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Conversaciones y Entrevistas, de Lev Tolstói

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«La base de la vida es la probidad. Si hay probidad, entonces se tiene todo»
Lev Tolstói

En una carta a Korolenko, según cuenta Jorge Bustamante en el prólogo de estas extraordinarias «Conversaciones y entrevistas. Encuentros en Yásnaia Poliana», Gorki declaró que jamás se sentiría huérfano en este mundo mientras una persona como Tolstói estuviera viva. En realidad nadie debería sentirse enteramente huérfano ni tan siquiera completamente solo mientras Tolstói pueda ser leído, contado o recordado, mientras pueda asirse a algo tan intenso, reconfortante y a la vez delicado como este libro impagable que Fórcola ha tenido el inmenso acierto de regalarnos. En este sentido todos los que hayamos tenido la fortuna de encontrarnos con Tolstói en el transcurso de nuestras lecturas somos en cierto modo su familia, no obstante, su otra familia, la biológica, tenía legítimamente otro punto de vista. En su libro «Sobre mi padre», Tatiana Tolstói decía que su casa era una «casa de cristal», todo lo que allí sucedía era público (según los estándares de la época, claro), y no debió ser fácil vivir en un lugar de peregrinación. Estas «Conversaciones y entrevistas. Encuentros en Yásnaia Poliana» son los testimonios de algunas de las personas que, desde la admiración y el cariño, se asomaron a esa casa de cristal, conversaron con el anciano Lev Nicoláievich y compartieron con sus conciudadanos sus variopintas impresiones de lo que, en la mayor parte de los casos, supuso una especie de catársis.

Del tono general de estas entrevistas destacaría dos cosas, en primer lugar la veneración que hacia Tolstói sentían muchos de sus contemporáneos, y por otro lado lo diferente que es la imagen que transmiten de Yásnaia Poliana como un remanso de paz, alegría y bienestar, de la que ha trascendido en nuestros días a través principalmente de los diarios del gran escritor, esa terrible batalla de concepciones de la propia existencia que desemboco en la tan trágica como conocida huida de Tolstói de su hogar y de su familia que finalizaría con su triste fallecimiento en la estación de Astápovo. Muy especialmente me gustaría destacar el retrato amable, entrañable incluso, que se hace de Sofía Tolstaia, su mujer, tan alejado de la Xantipa que, con cierto sentido pero no por ello probablemente de manera menos injusta, ha llegado a nuestros días.

«¡De esta casa nadie debe irse sin consuelo!», era la máxima de los habitantes de Yásnaia Poliana, y si en algo coinciden todos los cronistas incluidos en estas «Conversaciones y entrevistas. Encuentros en Yásnaia Poliana», una pequeña parte de los muchos que narraron aquellos encuentros, es precisamente en la sensación de bienestar, de calidez que se respiraba en la casa, y en el efecto balsámico que la presencia de Lev Nicolaiévich provocaba en sus interlocutores. Y estos, que eran de toda condición (se recopilan periodistas y escritores pero la casa era visitada por mujiks igual que por madres preocupadas por la educación de sus hijas, por vecinos o perfectos desconocidos) coinciden en escribir a medio camino entre la admiración y la veneración, entre el cariño y el respeto. Territorios que, debo reconocer, no me son especialmente ajenos.

Y al calor de este bienestar surgen numerosas anécdotas del último Tolstói, reflexiones, bromas e ideas, joyas en definitiva, que tocan todos los palos, de la música a la ciencia, de su opinión sobre otros escritores a temas de actualidad. Muchas opiniones de un hombre bueno que deslumbraba incluso cuando citaba a otros (es el caso de Herzen: «si tan solo cada persona quisiera, en lugar de salvar el mundo, salvarse a sí misma; en lugar de liberar a la humanidad, liberarse a sí misma, sería mucho lo que haría por la salvación del mundo y la liberación de la humanidad») de las que sólo incluiré aquí muy pocas a modo de muestra para reservar a los futuros lectores de estas «Conversaciones y entrevistas. Encuentros en Yásnaia Poliana» el placer de descubrir cuantas más posibles por su cuenta. Podría destacar sus hermosas palabras sobre Chéjov, sus ideas sobre la música, el progreso, la civilización, el socialismo entonces incipiente, o sobre la medicina (sabe todo lo que sabe la medicina… Sólo que la medicina misma no sabe nada), pero me limitaré a citar una o dos de sus frases sobre literatura, que es en lo que estamos después de todo.

