
Tú también has robado música alguna vez. Todos lo hemos hecho. Alguna vez. Por ver lo que era, por tener antes que nadie el disco del que todo el mundo iba a hablar, por simple deseo de acumulación, por infinidad de razones. Tú también has robado música alguna vez. Y es absurdo que, en pleno siglo XXI, alguien no lo reconozca. Pero no es que yo vaya a criticar a nadie. No seré yo el que tire la primera piedra porque sí, yo también he descargado música de alguna página que he encontrado en internet. El negocio de la música mueve, al año, cantidades ingentes de dinero. En los últimos años, las pérdidas que ha sufrido debido a la piratería casi no pueden contabilizarse y, cuando se hace, las cifras bailan en función de a quién le interese informar de ello. Stephen Witt analiza cómo se ha llegado a esta situación eliminando el toque subjetivo y la crítica, y contándonos la historia desde que el mp3 se convirtió en un elemento que nadie quería en sus vidas – empresariales, se entiende – hasta nuestra época, esa que se ha caracterizado por filtraciones, redadas, intereses políticos, y música, sobre todo la música que, en un continuo cambio de tendencia, ha sabido reinventarse, quizás, sólo al final de una carrera que ha dejado a demasiada gente por el camino. Pero como suele decirse en el teatro – ya sea sobre las tablas o en el de la vida – el show debe continuar. Pero para ello, será mejor que conozcamos cuál es el origen de toda esta banda sonora.
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