
Punto Omega, de Don DeLillo

Una novela brillante como la luz del desierto y, al igual que el desierto, desoladora y cruel.
En una sala oscura de un museo de arte moderno, sobre una gran pantalla, se proyecta Psicosis. La película se ha ralentizado de forma que la proyección dure veinticuatro horas: la acción sucede fotograma a fotograma, casi congelada, irreal y silenciosa.
La mayoría de los visitantes que entran en la sala observan durante unos segundos la imagen casi inmóvil de la pantalla y se marchan. Pero un hombre acude cada día y permanece horas enteras contemplando hipnotizado la proyección, de pie, hasta que la secuencia de fotogramas pierde el sentido; entonces las imágenes aisladas, desprovistas de tiempo, cobran un nuevo significado. Y regresa día tras día, abismándose en la observación de la pantalla y espiando a los visitantes, a la espera de alguien que sepa ver en el montaje lo mismo que él.