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Un mundo aparte

Un mundo aparte

Un mundo aparte, Gustav Herling-Grudzinski

Un mundo aparte
Numerosos ejemplos me han convencido de que el hombre es humano en condiciones humanas y considero que uno de los despropósitos más espantosos de nuestros tiempos es intentar juzgarlo a partir de actos cometidos en condiciones inhumanas.

Gustav Herling Grudzinski nos trae en “Un mundo aparte” el testimonio de su vida en el campo de trabajo de Yértsevo, y con ello no sólo nos hace partícipes, en la escasa medida de lo que eso es posible teniendo en cuenta las circunstancias, de su experiencia, sino que nos regala un prodigioso ensayo sobre el dolor, el que el ser humano puede ser capaz de soportar llegado el caso, pero también el que puede llegar a ser capaz de infligir. Y créanme, por mucho que uno se documente sobre el tema es extraordinariamente difícil decidir cual de los dos es más sorprendente e inconcebible.

Los pocos minutos que los habitantes de los barracones pasaban remoloneando en sus camastros después de diana constituían una especie de oración matutina de los presos, oración que invariablemente empezaba con tacos y terminaba con una expresión que se había vuelto canónica: «Eh, esto no es vida». Repetido todos los días en todos los camastros -llegaba de izquierda a derecha, de arriba y de abajo-, acabó convirtiéndose para mí en una especie de desgarradora queja que contenía todo lo que un preso sabía y podía decir sobre su muerte en vida. En otros países y en otras condiciones, el lugar de ese breve grito de desesperación lo ocupa una oración verdadera o la condonación de un día de condena; es más que comprensible que la persona privada de todo menos de la esperanza empiece el día dirigiendo precisamente a ella sus primeros ruegos y pensamientos. Pero ¿cómo podían hacerlo personas privadas incluso de la esperanza?Ante todo es un libro sincero, la lúcida mirada de Gudzinski se dirige a sus captores con la misma sensibilidad e inteligencia que a sus compañeros de cautiverio o a sí mismo, y no es una mirada ni revanchista ni condescendiente, es simplemente una mirada humana, precisamente la característica de la que adolecían los campos que retrata de forma tan hermosa como dolorosa. No se centra el autor tanto en el aspecto historiográfico del relato como en el humano, lo que realmente le interesa y consigue que le interese igualmente al lector, es el aspecto psicológico, la degradación personal de unos y otros, el abismo sin fondo por el que discurren en caída libre los sentimientos que en condiciones normales caracterizan a los humanos como tales. No es casualidad que los Apuntes de la casa muerta, (o de la casa de los muertos, según ediciones) de Dostoievski tengan tanto peso en esta obra.

Pasábamos uno al lado de otro sin decirnos nada, como los habitantes de una ciudad apestada. Si de repente rompía el silencio un grito desgarrador, era señal de que a alguien le habían arrebatado su sopa.
Y así día tras día, semana tras semana, mes tras mes, año tras año, sin alegría, sin esperanza, sin vida.

Stalin sostenía que era preferible mantener a 5000 inocentes en prisión antes que dejar a un culpable en la calle, y no cabe duda que la proporción la rebasó con creces, pero no es eso lo que más sorprende de los campos del GULAG, no es la inconcebible cantidad de personas que fueron a parar allí que no eran culpables de los delitos de los que se les acusaba, lo verdaderamente trágico es la cantidad de gente que, muriera o no, dejó su vida en los campos por el mero hecho de ser culpables de unos delitos que bajo ningún prisma racional en ningún otro lugar o en otro tiempo nadie habría considerado no ya dignos de ser calificados como delito, sino simplemente merecedores del menor reproche moral.

Así y todo, probablemente lo más desgarrador de los campos no sean las infrahumanas condiciones de vida de los presos, lo incomprensible de los motivos por los que fueron a parar allí ni las ni las terroríficas estadísticas de mortalidad. En todo eso la humanidad está curada de espanto con los campos de exterminio nazis. Lo que hace tan dolorosa la evidencia del GULAG es precisamente eso, que no eran campos de exterminio sino una actividad económica de gran importancia perfectamente planificada en la que la vida y la muerte, la alimentación, la atención sanitaria, en definitiva todo lo que afectaba a los reclusos eran actividades perfectamente regladas y estructuradas. Quienes se autodenominaron paraíso del proletariado maquinaron el más frío, cruel y extremo sistema de explotación del que se tenga noticia.Sin embargo, presiente que, si desea salvar el hilo que lo une con esos tiempos remotos en que él era distinto, tiene que hallar en su interior, a cualquier precio, piedad por sus compañeros en desgracia, compasión por el sufrimiento ajeno, la única demostración de que, aun transformado, no ha dejado de ser una persona. «¿Acaso se puede vivir sin piedad?», se pregunta por las noches mientras da vueltas en el camastro y se frota, inquieto, la frente, como si intentase recordar si tiempo ha, al saber de una desgracia ajena le embargaba el mismo sentimiento de dolorosa indiferencia que le embarga ahora, cuando ha nacido por segunda vez. ¿Acaso se puede vivir sin piedad?
El campo le enseñará que sí se puede.

