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American Vampire 1

american vampire 1

American Vampire 1, de Scott Snyder, Rafael Albuquerque y Stephen King

american vampire 1Hay monstruos ahí fuera. Monstruos auténticos que recorren los caminos de este país.

Iba a empezar esta reseña de una forma diferente. Hablando de los vampiros, de su historia, de cómo han cambiado a lo largo del tiempo (obvien los vampiros crepusculitos, esos eran una broma), pero al final me he decidido por empezar con una frase de uno de los protagonistas de este cómic. ¿Que por qué? Porque sintetiza muy bien lo que es American Vampire como ya hizo en su reseña mi compañero Diego Palacios. Porque esta no es una historia de buenos contra malos, de la luz contra la oscuridad, de los muertos contra los vivos. Esto es una historia de vampiros señores, de vampiros de los de toda la vida, con sus colmillos, su sed de sangre, su sed de venganza, su ansia por destrozarnos a todos nosotros, y ante los que no estamos a salvo ninguno de nosotros. Esta es una historia buena de narices señores, y quien me diga lo contrario después de leer este primer volumen, es que no sabe todavía que los vampiros son monstruos, antes humanos pero ahora monstruos, y que no tienen piedad si les miras con lágrimas en los ojos. Ellos quieren tu sangre, y no van a parar.

 

Esta serie la conocía porque siempre la he visto en la estantería de las librerías. Y aunque me gustan especialmente los vampiros como protagonistas de historias, no fue hasta que leí la opinión de mi compañero que decidí leer American Vampire como si me fuera la vida en ello. Primer motivo aclarado. Pero por si esto no fuera poco, resulta que en este primer volumen de la serie aparece en su guión uno de mis escritores de terror (en su primera etapa, ahora ya no es lo mismo) favorito, ni más ni menos que Stephen King. Segundo motivo aclarado. Y si no bastara con ello, si alguno de vosotros quisiera pedirme más explicaciones por las que leer este cómic sobre vampiros, después de tantas historias que nos han llegado al mercado, diré que esto es lo que todo buen amante de este tipo de relatos quiere. Y punto, no hay más que hablar. Tendréis que creer en la palabra que os estoy contando, porque si por mi fuera os mandaría al gran protagonista de este volumen, Skinner Sweet, que permanecerá en mi retina por ser uno de los malos más buenos de toda la historia vampírica que ha habido y habrá. ¿Es eso decir mucho? ¡Que va, eso es que no le conocéis!

Recuerdo a un buen amigo que me decía que si no había leído esta serie, nunca podría reconciliarme con el mundo de los vampiros en lo que fuera de vida. Tuvo razón, como siempre que me habla. Pero yo siempre reniego, porque él es muy freak, y yo sólo un poco, y al final resulta que me conoce mucho mejor de lo que me conozco yo. Qué cosas. Pero cuando uno vive lo que hay en las páginas de American Vampire resulta que le sucede dos cosas: que tiene deseos de convertirse en vampiro, de hacerse con dientes y garras, y oye, ancho es el mundo para hacer de él nuestra propia venganza personal contra aquellos que nos estropearon la vida. Pero por el camino, oye, ¿quién dijo que no podríamos morder a alguna chica guapa que nos hiciera las veces de compañera, o qué sé yo, simplemente para verla en la distancia y ver cómo se venga de aquellos que nos jodieron la vida? El terror amigos, eso que nos pone los pelos como escarpias, pero que no podemos dejar de mirarlo. Eso son estos vampiros. Chupasangres de los de antes, sin remordimientos, con mucha mala leche, y con ganas de más, de mucho más.

Scott Snyder me sorprendió hace tiempo con su Batman, y ahora lo hace con esta colección. ¿Qué es lo mejor que se puede decir de una serie? Que seguirás leyendo los siguientes tomos. Y no es que vaya a seguir haciéndolo, no. Lo que voy a hacer es convertirme en una de esas fans enfervorecidas de grupos musicales adolescentes, y esperar en la puerta de alguna tienda de cómics, esperando que salga el segundo volumen, llorando de la emoción cuando lo tenga en mis manos, e intentando leerlo pausadamente, aunque sé que no podré, mientras saboreo, como si fuera sangre, lo que sucede a continuación. ¿Exagerado? Puede, pero sinceramente, cuando lo bueno escasea, y aparece así de improviso, ¿quién puede decirme que uno no tiene el impulso de gritar a los cuatro vientos que, ¡joder, qué bien me lo he pasado leyendo!? Si de algo estoy seguro es de que por mucho que pase, estos vampiros no tendrán rival por mucho que pase el tiempo.

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