
La isla de la infancia (Mi lucha: 3), de Karl Ove Knausgård
De
una manera quizá inconsciente, Karl Ove Knausgård imita a los grandes estudios de Hollywood cuando, en el tercer volumen de su autobiografía, La isla de la infancia, vuelve sobre sus primeros años. Es un recurso clásico en el cine este de rodar una película con personajes adultos para después revisar sus inicios, incluso su niñez, en una especie de intento de explicación sobre los motivos y las circunstancias que llevaron a tal o cual personaje a terminar siendo de aquella manera. Sirve para los buenos de blockbuster, como Indiana Jones, y para los peores, al estilo de Hannibal Lecter. Y, por lo que vemos aquí, le sirve también a Knausgård para satisfacer la curiosidad de los lectores que, no conformes con las cerca de 1200 páginas anteriores, querían continuar ahondando en su iniciativa literaria, ya plenamente conscientes de su impacto.
Regresamos en La isla de la infancia al padre que en la primera entrega ya era omnipresente, y que ya entonces se nos antojaba como la principal piedra de toque del carácter de nuestro ya familiar escritor noruego. Regresamos a Tromoya, la isla que ya había sido mencionada anteriormente, pero en la que no nos adentramos hasta esta tercera parte. Y en esta ocasión toma protagonismo su madre, muchas veces como antagonista liberador frente a un padre autoritario y violento. Sigue leyendo La isla de la infancia (Mi lucha: 3)

nte algunos pasajes de Un hombre enamorado, la segunda parte de la magna obra en seis volúmenes en la que el noruego 
Con la cuesta de enero a cuestas, y espero que se me perdone el juego de palabras, no se me ocurrió mejor manera de coger fuerzas para el año lector que encerrarme en casa con un noruego. Uno serio, de mirada amenazante y nombre difícil, que en los últimos dos años ha sido comparado con Proust y Sebald, y que ha colocado un libro suyo a uno de cada diez noruegos. A mí me sonaba a planazo, no sé a ustedes. ¿El resultado? Esta reseña y las dos siguientes se lo desvelarán. Skål!