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En la piel del lobo, de Alberto Bermúdez

en la piel del lobo

en la piel del loboNo había tenido hasta ahora la suerte de leer ningún libro de la editorial Dilatando Mentes, y no por falta de ganas, ya que sus títulos son de los que me tiran, sino por falta de tiempo. Pero a raíz de la lectura de este En la piel del lobo ya me he prometido acudir a esta editorial con más frecuencia. Salta a la legua que les gusta editar y procurar que el lector goce con la lectura. La portada de mi admirado Alejandro Colucci, el hecho de ser un ejemplar numerado, el preciosismo de los inicios de cada capítulo y de las ilustraciones previas a estos que acompañan a los textos referidos a la figura del lobo, la música recomendada mediante un código bidi para meternos en ambiente mientras leemos… Pequeños detalles por separado que, no obstante, enriquecen mucho la experiencia lectora.

Pero entremos en materia. Principios del siglo XX en un pequeño pueblo de Andalucía. Miguel, un joven con pretensiones de escritor, vuelve al pueblo tras dos años en la ciudad. Dos años en los que ha pasado hambre, frío y humillaciones y en los que ha visto cosas que le han cambiado y horrorizado. Pronto se estrellaron, o le estrellaron, más bien, sus ilusiones de editar un libro con los cuentos que llevaba bajo el brazo. “Ya no se leen cuentos”, le dicen, “ahora lo que se llevan son novelas, vuelve con una novela”.

Pero la página en blanco se le queda en blanco, y el dinero se le acaba. Incluso tiene que sobrevivir quemando sus queridos cuentos manuscritos para caldear la habitación. Finalmente, tras afrontar y posponer lo inevitable, no le queda otra que regresar al pueblo, a casa de sus tíos adoptivos. Ambos le reciben con los brazos abiertos y esperan que se le haya pasado la fiebre esa del escribir, que siente la cabeza y se dedique por fin a las cosas de la tierra, de los olivos, y a todo lo que, en definitiva, le enseñó su tío hace tiempo. Lo que le dará de comer.

Y ahí está Miguel. De vuelta a una vida que no quería para él, porque aspiraba a salir de esa rutina de madrugones, trabajo duro en el campo, y sobremesa en el bar echando la partida con los amigos e intentando también formar su propia familia.

Pero, por si fuera poco, la vuelta de Miguel coincide con una serie de ataques de lobos a rebaños muy cerca del pueblo. Demasiado cerca.

Por fortuna, le queda el reencuentro con Carmen, su amiga/amor/medio-novieta, de la que tanto le costó olvidarse para poder cumplir su sueño.

Con semejante título, con esa portada, con el tono de la línea editorial, con el pasado zombi del que procede Bermúdez y con el argumento, uno no puede evitar imaginar que este libro irá de hombres lobo. Y no voy a ser yo el que destripe el final, primero porque sería una putada y segundo porque que merece la pena que el lector lo descubra por sí mismo.

Alberto Bermúdez elabora una trama costumbrista con una tensión en aumento, narrando cosas de lo rural y cotidiano con soltura y buen hacer, que hacen que te apetezca seguir leyendo los avatares de Miguel, sus reflexiones y sus flashbacks con un interés que te mantiene con el culo pegado al asiento. Sabes que va a pasar algo. Estás seguro, se intuye. No sabes cuándo, pero algo se está cociendo, algo va a pasar. Estás leyendo la calma que precede a la tormenta, pero estás en tensión y quieres prepararte bien, crees anticipar lo que va a pasar, o al menos tu mente va a su bola creando dos o tres alternativas ya a mitad de libro… ¡y zas! ¡Ni te lo imaginas! ¡Ese girote final! ¡Ese broche con el que rematar una buena historia con pedacitos de misterio, suspense y terror después de la estupenda narración que nos ha acompañado todo el libro! Y no es que este sea uno de esos libros de los que esperes un giro que te sorprenda. ¡Qué va! Pero ocurre que simplemente lo tiene, y es un puntazo más a un libro que me ha encantado por el fondo, la forma y la edición.

En la piel del lobo es una historia atractiva, escrita con maestría y dominio. Dominio de tiempos y ritmos, diálogos, vocabulario particular, personajes y trama. Adictivo, con capítulos cortos, que son los que te roban horas de sueño porque te engañas a ti mismo diciéndote “uno más, que es corto”, y acaban siendo bastantes más de uno…

En definitiva, una lectura muy recomendable, muy bien desarrollada y escrita y muy original, en la que el lector tendrá que decidir qué creer sobre lo que ha leído.

¡Muy fan!