Hablando del acto de escribir, sostenía Tolstói que «una novela se escribe fácil, con goce. Pero un trabajo para el pueblo exige un trabajo pertinaz, de extensa reflexión, y por eso me parece de más valor. […] Te asemejas a una persona en un Barco, que tiene un altavoz. No se pueden decir tonterías a través del altavoz…» Califica a Nietzsche, y es necesario cierto sentido del humor para ello, de «folletinista coquetón», y sobre la técnica literaria dice: «Es posible ser un gran escritor, incluso si faltan la perfección técnica y el dominio del tema. En Dostoievski, por ejemplo, no había ni lo uno ni lo otro. Pero no es posible convertirse en un gran escritor si no se escribe sin sangre el corazón…» Finalmente, sobre los poetas de su tiempo, hacia los que manifestaba cierta lejanía, decía «los versos solamente son versos cuando es imposible transmitirlos en prosa sin alterar su belleza y expresividad. Y cuando la persona piensa y siente en prosa, pero escribe en verso, es una completa patraña

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No puedo cerrar esta reseña sin dedicar unas palabras a las fotografías que ilustran las «Conversaciones y entrevistas. Encuentros en Yásnaia Poliana», no demasiadas pero de gran valor documental y, porqué no, emotivo, ya que verle la cara a tantos personajes (Sofía, Alexandra, Chertkov, Petróvic, Landowska y el menos habitual de los círculos tolstoianos pero igualmente admirado Leonid Andreiev, entre otros) que, lecturas sobre Tolstói mediante, le han acompañado durante años, es especialmente emocionante.

Y unas palabras para la última conversación recogida en este pequeño tesoro, el testimonio de una aspirante a maestra que coincidió con el escritor en el tren cuando se dirigía a Optina, en lo que bien podría se la primera parada de su último viaje. Es un testimonio que nadie que se haya interesado medianamente por la vida de Tolstói puede leer sin una intensa emoción.

«Conversaciones y entrevistas. Encuentros en Yásnaia Poliana» es uno de esos libros que le hacen a uno sentirse bien, como si el carisma de su protagonista traspasara las barreras del tiempo y la distancia para conseguir que en esta casa de papel que Fórcola ha construido para albergar el espíritu de aquella otra casa de cristal en la que transcurren estas conversaciones y en sus páginas se cumpliera la máxima que tan a gala llevaban los integrantes de la familia Tolstói, «que nadie se vaya de aquí sin consuelo». Si abren este libro, si pasean por sus páginas junto con el viejo conde, si conversan con él pausada, apacible y entrañablemente, encontraran el disfrute, el consuelo y la satisfacción personal que tantos y tantos otros buscaron y encontraron hace más de un siglo en su compañía y desde entonces en la de su obra.

P.S.: En cierta ocasión le dijo Chéjov a Bunin: “¿Cuándo muera Tolstói todo se irá al carajo?”, a lo que este repuso ¿Y la literatura? La literatura también sentenció Chéjov. No seré yo quien se atreva a discutirle un diagnóstico al Chéjov médico ni una opinión metaliteraria al Chéjov escritor, de modo que, ahora que aun estamos a tiempo, sólo nos queda una solución a los conocedores de este secreto, velar porque Tolstói no muera nunca, lo que afortunadamente no sucederá mientras haya alguien que lo lea.

Andrés Barrero

andres@librosyliteratura.es

3 comentarios en “Conversaciones y entrevistas

  1. Gracias por seguir acercándonos la gran literatura rusa y hacer que parezca un poco menos temible. Tolstoi parece un hombre (más que un autor) que a todos nos habría gustado conocer (porque no siempre es recomendable conocer al autor cuya obra admiramos, no vaya a ser que nos llevemos un desengaño).

    ¡Abrazos!

  2. Hola Leire, tienes toda la razón, no suele ser buena idea conocer al hombre que hay detrás del autor, pero siempre hay excepciones y Tolstói es una de ellas, porque el Tolstói-hombre es fascinante. Me atrevería a decir que el Tolsoi-hombre es en realidad el personaje más trabajado y apasionante del Tolstói-escritor, pero en fin, sería largo de explicar.
    Gracias por tu comentario, como siempre, y un abrazo

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