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Un rey sin diversión

Un rey sin diversión

Un rey sin diversión, de Jean Giono

Un rey sin diversión

Un “thriller poético-metafísico” en el que el crimen se resuelve muy pronto y, sin embargo, los misterios permanecen velados después de concluida la lectura.

Cuando leo un libro siempre trato de informarme acerca de la biografía de un autor o de la época o el ambiente en el que vivió y trabajó; en la mayoría de los casos se trata de simple curiosidad pero en otros, como sucede con Jean Giono, puede  llegar a ser muy esclarecedor, pues su experiencia vital y los paisajes de su infancia están presentes en cada rincón de sus textos.

Jean Giono nació en Manosque, enla Alta Provenza, en 1895, en el seno de una familia muy humilde, tanto que solo pudieron dejarle en herencia el idealismo soñador y utópico de un padre anarquista y el amor por las cosas sencillas de una madre abnegada y trabajadora.

En 1915 vivió el horror indescriptible de las trincheras de Verdún y, al finalizar el conflicto, se convirtió en un activista de la paz conmovido, como tantos otros contemporáneos, por la traumática experiencia: “Nadie nos consolará de aquella guerra”, afirmaba.

Pronto se hizo evidente que no iba a ser fácil acabar con las guerras y en el 39, a pesar de sus convicciones, se alistó de nuevo, pero fue detenido por su militancia pacifista y desmovilizado.  Como no pudo combatir a los alemanes, terminada la guerra le detuvieron de nuevo, esta vez acusado de colaboracionismo con el régimen de Vichy —él, que había arriesgado su vida ayudando a judíos huidos y cuya obra había sido prohibida por los nazis— y fue expulsado del Comité Nacional de Escritores, lo que en la práctica equivalía a la prohibición de publicar.

Tanta sinrazón marcó la personalidad de Giono, el “pesimista feliz”, como le gustaba calificarse, y su obra.  Un rey sin diversión está escrita precisamente en 1946, un año antes de ser rehabilitado.  En aquel momento, sintiendo que su vida y su carrera están en un callejón sin salida, decide apartarse del lirismo de las novelas que ha escrito hasta el momento e iniciar una serie de obras más elaboradas y simbólicas: las Crónicas, de las que Un rey sin diversión es la primera.

En un remoto pueblo de la región de Trièves, en los Alpes franceses, enterrado bajo la nieve de un invierno feroz, comienzan a suceder misteriosos y truculentos acontecimientos.  Los aldeanos, aterrorizados por las desapariciones, piden ayuda a las autoridades y un extraño individuo, el policía Langlois, llega al pueblo para encontrar al culpable de los crímenes.

Así comienza este “thriller poético-metafísico” (en palabras de Isabel Núñez, traductora y autora de la brillante introducción del libro), una singular historia en la que el crimen se resuelve muy pronto y, sin embargo, los misterios permanecen velados después de concluida la lectura.

La narración continúa por caminos tortuosos e imprevisibles como las veredas de los bosques de Trièves: el enigmático y fascinante Langlois llega para resolver una serie de crímenes y termina quedándose a vivir en la aldea, convirtiéndose en el eje de la vida del pueblo; admirado y temido por todos, termina siendo un “rey sin diversión” como el que describió Pascal en sus Pensamientos,:

Que dejen a un rey solo, sin ninguna satisfacción de los sentidos, sin ningún cuidado del espíritu, sin compañías y sin diversiones, pensar solo ociosamente y se verá que un rey sin diversión es un hombre lleno de miserias.

La historia de Langlois, narrada por múltiples voces y desde distintas épocas, es la del pueblo entero, la de toda la región.  No es él, sin embargo, el protagonista auténtico de Un rey sin diversión: el personaje principal de este relato fascinante, sensual y cruel es la naturaleza; una naturaleza espectacular que lo domina todo y que es la medida de todas las cosas, pero que alberga monstruos terribles.

Desde la primera página acompañamos a Giono por esos parajes que tan bien conocía y por los que sentía una pasión desbordada que se refleja en sus textos.  Visto a través de sus ojos, el paisaje virgen de las montañas de Trièves se convierte en un escenario primigenio y salvaje, de una belleza y una pureza dolorosas.

“A partir de ese momento, cada atardecer, las murallas del cielo se pintarán con aquellos esmaltes que facilitan la aceptación de la crueldad y liberan a los sacrificadores de todo remordimiento.  El occidente, revestido de púrpura, sangra por las rocas, que son indiscutiblemente más hermosas así ensangrentadas que con el rosa satinado de siempre, o el bello azur común con que la pintaban las noches de verano, en la hora en que Venus era dulce como un grano de cebada.  Un verde pálido, un violeta, manchas de azufre y a veces un puñado de escayola allí donde la luz es más intensa, mientras que sobre las otras tres murallas se apiñan los bloques compactos de una noche, no más lisa y reluciente, sino turbia y aglomerada de inquietantes construcciones: tales son los temas de meditación propuestos por los frescos del monasterio de las montañas.  Los árboles hacen crujir incansablemente en la sombra pequeñas matracas de madera seca.”

