
Amor, etcétera, de Julian Barnes

Dos amigos. Dos buenos amigos. El uno previsible y simplón. El otro brillante y errático. Una mujer normal que se casa con el simplón. Y el resultado previsible: la fidelidad brilla por su ausencia, y la chica normal opta por tomar un rumbo más… errático. Así era como se desarrollaba “Hablando del asunto“, libro que reseñé aquí hace unos meses y precuela del libro que hoy os comento.
Supongo que tenía que leer este libro. Ya sabes. No es que tuviese especial interés o que me lo hubiesen recomendado encarecidamente, pero creo que era un trámite que tenía que pasar. O seamos más sinceros. Creo que tenía cierta curiosidad (con un alto componente cotilla) por asomarme a la vida de los personajes diez años más tarde. Así que me puse manos a la obra y con más pena que gloria, conseguí terminar “Amor, etcétera” y entonar así el mantra que cerrase el círculo.
Como comentaba más arriba, han pasado diez años, y Julian Barnes juega a imaginar qué ha ocurrido con la vida de cada uno de los personajes de la primera novela. Stuart (el simplón) se ha convertido en un empresario de provecho, Oliver (el brillante) ha pasado a ser un madurito cuyos chistes ya no son tan graciosos, y Gillian… bueno. Creo que Gillian sigue igual. Hasta aquí el nuevo escenario que nos propone el libro. Y partir de aquí.. veamos qué nos ofrece el autor.