
Los recuerdos, de David Foenkinos

El tiempo pasa. Y, según las agujas del reloj van marcando las horas, recordaré la primera vez que vi este libro, podré describir con todos los detalles cómo fue la sensación de sostener su cubierta, la imagen su edificio marrón, como una pequeña casita de chocolate, donde el frío y los sueños se dan la mano, y supe que, en un futuro, cuando escribiera este reseña, me acordaría de los sonidos del corazón, de mi corazón que latía despacio, casi en un pequeño susurro, para que las letras que contienen la historia, que la dan forma, no desaparecieran, se quedaran grabadas en un pequeño rincón de la memoria. Ese en el que se guarda lo más importante, lo que de verdad nos llega dentro, nos trastoca, nos moviliza: el mismo rincón donde guardamos “Los recuerdos”
Un narrador anónimo, ese que podemos ser todos nosotros, nos traslada a la vida de su familia, donde su abuela, ingresada en una residencia, escapa un buen día en una carrera para encontrar aquello que se quedó en su memoria para siempre. En el camino, nuestro protagonista encontrará lo que tanto ansía: a sí mismo.