Acompañemos a Jean Giono a recorrer ese paisaje mítico.  Infatigable, nos guía a través de bosques y prados de una extraña belleza.  Cruzamos junto a él abruptos pasos de montaña y pueblos perdidos en la nieve y, mientras caminamos, nos muestra un hermoso sauce o una antigua serrería que le traen a la memoria una divertida y pícara anécdota del lugar.  El camino es largo y accidentado y le seguimos casi sin aliento.  No importa, él lleva todo el peso de una conversación que salta de una historia a otra al ritmo de nuestros pasos.  Con la misma naturalidad con la que describe árboles y arroyos, intercala entre las divertidas anécdotas de los aldeanos los sucesos más terribles y macabros.

Ahora Giono se detiene en un claro del bosque, aparta con delicadeza unos arbustos y nos muestra, como si se tratase de una rara especie de flor, las manchas de sangre sobre la nieve.

— ¿Qué era eso, Jean?  ¿Quién ha sido capaz de cometer semejante atrocidad en un lugar tan hermoso?

— Cualquiera de nosotros, amigo lector, cualquiera de nosotros.  Los monstruos de los que te hablo no habitan en lo más oscuro del bosque, sino en nuestra alma, en nuestro corazón.  Pero continuemos, aún me quedan muchas cosas por mostrarte.

Porque el hombre tiene una inclinación natural hacia el mal, “ese tedio y esa miseria de la condición humana de la que el hombre intenta escapar”.  Giono, que vio a sus compañeros de armas agonizar en el barro de las trincheras, que fue perseguido por los nazis y apartado por sus compañeros escritores, tenía mucho que decir sobre el tema.  Pero como era un poeta, para hablarnos de la crueldad humana, del mal que nos habita, prefería dibujar manchas de sangre sobre la nieve: “la sangre, la sangre sobre la nieve, tan pura, rojo sobre blanco, era hermosa”.

Un rey sin diversión es una metáfora pero ¿de qué?  Quizá del mal, o del poder.  No importa.  Tampoco importa si este texto inclasificable es una fábula sin moraleja o un diario de emociones, al estilo del Viaje sentimental de Sterne, si es una ópera bufa o un ensayo psicológico sobre el mal.  Lo realmente importante es la pasión de Giono como narrador, la libertad de sus formas y la fuerza de sus palabras, su inteligencia, su lucidez, su humor.

Sí, a veces es interesante conocer al autor para comprender su obra, pero lo que es imprescindible es conocernos a nosotros mismos, asomarnos a nuestro interior sin miedo a lo que podamos encontrar, como hizo Jean Giono, porque aunque hoy seamos reyes mañana podríamos quedarnos sin diversión y entonces…

Javier BR
@javierbrr

 

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9 comentarios en “Un rey sin diversión

  1. Me ha gustado mucho tu reseña!
    A mi también me gusta saber sobre la vida de los autores, en muchas ocasiones puede ayudarte a comprender su obra, ya que los autores suelen reflejarse en ellas.

  2. Me has convencido, me apunto la novela que me atrae mucho y por varias cosas. La primera por tener el paisaje como protagonista pero también por la biografía del autor y por las demás cosas que cuentas. Gracias.

  3. Gracias por vuestros comentarios, Susana, Quadern. Este libro supone una experiencia de lectura diferente de lo que estamos acostumbrados. Se puede leer en varios niveles, desde el simple disfrute de su prosa casi poética hasta intentar descifrar sus muchos códigos y simbolismos (algo que no he llegado a hacer), pero siempre es un placer.

    Saludos.

  4. Desde luego sabes despertar las ganas de leer una novela, aunque se vea tan difícil como ésta. Me has dejado con mucha curiosidad de conocer más a este autor y disfrutar de su estilo, que promete ser muy diferente a lo que estamos acostumbrado.
    Besotes!!!

  5. Este libro me gustó mucho. Esta clase de libros con estructuras y significados a varios níveles me apasionan. Como “El rincón oscuro del alma” de Julián González-Barrera, que cada vez que lo lees descubres algo nuevo.

  6. Dan ganas de leerla, es verdad, pero también se ve que no es un libro simple, que uno se tiene que dedicar a él; ahora mismo no estoy con tiempo para un libro complejo, pero sin lugar a dudas quedará archivado en esa eterna lista de libros a leer; a veces pienso que tuve una vida muy simple como para escribir algo bueno ¡Es que parece que a los grandes autores siempre les pasó de todo en su infancia o juventud!

  7. Hola, Margarita. No te diré que sea fácil, pero tampoco la considero difícil, entre otras cosas por eso que comentaba de que se puede leer en varios niveles. La mayoría de las veces que retrocedí para releer algún párrafo más que porque no lo entendiera fue para volver a disfrutarlo.

    Gracias por tu comentario.

  8. Gracias por tu comentario, Antonio. No he leído el libro de González-Barrera, pero por lo que dices parece interesante. Tomo nota.

  9. Bueno, Roberto, supongo que las biografías de los autores también están un poco dramatizadas y que nosotros estamos tan ocupados con nuestro día a día como para darnos cuenta de que también, con el paso de los años, vamos acumulando experiencias.

    Gracias por tu comentario.

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