Queda dicho que este libro es deudor en gran medida de Dostoievski, pero no se puede reseñar una obra como esta sin hacer alguna referencia a la extensa literatura que trata el mismo tema. Tal vez esta obra no haya sido lo suficientemente reconocida por el hecho de la nacionalidad polaca de su autor, sin embargo es una obra que, según dijo Albert Camus, debería ser publicado y leído en todo el mundo tanto por lo que es como por lo que dice. Es cierto, no podemos olvidar que a día de hoy, principalmente gracias a Solzhenitsin, ya no existe la ceguera voluntaria que en occidente permitía ocultar los hechos que el libro denuncia, pero esta no es sólo una obra de denuncia, no está en el ánimo de Grudzinski ejercer de notario de todo el GULAG como lo estaba en el Archipiélago de Solzhenitsin, como tampoco lo está construir una ficción literaria como en Un día en la vida de Iván Denisovitch, la imprescindible obra de este último autor. Tampoco pretende escribir un diario o unas memorias, como Evguenia Ginzburg en El vértigo, ni un ensayo historiográfico como Orlando Figes en Los que susurran, Gustav Herling-Grudzinski contruye una obra literaria prodigiosamente bien escrita y de una indubitable sinceridad: no disecciona el GULAG sino que cuenta su experiencia y la de aquellos sobre los que puede dar fe, y tal vez por eso es tan efectiva, su perspectiva personal pero lúcida y objetiva es su gran mérito porque de sus páginas no se desprende otra cosa que una sinceridad tan absoluta que uno no concibe que esté ante algo diferente de la verdad, una verdad tan abrumadora que se sitúa por encima de ideologías, creencias o compromisos personales, algo que sólo, o casi, está al alcance de la gran literatura.

 

Andrés Barrero
andres@librosyliteratura.es

5 comentarios en “Un mundo aparte

  1. Qué ganas tengo de que este libro llegue a mi biblioteca. Todo lo que tenga que ver con esa época me fascina. Como señalas en tu excelente entrada, parece que este libro es completamente diferente de otros libros sobre el gulag. Al de Orlando Figes, desolador de principio a fin y absolutamente inolvidable, o al clásico de Solzhenitsin, me permito añadir los Relatos de Kolimá, de Shalámov, recientemente editados por Minúscula, si no me equivoco, y que son una maravilla.
    Apuntas que lo verdaderamente trágico de aquella monstruosidad fueron los “delitos” de los que se acusaba a esas personas. Yo me atrevería a ir más lejos y señalar que lo que resulta absolutamente inconcebible es la cantidad de personas que no sabían cuál había sido su delito, pero que aceptaban su castigo, convencidos de que si el Partido les había condenado, algo habrían hecho.
    Lamentablemente, existe una corriente de negacionismo del gulag, tan intolerable, a mi juicio, como la de la Shoah.
    Un saludo.

  2. Gracias por tu comentario, lo cierto es que tengo unas ganas terribles de leer los Relatos de Kolimá, de los que también tengo magníficas referencias. Respecto a tu comentario no puedo sino darte la razón en todos sus aspectos.
    Gracias y un abrazo

  3. Tengo que reconocer que no conocía al autor, pero después de una entrada tan buena, apuntadísimo tengo el título, que el tema, a pesar de su dureza, me atrae mucho.
    Besotes!!!

  4. La literatura sobre el gulag es tan abundante como escasa la crítica que se ha hecho de él (en relación a la magnitud de la atrocidad). Por tu reseña parece que este es uno de los libros más interesantes, por humano, que se han escrito sobre el tema.
    Sobre la aceptación del castigo por parte de los condenados que comentaba el niño vampiro, os dejo una cita de “Todo fluye”, de Grossman.
    -Cuando se tala el bosque, las astillas vuelan, pero la verdad del Partido es siempre la verdad, y está por encima de mi desgracia.
    -Precisamente en eso consiste la desgracia: ¿para qué talar el bosque?

  5. Gracias, Margarita y Javier, por vuestros comentarios. Para quienes se interesen por el tema es un libro de gran interés por su calidad historiográfica, y para quienes no se interesen sigue siendo de gran interés por su calidad literaria. Y gracias por traer a Grossman, uno de los grandes, a estos comentarios. Nunca agradeceremos lo suficiente a autores como él o el resto de los señalados por convertir los restos del bosque talado en obras tan hermosas como elocuentes.
    Un abrazo,

    Andrés

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