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Tres tristes tigres, de Guillermo Cabrera Infante

tres tristes tigres

tres tristes tigresLo único que sabía de Tres tristes tigres, de Guillermo Cabrera Infante, es que aparecía en más de una lista de libros imprescindibles. Y yo, que siempre tengo curiosidad por descubrir qué tendrán esos libros para merecer tan alto reconocimiento, he aprovechado la edición conmemorativa por su cincuenta aniversario que le ha dedicado Seix Barral para descubrirlo.

Lo primero que destaca de esta obra es la fijación que tuvo el Ministerio de Información y Turismo español por censurarla, allá en los años sesenta, y cuyos respectivos expedientes se recogen en esta edición. «Obsceno», «moralmente objetable» y «políticamente condenable» son algunas de las razones alegadas y por las que se postergó su publicación hasta 1967, tres años después de haber ganado el Premio Biblioteca Breve. Reconozco que tiene varias escenas sexuales que pudieron escandalizar a algunos en la España de aquellos tiempos, aunque en la actualidad no causarán ni sonrojo; también que hay afirmaciones moralmente criticables, incluso hoy en día delictivas, pero que acepto como opiniones de los personajes y no del autor (espero); pero lo que apenas he percibido es ese ensalzamiento de determinadas ideas políticas, pues sus alusiones a Trotsky, Batista o Fidel Castro son, a mis ojos, anecdóticas.

Lo segundo más llamativo de este libro es que Cabrera Infante escribió lo que le dio la gana. Literalmente. Porque si me preguntáis de qué va Tres tristes tigres, no sé qué decir. Quizá, que de Cuba, porque Cuba lo impregna todo; y también de la noche, del sexo, de la desinhibición, de la muerte y del humor. Y de pasión, porque hay muchísima pasión; por las mujeres, por la música, por el cine, por la lengua, por la literatura. Recoge relatos al uso, reflexiones, duelos dialécticos, juegos de palabras, trabalenguas, dibujos, escritos al revés, páginas en negro o en blanco. En definitiva, un cúmulo de textos dispares, en el que todo tiene cabida si sirve como medio de expresión.

Lo tercero que sorprende de Cabrera Infante y su Tres tristes tigres es el uso que hace de la lengua. Desde la primera página se salta las normas de la gramática y la ortografía, las acribilla sin miramiento, captando la esencia de las diferentes jergas habaneras (saveis de ke os avlo, no?), para más tarde pasar a un discurso con el vocabulario más cultivado, saltando de un registro a otro como si nada. Este arriesgado ejercicio está al alcance de muy pocos, solo de aquellos que dominan el lenguaje a la perfección, como es el caso de Cabrera Infante, que juega probando sus límites, coqueteando con el inglés, mezclándolo con el español, creando «palabras a-fines» para sus «ideas sinfines».

Que Tres tristes tigres sea tan moderna hasta para los tiempos que corren, fuera de cualquier encorsetamiento artístico, y, pese a ello, tan reconocida, me asombra gratamente. No busca la perfección, sino que disfruta de la imperfección, muchas veces más expresiva. Una obra atípica que nos demuestra que con «dos palabras y cuatro letras» se pueden crear «un himno y un chiste y una canción» y esa es, a fin de cuentas, la grandeza del lenguaje y de los escritores. Personalmente, no considero que Tres tristes tigres sea una lectura imprescindible para cualquier lector, pero sin ninguna duda me parece que es una obra indispensable para la historia de la literatura.

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