

Cuando leo tengo muchas formas de definir si el libro que poseo en mis manos me gusta; sin embargo, hay una que es mi preferida: consiste en tomar conciencia de lo poco o mucho que estoy atento a cuántas páginas faltan para que culmine; si me pongo feliz porque la parte derecha del libro tiene menos páginas que la izquierda, algo anda mal. Si siento un lamento cada vez que paso una página, entonces ya sé que ese libro obtendrá la categoría interna de memorable.
Porque los buenos libros nunca deberían terminar. Porque El amor en los tiempos del cólera jamás debería llegar a su fin. O al menos me conformo con que dure cincuenta y tres años, siete meses y once días con sus noches: el mismo tiempo que Florentino Ariza espera, con el corazón en la mano, a Fermina Daza.
Sigue leyendo El amor en los tiempos del cólera