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Juguetes rotos, de José A. Bonilla

Juguetes rotos

Juguetes rotosHoy empiezo por el final de esta novela, porque hay un pequeño ensayo de José Ángel del Dios en el que nos recuerda que: “el psicólogo John B. Watson decía que hay tres emociones humanas no aprendidas, fundamentales y comunes en toda la especie humana: el amor, la ira y el miedo”. No voy a entrar a analizar esto, pero lo que es seguro es que el miedo nos acompaña desde la cuna hasta que nos morimos, y aunque duremos 100 años, siempre le tendremos miedo a algo o a alguien. Los miedos cambian con el tiempo, algunos son comunes y otros individuales. Algunos parecen tener origen o motivo y otros son irracionales e inexplicables. Toda nuestra vida estamos superando miedos y esto no es malo, nos hace aprender y madurar, hacernos más fuertes. El miedo también es importante porque nos hace prudentes, aunque no puede ser tan grande que nos paralice y no nos deje avanzar. Cuando eres un crio, estás intentando probar hasta donde llega tu valentía o tu miedo, todo el rato. Yo recuerdo querer ver aquellas películas que presentaba Chicho Ibáñez Serrador, Historias para no dormir, o las de Alfred Hitchcock presenta, pero luego me cagaba de miedo en la cama. Somos así.

Yo creo que esta novela sirve para esto, para probar si estoy preparado para superar este miedo. ¿A vosotros también os prevenían sobre el hombre del saco?  Yo tengo un vago recuerdo. Durante años mi mente me decía que lo había visto, pero fue una mezcla de lo que me contaron con una ensoñación. En este libro se hace real el monstruo.

Juguetes rotos se presenta para un público juvenil. Aclara la editorial, y yo me hago eco porque me parece importante, que es para jóvenes-adultos; cuidado con ofrecerle esta novela a un niño demasiado pequeño, sensible o inmaduro, porque igual la liamos. Os cuento el argumento.

Laura es una chica madura y responsable que está en cuarto de la ESO, a la que le toca pasar por una experiencia traumática. Su mejor amiga es Sandra, que está pasando por el proceso de separación de sus padres. La tía de Sandra vive a las afueras de Londres, en Watford, con su familia. Sandra invita a Laura a ir con ella y con su madre a pasar las fiestas navideñas a casa de sus tíos, para cambiar de aires. Allí conoce a George, el primo de Sandra, que se convertirá en un gran amigo y a Alex, un estudiante de Erasmus apasionado de las novelas de Sherlock Holmes, que vive en una casa cercana junto con otros chicos extranjeros. George les lleva a conocer El maravilloso mundo del Señor Brown, una tienda de las que ya no quedan, en la que se venden y reparan  juguetes antiguos, artesanos, especializada en maquetas de trenes. El señor Brown es un entrañable anciano que les enseña sus tesoros y les cuenta historias de la época de la Revolución Industrial. Al mismo tiempo, en Londres, un secuestrador en serie de niños pequeños está sembrando el pánico. Laura se cruzará con este fantasmagórico personaje y ella y sus amigos se ven metidos en medio de la investigación, que se complica más de lo que hubieran deseado.

Lo que en principio a mí me pareció un argumento interesante pero inocente, algo así, como una actualizada aventura de Los Cinco de Enid Blyton y que en la primera mitad del libro, parecía confirmarse, se me reveló como una autentica pesadilla en la segunda parte. Las últimas 100 páginas las pasas con el alma en vilo, aterrorizada y con los ojos como platos. ¡Madre mía! Señor Bonilla, señor Bonilla… vaya tarde de domingo angustiosa que me ha hecho pasar; pero hombre, con esa forma tan delicada de contar las cosas, llena de metáforas, tan victoriana, educada, y de repente se me pone usted así de bruto. Se lo perdono porque me lo he pasado pipa, sí, con susto, pero con gusto. Es como cuando llevas a un niño al tren de la bruja y pide una vuelta más aunque se tire todo el rato gritando de miedo. O como cuando estás viendo una película de miedo y pones la mano para tapar los ojos, pero miras entre los dedos.

Me gustó mucho la ambientación, y no solo porque me guste mucho Londres, me recordó a los libros antiguos, es clásica casi preciosista o barroca, no sé muy bien cómo definirlo. Utiliza lo real para meternos miedo, no un mundo fantástico y sobrenatural como Los juegos del hambre.

Antes de acabar tengo que hablaros de la maravillosa edición que acompaña a la estupenda historia. La editorial es nueva, Dilatando Mentes, y yo me pasearía por su web para que veáis su forma de trabajar. Cuidadísima hasta el último detalle. El libro es bonito físicamente, por dentro y por fuera. Han introducidos ilustraciones de Cecilia G.F. Tiene una presentación interesante. Cómo os dije al principio, tiene un ensayo sobre uno de los temas principales del libro. Añaden información y enlaces, para que puedas profundizar más. Hasta viene con un código QR con una lista de reproducción de música recomendada, para que nos pongamos de ambientación mientras leemos Juguetes rotos. En resumen, un magnífico trabajo.

 

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