
Patrimonio. Una historia verdadera, de Philip Roth
Philip Roth abandona sus habituales alter egos para hablarnos de un personaje a la vez tan real y tan cercano: su padre. Y lo hace sin ningún tipo de disfraz, a cara descubierta.
Hace ya una semana que he terminado Patrimonio. Es un libro duro, emotivo, escrito con una franqueza afilada, y no quería dejarme llevar por una primera impresión demasiado influenciada por los sentimientos. Necesitaba un tiempo de reflexión antes de ponerme a escribir sobre él. No sé a vosotros, pero a mí me sucede a menudo que las emociones menguan un tanto con el reposo: uno sale del cine, o cierra las páginas de un libro, y el cabo de un par de días se da cuenta de que el entusiasmo inicial no daba para tanto, y que el tiempo licuará su recuerdo junto a tantos otros diluidos en la memoria. No es el caso; el poso que deja esta lectura dista mucho de estar compuesto con la materia de la que están hechos los sueños, es más bien un humus de pura vida, un testimonio que abruma y reconforta e inevitablemente se agarra con fuerza al estómago.