Publicado el

Denuncia inmediata, de Jeffrey Eugenides

Denuncia inmediata

Denuncia inmediataJeffrey Eugenides es un genio. No es una cuestión de apreciaciones infladas o falta de criterio. Lo es de un modo a la que poca gente le puede poner peros. Su literatura se dilata en el tiempo pero no por ello puede calificarse de extensa. Tan sólo cuenta con tres novelas y esta recopilación de su narrativa breve. Sin embargo, en cada uno de sus libros hay una delicadeza extrema a la hora de narrarnos la vida privada de sus personajes. Este talento para la inmersión le llevó a ganar el Pulitzer en 2003 por Middlesex. Un retrato tan asombroso como cotidiano de una persona intersexual, tema que vuelve a recuperar en uno de estos relatos. La pregunta es si estas alabanzas y buen hacer han calado también en sus cuentos. La respuesta corta es que sí. La larga exige un poco más de explicación ya que la creación de estas piezas ha tenido lugar a lo largo de treinta años. Y aunque estoy seguro de que se han visto sometidas a una fuerte revisión, lo cierto es que hay algo imperecedero e intraducible en la obra de Eugenides que convierte cada nueva publicación en un motivo de celebración y confinamiento.

Hay una cosa que me ha tenido enganchado a estas historias y es algo para lo que ya venía preparado. En la mayoría de los relatos, la historia no sucede fuera, sino dentro de los personajes. No es que estén aislados o no tengan lugar eventos diversos o conflictos a los que hacer frente. Si bien todo eso también ocurre, importa más el foco desde el cual somos testigos que la resolución del problema que se nos plantea. En Correo aéreo no sabemos si su protagonista supera o no la fuerte intoxicación estomacal que sufre, pero como lectores acabamos el relato sabiendo que el nuevo estado de conciencia al que llega importa más que la enfermedad que padece. O en La vulva oracular, donde el antropólogo que protagoniza la historia tiene diversos frentes narrativos abiertos, pero Eugenides nos sitúa en un conflicto inmediato, radical e inesperado. Hay otros como los que cierran y abren el libro, Quejas y Denuncia inmediata en los que los dos personajes que nos presentan trabajan constantemente la dinámica establecida entre ellos e indagan en la mutua influencia que ejercen, así como en las consecuencias en el mundo real de dicha relación.

Otro de los temas recurrentes en estos relatos es el del fracaso y la mediocridad asociados, en numerosos casos, a un aspecto financiero y matrimonial. La América de las mil oportunidades deja de brillar con tanta fuerza en relatos como Música antigua o Magno Experimento, donde las parejas protagonistas se enfrentan a una edad adulta bastante precaria. Son cuentos donde las soluciones posibles brillan por su ausencia y donde los personajes acaban entrando en un estado de escapismo o sucumbiendo a la ilegalidad. El autor norteamericano disecciona las fallas en los planes de vida que todos confeccionamos en la veintena y convierte dichas fisuras en motores narrativos. Es absolutamente implacable a la hora de señalizar dónde tropezamos todos. Nuestras aspiraciones no son muy diferentes a la de los personajes de estos relatos. Los problemas de ellos se parecen a los nuestros. Eugenides observa con eficiencia el mundo que le rodea, esa falsa tierra prometida en la que se ha convertido Occidente. Y encuentra sin dificultad las arrugas, las manchas en la piel y los eccemas de un sistema de valores que ya no se sostiene por sí solo mientras nos esforzamos en mirar hacia otro lado.

Uno de los aspectos que me ha parecido curioso de esta recopilación de relatos, es que cada uno de ellos marca el año en el que fueron escritos. Y si bien no han sido establecidos en orden cronológico, lo cierto es que es innegable la evolución del autor. Su prosa más temprana deriva a veces en acciones innecesarias con el fin de mover a los personajes hacia cierta dirección. Cosa que resulta un poco forzada y que poco tiene que ver con el Eugenides que conocemos hoy. Debido a ello, uno de los relatos que menos me han convencido es Huertos caprichosos, donde un par de hombres que sufren la crisis de la mediana edad encuentran en dos excursionistas y en un huerto milagroso la solución a la mayoría de sus problemas. Pero no hay que preocuparse mucho, ya que la cosa no hace más que mejorar. Y los relatos se van pareciendo cada vez más a lo que el autor de Las vírgenes suicidas nos tiene acostumbrado.

Voy a acabar recalcando que estamos ante una de las mejores radiografías narrativas que podemos encontrar ahí fuera, en esa jungla literaria que son las librerías. Un libro en el que vemos evolucionar a un autor que lleva ya años entre nosotros sin hacer mucho ruido. En esa vorágine capitalista que ensalza constantemente la novedad, un autor que publica un libro cada siete años suele pasar desapercibido. Sin embargo, hacerle caso omiso a Eugenides sería un error. Su literatura es una de esas magníficas paradojas que tienen en su haber los grandes autores: a pesar de estar todo el tiempo hablando de personas como tú o como yo, no hay nada ahí fuera que se le parezca. Un logro, sin duda, en este mundo nuestro del copia y pega.

