
Para leer al anochecer, de Charles Dickens

Trece historias victorianas de apariciones, casas encantadas, fantasmas navideños y todo lo que uno espera encontrar en un cuento clásico de terror.
“Siempre he observado que se requiere una fuerte dosis de coraje, incluso en las personas de mayor inteligencia y cultura, cuando de lo que se trata es de de compartir las propias experiencias psicológicas, especialmente si éstas adoptan un cariz extraño. La práctica totalidad de los hombres temen que aquello que pudiesen relatar a ese respecto no hallase paralelismo o respuesta alguna en la vida de su interlocutor, y su relato pudiese provocar suspicacia o risas.”
Ahora que lo pienso, esto es muy cierto: aunque nos encante leer acerca de sucesos misteriosos, paranormales o sencillamente inexplicables no resulta nada sencillo hablar de ellos en primera persona (el temor a que nos tomen por fácilmente impresionables, por cobardes o incluso por locos, la vergüenza cuando se pone en duda nuestra racionalidad o nuestro sentido práctico de la vida). Además, ese pudor contribuye en buena medida a que dichos sucesos se mantengan en la esfera de lo fantástico y posean, en la mayoría de las ocasiones, un halo terrorífico.
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