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Ostras para Dimitri

Ostras para Dimitri

Ostras para Dimitri, de Juan Bas

Ostras para Dimitri

Creo que desde “El misterio de la cripta embrujada”, del maestro Eduardo Mendoza, no me había topado con un cóctel de ingredientes tan dispares que estuvieran tan bien medidos; ninguno, al menos, que me haya parecido memorable. Hasta este “Ostras para Dimitri”, del bilbaino Juan Bas, que, mezclando humor (negro, en ocasiones muy negro, pero, a la vez, tan logrado que resulta inevitable sonreír), exageración (al borde siempre del surrealismo, o directamente cruzando el límite), cultura (con una gran, y grata cantidad de referencias cinematográficas, literarias, históricas o de culturilla popular), suspense (administrado con muy buen sentido del ritmo), picaresca (en la mejor tradición de la buena y tradicional literatura española) y crítica, mucha crítica (social, política y lo que tercie), ha conseguido una novela que se consume rápido y produce un impacto que tarda en disiparse.

Ostras para Dimitri” constituye la tercera entrega de la llamada Trilogía del Exceso de Juan Bas, y tras leerla (me refiero a la novela; no he leído las dos que la preceden) se comprueba que tiene merecidísimo el título. Porque todo aquí es exceso, de modo que, más que novela, es caricatura de unos tiempos, una mentalidad, un mundo, hasta de unos personajes muy conocidos y que el autor no se molesta en camuflar demasiado: todos podremos reconocer fácilmente a personajes de la vida real y de la esfera pública.La historia de “Ostras para Dimitri” es sencilla y, a la vez, muy difícil de resumir. El protagonista es Pacho Murga, un ex señorito–pijo–de–Bilbao que, habiendo ido a dar con sus huesos en la cárcel, conoce a Dimitri Urroz, mafioso ruso de padre navarro que se convierte en su protector. A partir de aquí, Pacho Murga vivirá experiencias al límite por medio mundo, a medida que la historia se acerca a su punto culminante.

Y esa historia, ¿cuál es? Bueno, ésa es la parte difícil de resumir. En realidad, tal historia parece no existir durante buena parte de la novela. Tan sólo están los protagonistas y un montón de personajes de importancia secundaria, mayor o menor, pero todos ellos bien retratados y de apariencia muy novelescamente real. Los propios personajes –empezando por Pacho y Dimitri– son tan pintorescos, tan surrealistas, tan imposibles pero, a la vez, con características tan humanas –y, además, tan acordes con los tiempos de crisis de valores que vivimos–, que la novela casi se va leyendo sola y nos damos mucha cuenta de que realmente no parece haber ningún hilo conductor; y, si nos damos cuenta, no nos importa mucho, porque lo estamos pasando de rechupete –deliciosamente, sí, como Dimitri cuando engulle esas ostras crocantes que Pacho le prepara en esa dolce vita hedonista e inmoral que llevan–, leyendo las depravadas aventuras de Pacho y, de paso –casi lo mejor de la función–, viendo cómo Juan Bas reparte leña a diestro y siniestro, y digo bien: por boca de su casi alter ego, tiene para todos: para la iglesia católica, con nombres y apellidos; para los partidos nacionalistas vascos, para ETA, para el expresidente ZP (no aún ex cuando se escribió la novela, en 2008), y le queda cuerda para repasar algunos episodios señaladamente cruentos de la II. Guerra Mundial, la URSS, y de paso comentar someramente el estado de cosas de la Rusia actual. Todo eso con gran desparpajo y con vocación de provocar y agitar conciencias, lo cual, piénsese lo que se piense, es algo de agradecer en estos gazmoños tiempos de autocensura, más o menos voluntaria.

En resumen, “Ostras para Dimitri” es una hábil combinación de humor, emoción (de novela negra y de la otra, de la sentimental, algo oculta ésta bajo capas de ironía y de cinismo gamberrete), descaro y tragedia, que hace que un ojo sonría mientras del otro se desliza una lágrima. Recomendable, excepto para los muy impresionables (hay pasajes que literalmente echan para atrás).

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