[product sku= 9788433980076 ]
Publicado el

Middlesex, de Jeffrey Eugenides

Así, de entrada, ya les anuncio que no he leído Las Vírgenes suicidas. Y partiendo de aquí les puedo decir que no sabía qué podía esperar de esta novela ni de este autor. Simplemente me he adentrado en un mundo desconocido, en una novela de la que no sabía nada, tan solo que me la recomendaban amigos que comparten conmigo el gusto por la Literatura, y en especial por esas obras que son capaces de dejarnos una pequeña o gran huella en nuestra alma, en nuestra conciencia o incluso en nuestro cuerpo.

Si, porque resulta que novelas como esta son necesarias para comprender y comprendernos, son como la poesía de la que hablaba Celaya, poesía necesaria; que sí, que cuando leo estas cosas veo que aun hay tanto y tanto por leer y por escribir y que la literatura tiene tanto que aportar que quiero decirlo todo de un tirón para que ustedes se queden con la idea de que les hablo de algo importante.

Y sí, me ha recordado a las grandes novelas americanas, esas que cuentan su historia pero también la historia humana, la que va de lo individual a lo general y viceversa.

Setecientas páginas que se me han hecho unas veces setenta y otras siete mil, porque es un libro como la vida misma, en unas ocasiones liviano, entretenido y llevadero, y en otras agotador y doloroso…

Ya ven como he venido, como el torito al paño rojo, esto me pasa cuando he leído algo grande y vengo aquí sin reflexionar, de forma compulsiva a querer que todos lean este libro que le valió al autor el Premio Púlizer en 2002. Siempre que leo un Púlizer pienso que debería leerlos todos, es raro que no recuerde alguno del que haya dicho Bufff, este me ha superado, no lo he entendido, o no me ha convencido … Está claro que yo podría formar parte de ese Jurado jajaja

Dice el autor que tardó ocho años en terminar Middlesex una historia en la que encaja a la perfección mitología, historia y vida.

“Nací dos veces: fui niña primero, en un increíble día sin niebla en Detroit, en enero de 1960; y chico después, en unas sala de urgencias cerca de Petoskey, Michigan, en 1974…”

Me ha parecido una gran novela, probablemente porque me gustan mucho estos narradores que lo hacen en primera persona y en presente, y ellos mismos nos van trasladando a un tiempo pasado porque todo esto nos ayuda a meternos alerta, y eso es importante cuando vas a narrar una historia en la que haces un recorrido tan amplio. Recuerden que me pasó esto mismo con Postales coloreadas, el libro de Ana Alcolea del que hace muy poco les hablé.

Este es un libro en el que hablamos de genética y al mismo tiempo del nacimiento del capitalismo con las empresas de Ford, esa obligación que había de meterse en hipotecas, en préstamos para viviendas… Casi me parecía estar viviendo en un pasado muy, muy cercano 😉

Como hace cualquier buena novela americana, describe perfectamente los ambientes en los que estamos viviendo y recrea de forma bastante certera los paisajes por los que nos va llevando. La novela fluye casi sin darnos cuenta, fluye por el tiempo y fluye por la vida de los personajes que van apareciendo, viviendo y muriendo. Unos personajes más profundos que otros, unos a los que ha sacado más o mejor partido, pero a todos los he sentido vividos, incluso creíbles en un grado bastante alto.

Me han gustado este tipo de reflexiones:

“…La mejor prueba de que el lenguaje es patriarcal quizá sea que simplifica demasiado los sentimientos Me gustaría tener a mi disposición emociones híbridas, complejas, construcciones germánicas encadenadas, como «la felicidad presente en la desgracia». O esta otra: «la decepción de acostarse con las propias fantasías». Me gustaría mostrar la relación entre «el presentimiento de la muerte suscitado por los ancianos de la familia» y «el odio por los espejos que se inicia en la madurez». Me gustaría hablar de «la tristeza inspirada por los restaurantes malogrados», así como de «la emoción de conseguir una habitación con minibar». Nunca he encontrado palabras adecuadas para describir mi propia vida, y ahora que ya he entrado en mi historia, es cuando más las necesito…”.

Es increíble como una buena historia, perfecta y deliciosamente contada, como ha hecho Jeffrey Eugenides, me ha retornado al verdadero placer por la lectura, leer por el placer de leer, de aprender, de recordar, de divertirme y de reflexionar. Reflexión personal en muchos momentos porque hablamos de temas profundamente morales, todos ellos mirados y tratados desde el respeto. Todo ello rodeado y envuelto en la tradición y la historia griega y haciéndolo desde la honestidad para dar credibilidad, porque cuando uno llega a confundir al narrador con el autor, como ese momento en el que nos confiesa que: “El único capital que poseo es este relato y me lo estoy gastando todo”, y yo ya me lo creo y creo que además hay mucha parte de verdad tanto por parte del narrador como por parte de Jeffrey Eugenides. También es cierto que no dudo que guarde, porque este libro de más de 700 páginas debía tener un final, pero está claro que puede haber más, si él quiere.

Un día leeré el libro anterior, es muy probable, y leeré su próximo libro, es quizá más seguro, espero que si hay que esperar otros 8 años sea para un resultado como este.

Y me quedo con esa sensación de ¿Y ahora qué leo yo?…

Habrá que refugiarse en la poesía.

[product sku= 9788433976994 ]