
Nada es crucial, de Pablo Gutiérrez





Normalmente dejo pasar algún tiempo antes de hacer una reseña, ya que creo que la lectura debo reposarla para saber el efecto real y el poso que ha dejado en mí. No será así en esta ocasión, y apenas terminada de leer su última página, inicio lo que ahora ustedes están leyendo.
Allan es un niño de once años que nos cuenta el día a día de su familia, una familia que vive en un pueblo de Dinamarca, y que por el contexto podemos intuir que nos sitúa al final de los años sesenta o inicio de los setenta.
Su vida no es fácil y debe hacer uso de toda su astucia para que su padre esté contento, ya que sólo así, cree él, la familia permanecerá unida. Claro que lo que más feliz hace a su padre es recitar discursos en los funerales, pues su padre tiene, como dice Allan, “el don de la palabra” y sus emotivas intervenciones arrancan las lágrimas de todos los asistentes. El niño se siente protegido por sus dos ídolos: Tarzán y San Gabriel.
Y visto así hasta podría incluso tener cierta gracia la historia, pero nada más lejos de la realidad; y si esta historia sobrecogedora la cuenta un niño, es porque de no ser así, sería insufrible y tremendamente dolorosa; y sinceramente, tampoco creo que el autor haya intentado hacer una novela de humor negro, pues la sonrisa se me quedaba inmediatamente congelada ante la visión de la realidad que tenía este niño y la normalidad con la que nos cuenta todo lo que escucha y ve. Y es que él pensaba, como lo hemos hecho todos en nuestra infancia, que nuestra familia es la normal y que las demás son las raras, las distintas.
Una novela con la que ni he reído ni he llorado, una historia que me empujaba hacía adelante con ansiedad, con rabia; que me hacía reflexionar de forma inconsciente al finalizar cada uno de los capítulos, y en la que el autor me deja leer entre líneas tanto o más de lo que me cuenta.
Sigue leyendo el arte de llorar a coro