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Mo Yan, Premio Nobel de Literatura 2012

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Mo Yan, Premio Nobel de Literatura 2012

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Los amantes de los libros y la buena literatura esperan cada año la resolución de la Academia Sueca que permite conocer al ganador del Premio Nobel de Literatura. Hace dos años el galardón se lo llevó Mario Vargas Llosa, lo que significó el regreso de tan ansiado logro a tierras latinoamericanas. El año pasado el Nobel volvió a Europa de la mano del poeta sueco Tomas Tranströmer. Ayer, se anunció que el premio más importante de la literatura mundial vuelve a cambiar de continente, para recalar en China, ya que Guan Moye, más conocido por su seudónimo Mo Yan, se hizo acreedor de la prestigiosa condecoración.

Mo Yan ha conseguido en su obra un “realismo alucinatorio” que “une cuento, historia y lo contemporáneo.” según expresó el comité encargado de entregar el Premio Nobel, que agrega que el escritor “enlaza su creación narrativa con sus experiencias de juventud y con los ambientes de la provincia en que creció.”

 

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El quinto hijo

El quinto hijo

El quinto hijo, de Doris Lessing

El quinto hijo

 

Si cada persona pudiera plantear su propia receta de familia feliz, cada uno contaría con atributos diferentes. Algunos podrán recordar a sus propias familias, a los valores de la niñez y a recuerdos como vacaciones, fiestas y paseos. Es probable que otros imaginen familias superadoras a las experiencias que tuvieron y proyecten una vida mejor para sus propios hijos.

Harriet y David Lovatt tenían muchas ideas de cómo querían que fuese su familia, y eso era lo que más le reprochaban sus parientes. Esta pareja inglesa que se conoció en los 60 era particular por las personas que la componían y también por el proyecto que habían ideado juntos. Tanto Harriet como David no eran jóvenes adultos “promedio”. Ambos parecían perdidos dentro de la comunidad de su época y su personalidad difícilmente podía mezclarse otras personas de su edad. Fue esa diferencia con lo general lo que los convirtió en una pareja particular.

Los Lovett tenían un plan para sus vidas: querían tener un hogar y muchos hijos. Por eso, a pesar de las miradas dubitativas de sus padres (y las parejas de sus padres), ellos comenzaron con el proyecto. Primero, adquiriendo una casa en las afueras de Londres y luego, lidiando con los repetidos embarazos de Harriet. El trabajo era mayor con cada niño, pero también la felicidad de la pareja que no perdía ocasión de invitar  a familiares en Navidad o vacaciones. Todos parecían sorprenderse con la idea “descabellada” de la familia numerosa, pero los Lovett sólo sonreían con la confianza de que podrían afrontar todo.


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Rosshalde

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Rosshalde, de Hermann Hesse

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En la actualidad existen opiniones que castigan a quienes todavía contemplan al arte plástico con una mirada romántica y dramática. El arte se ha convertido en uno de los negocios más prolíferos y resulta complicado relacionar un cuadro o una escultura con el alma de su creador  y los pensamientos más profundos de ese artista que luego se reflejan en su obra. Hablar de arte desde una posición romántica y comprometida en sentimientos parece desactualizado y fruto de pensamientos de siglos pasados, tan obsoletos como encantadores.

Rosshalde no es una obra de arte, como podrían haber sospechado, sino el nombre de una residencia propiedad del personaje Johann Veraguth, un pintor de profesión. Su familia era pequeña (esposa y dos hijos) y su vida un misterio tan profundo como su alma. La historia se proyecta en una sociedad protocolar y con fuertes valores; una comunidad que podría ser de principios del siglo pasado y donde se debía cumplir con rígidos mandatos sociales.

Las reglas implícitas de la sociedad parecían caer todas sobre Veraguth. Este era un hombre introspectivo, misterioso y sobrio que se dedicaba enteramente a su obra artística. Sin dudas se trataba de un pintor reconocido y de fama mundial que había logrado tener una posición económica abultada. Rosshalde,  con su esplendor y comodidad, era el espejo de la fortuna y el reconocimiento que había alcanzado el pintor.

 

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