
La felicidad es un té contigo, de Mamen Sánchez
Imaginad un pequeño espacio. Algo no demasiado grande en el que poder estar tranquilamente. Después, cuando ya os habéis ubicado a la perfección, podéis hacer aquello que os apetezca. El espacio es pequeño, recordadlo, pero aun así, es posible realizar lo que siempre os ha apetecido hacer. Muchos de nosotros quizá haríamos algo completamente diferente a nuestra naturaleza, aunque otros vivirían lo que siempre han hecho. Ese espacio pequeño, después, se irá agrandando, poco a poco, según el nivel de felicidad que pueda generar vuestro cuerpo. A más felices, más aumento de espacio. Y así podréis hacer muchas cosas más, vivir situaciones diferentes, y ir subiendo pisos en vuestro nivel de satisfacción. Hablo así por un motivo, no es que yo me haya vuelto loco. Resulta que con “La felicidad es un té contigo” me ha sucedido algo parecido: cuando entras en su mundo, es un espacio pequeñito, pequeñito, casi como una caja minúscula en la que vas revolviendo para encontrar lo que se esconde dentro. Pero una vez que vas encontrando aquellos objetos que te representan, el mundo de esta novela se va haciendo más grande, tan grande, que es inevitable no sentir una mezcla de felicidad y buen humor. E, indudablemente, cuando llegas al final, es cuando el amor entra en escena, para poner el broche necesario a una historia que, podría denominar, redonda.
Atticus Craftsman ha desaparecido. Fue enviado a cerrar la publicación Librarte y nadie ha vuelto a saber de él. Las principales sospechosas son las mujeres que trabajaban en la revista, y será entonces cuando empiece una investigación que se verá salpicada por secretos, por amores, por fantasmas, y, por supuesto, con un deseo que lo recubre todo desde el primer minuto: ser felices a toda costa.



