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Middlesex, de Jeffrey Eugenides

Así, de entrada, ya les anuncio que no he leído Las Vírgenes suicidas. Y partiendo de aquí les puedo decir que no sabía qué podía esperar de esta novela ni de este autor. Simplemente me he adentrado en un mundo desconocido, en una novela de la que no sabía nada, tan solo que me la recomendaban amigos que comparten conmigo el gusto por la Literatura, y en especial por esas obras que son capaces de dejarnos una pequeña o gran huella en nuestra alma, en nuestra conciencia o incluso en nuestro cuerpo.

Si, porque resulta que novelas como esta son necesarias para comprender y comprendernos, son como la poesía de la que hablaba Celaya, poesía necesaria; que sí, que cuando leo estas cosas veo que aun hay tanto y tanto por leer y por escribir y que la literatura tiene tanto que aportar que quiero decirlo todo de un tirón para que ustedes se queden con la idea de que les hablo de algo importante.

Y sí, me ha recordado a las grandes novelas americanas, esas que cuentan su historia pero también la historia humana, la que va de lo individual a lo general y viceversa.

Setecientas páginas que se me han hecho unas veces setenta y otras siete mil, porque es un libro como la vida misma, en unas ocasiones liviano, entretenido y llevadero, y en otras agotador y doloroso…

Ya ven como he venido, como el torito al paño rojo, esto me pasa cuando he leído algo grande y vengo aquí sin reflexionar, de forma compulsiva a querer que todos lean este libro que le valió al autor el Premio Púlizer en 2002. Siempre que leo un Púlizer pienso que debería leerlos todos, es raro que no recuerde alguno del que haya dicho Bufff, este me ha superado, no lo he entendido, o no me ha convencido … Está claro que yo podría formar parte de ese Jurado jajaja

Dice el autor que tardó ocho años en terminar Middlesex una historia en la que encaja a la perfección mitología, historia y vida.

“Nací dos veces: fui niña primero, en un increíble día sin niebla en Detroit, en enero de 1960; y chico después, en unas sala de urgencias cerca de Petoskey, Michigan, en 1974…”

Me ha parecido una gran novela, probablemente porque me gustan mucho estos narradores que lo hacen en primera persona y en presente, y ellos mismos nos van trasladando a un tiempo pasado porque todo esto nos ayuda a meternos alerta, y eso es importante cuando vas a narrar una historia en la que haces un recorrido tan amplio. Recuerden que me pasó esto mismo con Postales coloreadas, el libro de Ana Alcolea del que hace muy poco les hablé.

Este es un libro en el que hablamos de genética y al mismo tiempo del nacimiento del capitalismo con las empresas de Ford, esa obligación que había de meterse en hipotecas, en préstamos para viviendas… Casi me parecía estar viviendo en un pasado muy, muy cercano 😉

Como hace cualquier buena novela americana, describe perfectamente los ambientes en los que estamos viviendo y recrea de forma bastante certera los paisajes por los que nos va llevando. La novela fluye casi sin darnos cuenta, fluye por el tiempo y fluye por la vida de los personajes que van apareciendo, viviendo y muriendo. Unos personajes más profundos que otros, unos a los que ha sacado más o mejor partido, pero a todos los he sentido vividos, incluso creíbles en un grado bastante alto.

Me han gustado este tipo de reflexiones:

“…La mejor prueba de que el lenguaje es patriarcal quizá sea que simplifica demasiado los sentimientos Me gustaría tener a mi disposición emociones híbridas, complejas, construcciones germánicas encadenadas, como «la felicidad presente en la desgracia». O esta otra: «la decepción de acostarse con las propias fantasías». Me gustaría mostrar la relación entre «el presentimiento de la muerte suscitado por los ancianos de la familia» y «el odio por los espejos que se inicia en la madurez». Me gustaría hablar de «la tristeza inspirada por los restaurantes malogrados», así como de «la emoción de conseguir una habitación con minibar». Nunca he encontrado palabras adecuadas para describir mi propia vida, y ahora que ya he entrado en mi historia, es cuando más las necesito…”.

Es increíble como una buena historia, perfecta y deliciosamente contada, como ha hecho Jeffrey Eugenides, me ha retornado al verdadero placer por la lectura, leer por el placer de leer, de aprender, de recordar, de divertirme y de reflexionar. Reflexión personal en muchos momentos porque hablamos de temas profundamente morales, todos ellos mirados y tratados desde el respeto. Todo ello rodeado y envuelto en la tradición y la historia griega y haciéndolo desde la honestidad para dar credibilidad, porque cuando uno llega a confundir al narrador con el autor, como ese momento en el que nos confiesa que: “El único capital que poseo es este relato y me lo estoy gastando todo”, y yo ya me lo creo y creo que además hay mucha parte de verdad tanto por parte del narrador como por parte de Jeffrey Eugenides. También es cierto que no dudo que guarde, porque este libro de más de 700 páginas debía tener un final, pero está claro que puede haber más, si él quiere.

Un día leeré el libro anterior, es muy probable, y leeré su próximo libro, es quizá más seguro, espero que si hay que esperar otros 8 años sea para un resultado como este.

Y me quedo con esa sensación de ¿Y ahora qué leo yo?…

Habrá que refugiarse en la poesía.

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Un comentario en “Middlesex, de Jeffrey Eugenides

  1. No he leído éste (le tengo en pendientes) ni las vírgenes suicidas. Pero su anterior libro: “La trama nupcial” es MARAVILLOSO. Increíblemente bien escrito y con una trama…no te digo más para no spoilearte, pero merece muchísimo la pena.

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