Tocando el vacío es un relato íntimo, contado en primera persona, que narra la desastrosa expedición de Joe Simpson y su amigo y compañero, Simon Yates. Montañeros amateur, ambos deciden que ha llegado el momento de escalar una montaña nunca antes coronada, el Siula Grande en los Andes Peruanos. Y la osadía casi les cuesta la vida. Os pongo en situación. Mediados de los años ochenta. Un par de ingleses veinteañeros, buenos escaladores, ahorran lo suficiente como para montar una pequeña expedición que les llevará a escalar en Perú un monte prácticamente inexplorado. Con el dinero justo, cargando con todo el material en sus mochilas, sin más apoyo logístico que el de un trotamundos llamado Richard Hawking al que conocen por el camino y que decide unirse a la aventura para hacer las veces de traductor y cuidar del campo base mientras ellos atacan la montaña. Así afrontan la aventura que marcará para siempre sus vidas y que les llevará a entrar en la historia del montañismo: “Una semana. Si después de una semana no hemos vuelto a bajar, contacta con nuestras familias en las direcciones que te hemos dejado escritas”. Con una frase similar se despiden de Richard encarando la senda de los glaciares a los pies del Siula Grande.
Lo de John Stack con Galera de Roma ha sido realmente impresionante. Atentos a la historia. John es un tipo con un buen trabajo. Un trabajo estable y del que disfruta. Sin embargo, la globalización de su empresa, le convierte en mano de obra cara en comparación con la que se ofrece en los países emergentes.
Comienza a disgustarle el ambiente de trabajo, va perdiendo la ilusión inicial y comienza a plantearse alternativas. A él lo que le gusta es la Historia. Creció leyendo relatos épicos, imaginando personajes y épocas pasadas, y sumergiéndose en las azarosas vidas de aquellos personajes que habían dejado su impronta en el transcurrir de los siglos.
Así que un día decide que se acabó. Será el último día en su oficina. John decide dedicarse a lo que realmente le apasiona: la literatura histórica. Comienza a bucear en la historia, a imaginar conversaciones entre aquellos personajes cincelados en mármol que había conocido entre lecturas. Decide poner voz y textura a esos personajes, creando Galera de Roma, su primera novela.
Hasta ahí una historia muchas veces repetida -cuántos no han intentado algo similar-, sólo que en este caso la novela resultante es una gran novela, y el éxito cosechado, un gran éxito. No está mal para alguien que en su vida había escrito siquiera un relato corto…
Todo comienza en el mar, a bordo del trireme Aquila, sabiamente gobernado por el joven griego Ático, capitán de galera al servicio del Senado de Roma. Nos situamos allá por el siglo III a.C., en plena expansión de la República Romana. Roma extendía sus límites por Europa y miraba de reojo a un mediterráneo en el que los Cartagineses campaban a sus anchas. Dueños de las rutas marítimas y señores del comercio naval, los Cartagineses se expanden hasta límites peligrosamente cercanos a los intereses de Roma.
A veces es sano leer un libro por el simple deleite del entretenimiento. Así que en esta ocasión os recomiendo un libro que tiene todos los ingredientes para garantizar una lectura entretenida junto al fuego o, en su defecto, junto a la estufa de casa (no se puede tener todo en esta vida).
Se trata de la primera aparición del escritor/detective Roger Sheringham, un personaje curioso en las antípodas del detective habitual. Entendámonos. Por detective habitual me refiero al magnífico Sherlok Holmes o al cargante Hércules Poirot. Así que con no habitual me refiero a Sheringham, un tipo muy observador, pero con límites muy humanos, que inaugura el camino de los detectives con derecho a equivocarse. Eso lo convierte en un personaje muy humano, con el que es muy fácil empatizar, y permite ciertos giros en la historia poco habituales dentro de las novelas detectivescas.
Pero vayamos a la historia. Roger es un escritor reconocido al que invitan a pasar unas agradables vacaciones en una de esas preciosas residencias de verano desparramadas por los alrededores de Londres. Allí se encuentra con algunos conocidos y otra serie de veraneantes también invitados por Victor Stanworth, su amable y dicharachero anfitrión.
