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Valeria, de Diego Palacios Marxuach

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No pasé de Bram Stoker. Y eso que me gustó mucho. De hecho, creo que Drácula es uno de los máximos exponentes del romanticismo del siglo diecinueve. Como buena novela decimonónica tiene todos los rasgos naturalistas y pre-industriales de la época, pero en medio de una compleja trama de vampiros que a mí, personalmente,  me entretiene mucho más que las obras de Goethe o  la mismísima Shelley.

Pero, como decía, no pasé de ahí. Mi afición vampírica se quedó en el siglo diecinueve. ¿Por qué? Pues digamos que la oferta que vino después de aquello… no me sedujo. Salvo alguna excepción en la gran pantalla, del tipo de Underworld, las historias de Van Helsing y compañía no me atrajeron demasiado. Después hubo un pequeño intento de la industria con vampiros que iban al instituto, con peinado rastafari y que les brillaban las escamas al sol cual trucha recién salida del agua, que le dio al género su toque de humor, pero que tampoco llegó a ser cosa seria. Cosa seria era Drácula. El conde de los Cárpatos fue el origen de todo y, en ese sentido, me interesa más el aspecto histórico y evolutivo de la especie. Quizá sea por esto por lo que me ha enganchado Valeria, de Diego Palacios Marxuach.

Tengo que reconocerlo, cuando leí la sinopsis del libro, solté un bufido. “Una historia de vampiros en Logroño…” ¡venga ya! ¿En Logroño? ¿En serio? Pues sí. En Logroño. Luego volveré a esto, no dejéis que me olvide.

Más allá de dónde esté ambientada la historia, hay que reconocer que la novela es original. Lo importante es que el autor nos presenta una historia de vampiros, desde varios puntos de vista. El libro se estructura en cinco partes,  cada una de las cuales tiene una función muy bien definida en la trama. A mí, particularmente, la que más me ha impactado es la primera. En esas primeras páginas, Diego Palacios Marxuach es capaz de transmitirnos la pura angustia que siente el protagonista de la historia, Leo, cuando comienza a darse cuenta de que poco a poco se está transformando en algo que no comprende. Esa ansiedad que siente Leo, ese miedo a lo que le está pasando, esa tensión que le generan los sueños que le poseen es trasladada por completo al lector, y eso es algo muy difícil de hacer en un texto exento de escenas truculentas. Pero ojo, no os desaniméis, que escenas de esas, las habrá. Joder que si las habrá.

El autor nos presenta una nueva percepción de naturaleza vampírica. Una nueva forma de convivencia con humanos y unos nuevos síntomas de transformación mucho más plausibles y compatibles con una “posible realidad” que los de las últimas “truchas con Ray-Ban” que conocemos. En este punto vuelve a llamar la atención la estructura de la novela. Diego Palacios ha hecho algo muy difícil en Valeria como es vehiculizar las motivaciones de uno de los bandos en guerra permanente con la humanidad, mediante un diario. Esta lectura del diario, nos da la oportunidad de contextualizar todo lo que está pasando desde una perspectiva mucho más sosegada que antes, cosa que vamos a necesitar para lo que va a venir después.

Y lo que viene después es un baño de sangre. Una sucesión de escenas a todo gas, donde no falta el sexo ni la violencia necesaria en toda buena historia de vampiros. Si a esto se le añade la facilidad con la que Diego Palacios mata a todo personaje que se le ponga por delante, lo que nos queda es la entrada en un capítulo final en el que no sabes si los personajes son buenos o malos, si van a vivir o si van a morir, o ni siquiera  sabes si merecen vivir o merecen morir.

Es, cuando menos, paradójico que los personajes que despiertan simpatías son los del lado… siniestro. Y gran parte de este efecto nace de los diálogos que tiene la novela. Buenos diálogos y buenos personajes. El dúo Samael-Vurdal es sencillamente maravilloso. De hecho, yo me he quedado con ganas de saber más del antes y el después de estos dos personajes, los cuales tienen un discurso que es terrorífico por verosímil.  Y por supuesto el protagonista Leo, el cual me he quedado con las ganas de saber cómo de dirigidos estaban sus actos. En definitiva, que me he quedado con ganas de más.

“Te has convertido en aquello contra lo que tu amado Samael se rebeló: en un Dios”

Ah, y antes de que se me olvide, el tema de la ubicación. Logroño. Aparte del hecho de que (según me han contado, porque yo no he estado) Logroño es un lugar maravilloso, hay que tener en cuenta que al igual que tiene notarios, ingenieros, panaderos, albañiles, médicos, maestros y un largo etcétera, también tiene el derecho a tener vampiros. Pero desde aquí le doy la enhorabuena al autor. Y se la doy porque el hecho de ambientar la trama en la ciudad que conoce, no es más que un intento de darle a la novela un aura de credibilidad, que no hubiera conseguido si su primera novela hubiera estado ambientada en Londres, por ejemplo. Ese sacrificio por hacer la novela más creíble que comercial delata una inversión a largo plazo por la literatura que espero pronto empiece a darle dividendos.

Debo reconocer que he tenido la suerte, no ya de leer el libro, sino de poseer una copia del manuscrito.  Pequeños privilegios de esta web. Y abusando de esos privilegios voy a hacer algo que no suelo hacer. Lo primero es pegar aquí el enlace en el que podéis comprar la novela:

https://www.amazon.es/Valeria-historia-Diego-Palacios-Marxuach/dp/1497499038

Y lo segundo es advertiros de que a los vampiros no se les ahuyenta ni con ajo, ni con un crucifijo ni con agua bendita. Lo que tenéis que hacer es conocerlos y para ello no hay mejor libro que Valeria. Así que ya sabéis, pinchad arriba y poneos a leer como si no hubiera un mañana.

A ti Diego, te voy a exigir tres cosas. La primera es mi ejemplar firmado y dedicado. La segunda, por supuesto, es la visita guiada por los lugares que han inspirado las ubicaciones de la novela (el bar, la librería…) y la tercera, por supuesto, es la foto de la maldita Orión.

A ti lector solo señalarte que, como habrás notado, no he citado a Valeria nada más que para citar el libro. ¿Por qué será? ¿Quién es Valeria entonces? Deja de pensar y pincha en el enlace….

Gorka Rojo (@gorka_rojo)

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