
Antes de hablar sobre lo que pasa en Desterro, lo mejor es hablar sobre dónde está Desterro. Y ese es un tema difícil, pues geográficamente Desterro está en un lugar indeterminado dentro de un mapa ficticio. Es algo que no queremos que exista, que lo ponemos en duda, pero que crece en mitad del desierto, con unas cicatrices latentes con forma de autovías de tres carriles que la limitan por el norte y por el sur, aunque viendo su poca utilización bien podrían definirse como vías muertas.
La condición de sus habitantes convierte la ciudad en algo con tintes apocalípticos. Desterro es el fin, el lugar al que vamos cuando no nos queda nada, ni siquiera esperanzas. Por eso dicen aquello de “todo el que va a Desterro, se queda en Desterro”. Si se huye de algo, o tiene algo de lo que esconderse, no hay mejor lugar que este. Incluso se puede empezar allí una nueva vida adoptando el papel que quieras (o el que esté libre). Eso sí, siempre bajo la vigilancia del sheriff LaBlum.
Pero estas tristes y vacías vidas se van a ver removidas ante la llegada del misterioso Martín Bierzo y su chófer. Sus intenciones no parecen del todo peligrosas, pero nadie en su sano juicio se dejaría caer en un lugar tan deprimente. Porque, seamos realistas, ¿quién querría ir a un sitio así?