La aparición una mañana del cadáver de Victor en la mesa de su despacho convierte a Roger en improvisado Sherlok Holmes y a su amigo Alec, en un reticente Watson.
Hay cosas que están ahí simplemente porque son bellas. A todas luces, bajo cualquier punto de vista, son bellas. No tienen utilidad definida más allá del regocijo del alma, y quizás por eso nos gustan más.
A veces esto ocurre con los libros. Todos somos alumnos de nuestros libros.
Posiblemente leas Sábado, pases la última página y te quedes con la sensación de que no has sacado nada en limpio. Nada te ha enseñado. Pero, ¿y si por un momento sólo buscásemos disfrutar de las palabras? Me refiero a la escritura en sí. A la conjunción perfecta de letras, sílabas y palabras para conformar frases que hacen grande la lectura. Algo bello.
Olvídate del argumento complejo y trabajado. Límpialo y quédate con 5 o seis escenas. Y con otros tantos personajes. Ahora que lo tienes hecho, es fácil centrarte en el lenguaje. En la metáfora, en los giros gramaticales y en las reflexiones. Y si eres un cirujano de las letras, como es el caso de Ian McEwan, conseguirás un libro como este.
En Sábado te atrapa la escritura, el estilo y la estupenda traducción de Jaime Zulaika. Sin embargo, esto puede saber a poco, así que a este juego se va sumando la historia en si, que de cadenciosa pasa a vertiginosa e imprevisible. Pero vayamos a la historia.
Londres. Poco tiempo después del 11S. Henry despierta intranquilo a las 3:40 de la mañana. Cirujano de éxito, con una esposa amada y amante y unos hijos adorables e inquietos por la música y la poesía, ve como su tranquila vida se tambalea en una mañana de sábado. Un pequeño accidente de coche hace que se dé de bruces con un matarife de medio pelo y sus sabuesos de turno.
Hoy os presento un libro que estuvo relegado al olvido durante más de 40 años. Se trata de un libro políticamente incorrecto, incómodo no sólo por lo que dice sino por quién lo decía. Como se apunta en este buen artículo de Literatura Húngara Online, toda la biblioteca de Bánffy, nuestro autor de hoy, terminaría en las hogueras a cuyas llamas se calentaba el ejército ruso. Los sucesivos regímenes comunistas se encargaron de condenarlo al ostracismo, y no fue sino años más tarde, cuando la propia hija del autor, traduciendo el texto, logró su reedición en inglés en los años 80. Ese mismo libro, esta vez traducido al español por Éva Cserháti, es el que ha llegado hasta mis manos.
La primera guerra mundial fue la Guerra de Guerras. Nunca hasta ese momento un conflicto armado había involucrado tal cantidad de países y había provocado tal cantidad de muertos. 60 millones de soldados movilizados y 10 millones de muertos. Razones suficientes para declararla como la Gran Guerra. Mucho se ha escrito, y mucho se puede aprender de los motivos que dinamitaron las relaciones entre el Imperio Astrohúngaro y Serbia y que estallaron en la guerra. Y mucho se puede aprender también de las carambolas que unieron también a Rusia, luego a Alemania, de ahí a Francia y así sucesivamente hasta acabar en un escenario de 32 países combatientes.
Y dentro de los recursos que podemos usar para comprender la sin razón de esta guerra, encontramos esta pequeña joya escrita a manos de Miklós Bánffy. Una trilogía que se cierra con El Reino Dividido tras comenzar con Los Días Contados y continuar con Las Almas Juzgadas. Miklós Bánffy fue un aristócrata Húngaro, conde de Losoncz, político, diplomático y novelista. Vivió en primera persona las decisiones que desde los despachos Astro-Húngaros trenzaron la mecha que los Serbios prendieron para hacer estallar el conflicto. Indignado por las mentiras, por la incompetencia de los políticos y por la injusticia para con un pueblo que ignoraba la verdad, se puso manos a la obra y creó un personaje ficticio al que colocó dentro de la alta sociedad Húngara para retratarla como nadie hasta ese momento se había atrevido a hacer. Así, el personaje del conde Bálint Abády, nos presenta a una aristocracia sin valores y en plena decadencia, a unos políticos enfrentados por la sed de poder, y a un pueblo que, manipulado en su sentimiento patriótico, marchaba hacia una guerra que no podía ganar.
