría García Barris, Marta Sánchez-Nieves y Joaquín Torquemada Sánchez
Editorial: Nevsky Prospects
Páginas: 508
Fecha primera edición: 2012
ISBN: 978-84-939358-3-2

 

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