
Este es un libro terrible, y lo es por las mismas razones que lo convierten en un libro magnífico. Un viaje claustrofóbico a la mente de un adolescente desde un estado plácido, feliz, basado en la seguridad en sí mismo de una alumno brillante, aunque indisciplinado y rebelde, incluso un poco arrogante hasta la más absoluta desorientación, la incapacidad para mirar de frente a la vida por no hablar de afrontarla. Los responsables son dos: la escuela (o mejor dicho, la voluntad de un profesor cuyo principal objetivo académico no es enseñarle sino doblegarlo) y el amor, tan puro e intenso como dañino si no se tiene la madurez suficiente para disfrutarlo o padecerlo. La segunda puede que sea más universal, sin embargo a mi entender funciona mucho mejor el primero de los escenarios, no sólo por la brillante recreación de un ambiente escolar que por usar una referencia reconocible remite a esa escuela y a ese profesor que Gerald Scarfe diseñó para The Wall.
El profesor, El Dios Kupfer, es afortunadamente un representante de una especie hoy extinta o en vías de serlo, Friedrich Torberg hace de él un retrato despiadado y en absoluto neutral o indiferente. Alguien que sólo en las aulas se siente relevante porque sólo lo es en ese escenario en el que goza de un poder absoluto y lo usa de la forma más arbitraria y mezquina que se puede imaginar. No porque sea duro, sino porque es malo. Con todo, el mayor valor de El alumno Gerber es su brillante retrato de la mente del alumno, el mismo al que el profesor trata deliberadamente de destruir. La confusión, el miedo, la inseguridad que poco a poco se van abriendo camino en su antaño bien amueblada cabeza no sólo es interesante en tanto que aviso y recuerdo de la fragilidad que la caracteriza, sino que es contagiosa y lleva al lector a revivir las angustias de esa época dura y entrañable en proporción variable dependiendo de cada caso. Sigue leyendo El alumno Gerber, de Friedrich Torberg