Son ya muchos años leyendo y aprendiendo con su escritura. He visto su evolución en temática y en fuerza. En ritmo y en profundidad. Con una constante: escritura limpia como el agua clara. No hay frases equívocas, fallos de edición ni de redacción. Conjunción perfecta entre el autor, el revisor y el editor. Aquí no hay error. Es el castellano llevado a la perfección de las formas simples. Eso sí, dotando al argumento y a la estructura de los artificios necesarios para dar agilidad y emoción constante a sus escritos. Así escribe Pérez-Reverte, y así es Un día de cólera.Reverte lo pone todo de su parte para dotar de un ritmo frenético al relato del levantamiento del 2 de mayo de 1808, contándolo como nadie hasta la fecha lo había contado. Pero no nos equivoquemos, como bien dice en su primera página, esto no es una novela histórica. Ni es un ensayo histórico. Es Historia pura, grabada como un documental y luego transcrita por palabras.Arturo vuelve a vestirse de reportero de guerra, coge su mochila y su bloc de notas, y se traslada al Madrid de 1808. Corre de calle en calle para contarnos desde la puerta del Sol el combate que se entabla contra la escuadra de feroces mamelucos. Allí observa cómo el albañil Antonio Meléndez Álvarez rebana el cuello con su cachicuerna a Mustafá, legendario héroe de Austerliz. Y corre también como alma que lleva el diablo junto con un grupo de paisanos hacia el cerrillo del Rastro, huyendo de los coraceros que les pisan los talones con sangre en sus sables y ansia de venganza tras ver caer, cosidos a navajazos, a muchos de sus compañeros.
Existe mucha documentación de la época, conservada en forma de relatos, compendios históricos, artículos. Todo eso, junto con un profundo estudio de las tácticas y los usos militares lo mezcla Reverte para crear un relato feroz, contado casi minuto a minuto, imparcial en sus apreciaciones de uno y otro bando. Porque lo hecho, hecho está. Y lo que pasó, ya es Historia para lo bueno y para lo malo.
Brim el Cazahadas, de Albert Alforcea y Marta Montañá
Tenemos entre manos un libro de pictogramas. Y ¿qué es un libro de pictogramas?, os preguntaréis aquellos inquietos que aún no sois padres o no os ha tocado leer un cuento a vuestro sobrino favorito. Muy sencillo. Alguien pone el texto, y otro se encarga de cambiar alguna de las palabras por imágenes. El resultado es una lectura mucho más divertida, ya que a los niños les toca imaginar a qué palabra se refiere la imagen, y el resultado puede ser asombroso. Uno puede echar un buen rato mientras presencia la acalorada discusión de sus sobrinos para decidir si la imagen corresponde a luciérnagas o a moscas amarillas. Interesantes razonamientos en ambos casos, créanme…En lo que se refiere a la historia, este libro infantil nos presenta a Brim, un curioso habitante de un pequeño pueblo, con un oficio aún más curioso. Y es que Brim afirma dedicarse a cazar Hadas. Pero claro, los problemas empiezan para Brim cuando tras toda una vida dedicado a su oficio, y ni una sola captura en su haber, los habitantes del pueblo empiezan a dudar de sus habilidades y, sobretodo, de la existencia de las mismas Hadas.
