Primavera

Reseña del libro “Primavera”, de Ali Smith

Primavera

Uno de los epígrafes que Ali Smith incluye al inicio de la tercera entrega del Cuarteto Estacional es una cita de Katherine Mansfield donde la genial escritora de origen neozelandés afirma que anda buscando “indicios de la primavera”. Ahora que he cerrado el libro, no dejo de pensar en el simbolismo y en la vigencia que tiene hoy en día una frase como esa que, por otro lado, podría explicarle a usted esta formidable novela sin necesitar mi reseña. Porque es inevitable preguntarse dónde estarán ahora. Las señales, digo. Y si las veremos nítidas alguna vez o, simplemente, mantendremos la esperanza y la fe porque, antes de la cabeza, eso es lo último que deberíamos perder.

Pero, ¿cuánto tiempo queda para que, de una puta vez, la primavera se abra paso definitivamente a través del hielo?

Para los que seguimos con gran interés este interesantísimo proyecto literario, Primavera era el título/la estación del año que, tras el Otoño del Brexit, el Invierno de la incomunicación y la post verdad (y a la espera del verano), más conexiones con imágenes o sentimientos gratificantes podía generarnos a priori. Pero no. Esta primavera que se encontrará usted aquí no es ni mucho menos así (aunque la pequeña Florence, de quién le hablaré a usted más tarde, puede conseguir cualquier cosa). La Primavera de Ali Smith no es la que buscaba la Mansfield, ni la que buscan los fantásticos personajes que caminan por sus páginas. Porque esta primavera es una furiosa lluvia torrencial y sucia que podría embarrar su corazón. Esta es una estación de infortunios, desaliento e injusticias. La primavera que se despliega en estas páginas tiene más de desastre natural (humano) que de cielos soleados. De flores cercenadas que de campos de amapolas. De cuervos y de buitres que de abejas transportando el polen del amor y tal. Porque el cielo que se ve desde las celdas de un Centro de Internamiento de Extranjeros cualquiera del Reino Unido es completamente gris. Mejor dicho: es casi negro. Y desesperantemente feo.

Pues sí. Como le digo, ha vuelto Ali Smith con su Prosa Nueva y Global. Y esta vez, la escocesa centra su particular mirada en otro de los problemas que asolan (y provoca) la caníbal sociedad ultra (y) liberal en la que vivimos: la inmigración. Ahora es la situación en la que viven las miles de personas que llegan desesperadamente a esta insolidaria Europa desarrollada nuestra la que le da el color y el olor único a esta tercera entrega. El color y el olor de los infames CIEs, donde quedan recluidos, sin remedio y nada más llegar, miles de seres anónimos mientras buscan, como hizo Katherine Mansfield, indicios de su particular primavera entre las brumas de un incierto futuro.

Ahora bien, Ali Smith no es una contadora de historias cualquiera, eso ya lo sabe usted de sobra. Ella es puro estilo. Las reflexiones personales sobre la idea central que abarca cada proyecto estacional y que, de forma directa o indirecta, la autora encaja con maestría entre las tramas hiperrealistas e interconectadas que nos ofrece, se mezclan, dentro de ese novísimo torrente narrativo, con diálogos ágiles y profundos entre los personajes más creíbles que me he encontrado últimamente al leer ficción; y también con pequeñas historias que se descuelgan de historias más grandes y antiguas, y que nos divierten y nos sacan constantemente de la trama principal (o quizá no); y con referencias culturales interesantísimas, de ayer y de hoy que le sirven a la autora para coser con naturalidad los fragmentos de su particular estilo y guiarnos por el imprevisible camino de la novela. Chaplin, Dickens, Rilke, Mansfield, Zola, Shakespeare y el Príncipe de Tiro, Orfeo, un tal Henry Wilson, Beatrix Potter, Paul McCartney,… Todo esto, imagínese, lo adereza con uno de los aspectos más atractivos, a mi entender, de estas Novelas de Hoy que nos está dejando para siempre Ali Smith, un elemento común en todo este fabuloso documental literario de su mundo y el mío: la reflexión sobre los mecanismos propios de la creación, sobre la forma de hacer y sacar la esencia de la literatura o del arte en general (en este caso, respecto al cine o las series de televisión) y siempre a partir de lo que hacen (y dicen) los personajes de cada historia.

Pero, ¿a estas alturas de verdad quiere usted saber el argumento? ¡Pero si estamos hablando de Ali Smith! ¿No se acuerda? Está bien, pero solo le diré que, como siempre, hay varios personajes principales que cruzan sus vidas de alguna forma (en este caso son tres), que fluyen esperando su propia primavera, y que uno de ellos, una niña inmigrante hecha con tintes de realismo mágico y llamada Florence Smith, se colará de inmediato en su cabeza y en su corazón y será ella quien se ocupe de recordarnos que tras la tormenta siempre sale el sol. O dicho de otra forma: que si todos nos implicamos un poco más, si cuidamos y regamos lo suficiente nuestro jardín, las flores volverán a salir con más fuerza. Si eso no es la primavera, entonces estamos todos bien jodidos.

Sí, Ali Smith ha vuelto. Y gracias a ella y a estas alturas del año, uno solo puede recordar que está deseando que llegue, de una maldita vez, el fabuloso y definitivo verano.

Que usted lo disfrute.
(Y el verano, también).

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