Francisco (F): ¡Hola Papá! ¿Qué tal ha ido esa lectura? Francisco, Padre (FP): Hola Curro. Pues muy bien. La verdad es que se aprenden detalles muy curiosos. El libro cubre casi 300 años, desde Juana la loca hasta la Primera República, así que te puedes imaginar. Precisamente hay un capítulo dedicado a… F: Papá, papá, espera. Ya entraremos en detalles poco a poco. Además, aquí no me llames Curro, que esto es serio, hombre. FP: ¡Ups! Perdona hijo. Tú pregunta, que yo iré contestando como buenamente pueda. F: Verás. Se trata de que los lectores, al terminar esta reseña, sepan exactamente qué se van a encontrar en las páginas de este libro. FP: Pero Curro –ya estamos–, yo no soy ningún experto. Te puedo decir lo que me ha parecido, pero no sé si a la gente le servirá. F: Te aseguro que será suficiente. La gente sólo espera una opinión, luego ellos deciden. Volvamos al libro. ¿Qué van a encontrar en él? FP: No sé si sabrás que Jiménez Los Santos, tenía un programa de radio. En él tenía una sección César Vidal y cada día charlaban de un pasaje de la historia. Federico preguntaba y César iba contestando sobre la marcha. F: No he escuchado el programa, pero lo puedo imaginar. Así que el libro es una recopilación de esas entrevistas. FP: Claro. Un día a lo mejor hablaban de la regencia de Isabel II, y otro del reinado de Juana la loca. Por ejemplo, durante la sección Federico preguntaba, “¿cómo accedió Juana al trono?” o “¿qué tal la relación con Felipe el hermoso?“, y así se iba desenvolviendo la charla, entre preguntas y respuestas. F: Entonces el libro debe ser bastante dinámico, ¿no?. FP: Pues… no sé, hijo. Alguna vez escuché el programa, y a mí me enganchaba más en la radio. Creo que era más entretenido. Sin embargo, en el libro está todo más organizado. No sé si me explico. F: Osea, que el planteamiento es bueno, pero la narrativa no es tan ágil como a uno le gustaría. FP: Se podría decir así. Aunque a mí me ha parecido ameno. Evidentemente para un experto en historia, este libro es como la a, e, i, o, u. Muy introductorio. Pero es un buen recurso para los aficionados. F: ¿De ahí lo del subtítulo de “para inmigrantes, nuevos españoles y víctimas de la LOGSE“? FP: Si, supongo que sí. Aunque eso va con un poco de guasa, ¿no?. A mí me ha parecido un buen libro. Mira, por ejemplo en el capítulo que dedica a Carlos I, comienza con la herencia que encontró al acceder al trono, y hace un recorrido por sus principales enemigos, por las intrigas palaciegas… es un relato asequible.
Hace algunos años, mientras veía un documental de Al Filo de lo Imposible, observé que uno de los miembros de la expedición ojeaba un libro mientras el grupo acampaba para pasar la noche. El documental trazaba la ascensión a uno de los 14 ochomiles que hay repartidos por el mundo, el Annapurna, en el Himalaya. El ascenso sería a pulmón, sin la ayuda de oxígeno, lo que hacía mucho más penosos y arriesgados los últimos metros que llevaban hasta la cumbre. Una aventura rozando la locura. Querían emular a los expedicionarios franceses que, liderados por Maurice Herzog, en 1950 lograron hacer cumbre por primera vez en un pico que sobrepasaba los 8000 metros de altitud.A base de pausar y mover lentamente la imagen, conseguí ver ciertos detalles del libro: una foto en su portada, bordes color amarillo, y supuse que su autor sería el propio Maurice Herzog. Google hizo el resto del trabajo por mí, y tras buscar concienzudamente, hice mi pedido de “Annapurna. Primer 8000”.
Cosas de la vida, hace unas semanas repusieron ese documental y, por momentos, mientras permanecía de pie frente a la televisión, me recorrió un escalofrío al recordar la emoción de hace años, cuando mis manos recorrieron casi con veneración las páginas de este libro. Rebusqué y lo encontré. Y no he dudado en dejaros aquí este regalo. Porque para aquellos que disfruten de la aventura, de la amistad, de la belleza del camino hacia los límites humanos, este libro es todo un regalo.
“¿Cómo lo ves? The Metropolitan Museum of Art“, forma parte de la colección “Look Again!“, que se edita en multitud de formatos, idiomas, y con multitud de contenidos distintos. La idea es simple. Seleccionamos una parte curiosa o llamativa de un cuadro, dibujo o fotografía, y tapamos el resto. Así sólo se verá la parte que nos interesa que vean. Ahora toca preguntar, ¿qué ves aquí?, y la imaginación echará a volar en nuestro interlocutor. Quizás él vea una simple lata de sopa, o una mano guardando unas llaves en un bolsillo. A continuación dejamos que vea todo el cuadro y ¡voilà!, la lata de sopa se convierte en parte del estampado de un vestido, y la mano con la llave resulta ser la de un ladrón haciendo de las suyas ante un joven poco precavido.Y es que las cosas no son siempre lo que parecen, y mucho menos cuando sólo tienes una imagen parcial de la situación. Esto es lo que nos enseña la serie “¿Cómo lo ves?“, que juega con nuestra imaginación a lo largo y ancho de las 15 ilustraciones que pueblan sus casi 60 páginas. Además, cada ilustración se acompaña con una interesante explicación, en la que se habla del cuadro, de su artista y de la intención que tenía cuando lo pintó. Algo muy interesante de cara al educador que quiera usarlo como recurso.
Breve Historia de los Piratas es un recorrido cronológico por los distintos escenarios donde unos piratas u otros dejaron su impronta de ambición y crueldad. Comienza el recorrido en la antigua grecia, donde ya aparecen las primeras referencias a la piratería en escritos como La Odisea de Homero, en relatos de la misma guerra de Troya, o en relatos mitológicos como Jasón y los Argonautas.
Y a partir de ahí, la historia de los piratas sigue su camino atravesando el antiguo Egipto y Roma, donde el propio general Marco Antonio destacó combatiendo a los piratas que asolaban el Mediterráneo, o donde Sexto Pompeyo, hijo del laureado general Pompeyo, se convertiría durante muchos años en el pirata más poderoso y escurridizo, azote del Imperio, gracias a sus excelentes dotes como navegante y estratega.
Tampoco falta en el libro algún capítulo dedicado a los famosos vikingos y el lector encontrará curiosas referencias de alguna de sus fechorías. Es el caso de una conocida y bien documentada incursión en pleno califato de Al-Andalus, cuando vikingos del norte de Europa se adentraron por el Guadalquivir y saquearon Sevilla y alrededores antes de correr como alma que lleva el Diablo, perseguidos por las tropas califales.
Aunque, como es natural, la parte más extensa se dedica a la piratería que se sucedió a lo largo y ancho de la Ruta de las Indias, tras el descubrimiento de América. Esta es quizás la parte que al lector le resultará más cercana, ya que aparecen en escena piratas tan conocidos como Sir Henry Morgan, Francois Le Clerc (el primer “pata de palo”), el sanguinario Barbanegra, o Bartholomew Roberts, también conocido como “el pirata abstemio” y autor del famoso Código Pirata de 1721.Igualmente interesantes son las referencias a Isla Tortuga, popularizada tras la saga de Piratas del Caribe, o el último capítulo, dedicado a las mujeres piratas.
Dos amigos. Dos buenos amigos. El uno previsible y simplón. El otro brillante y errático. Una mujer normal que se casa con el simplón. Y el resultado previsible: la fidelidad brilla por su ausencia, y la chica normal opta por tomar un rumbo más… errático. Así era como se desarrollaba “Hablando del asunto“, libro que reseñé aquí hace unos meses y precuela del libro que hoy os comento.
Supongo que tenía que leer este libro. Ya sabes. No es que tuviese especial interés o que me lo hubiesen recomendado encarecidamente, pero creo que era un trámite que tenía que pasar. O seamos más sinceros. Creo que tenía cierta curiosidad (con un alto componente cotilla) por asomarme a la vida de los personajes diez años más tarde. Así que me puse manos a la obra y con más pena que gloria, conseguí terminar “Amor, etcétera” y entonar así el mantra que cerrase el círculo.
Como comentaba más arriba, han pasado diez años, y Julian Barnes juega a imaginar qué ha ocurrido con la vida de cada uno de los personajes de la primera novela. Stuart (el simplón) se ha convertido en un empresario de provecho, Oliver (el brillante) ha pasado a ser un madurito cuyos chistes ya no son tan graciosos, y Gillian… bueno. Creo que Gillian sigue igual. Hasta aquí el nuevo escenario que nos propone el libro. Y partir de aquí.. veamos qué nos ofrece el autor.
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