
Ayer iba en el tren leyendo tranquilamente un libro cuando unos gritos justo en el asiento de detrás, me sacaron del trance en el que me encontraba. Eran dos chavales de unos veinticinco años que, a voz en grito, discutían acerca de coches. No soy mucho de poner la oreja en estos casos pero hubo una afirmación de uno de los fulanos que me hizo dar tantas vueltas a la cabeza que no volví a abrir el libro. Dicha afirmación era algo parecido a esto: El Mercedes de “Juan” es una mierda comparado con el Ferrari que tenía antes. No pude evitar pensar que detrás mío había dos “cuñados” que ni siquiera tenían coche. Y esto mismo está pasando en literatura a día de hoy. Una plaga de “cuñados”.
Hay una especie de canon, escrito a fuego sobre roca en algún lugar ignoto, que dice algo así como: cada obra que escriba un autor debe ser mejor y gustar más a los lectores que su obra inmediatamente anterior y de no ser así, dicho autor debe ser crucificado al sol y morir entre terribles sufrimientos. O algo así. Estoy seguro de que esto existe, porque de no ser así, el mundo está volviéndose completamente loco. Yo no estoy volviéndome loco (creo) ni veo naves alienígenas aparecer a través de mi ventana, tal y como lo hace el protagonista de Armada (que es el libro sobre el que hablaré en esta reseña, porque efectivamente, esto es una reseña). Sigue leyendo Armada, de Ernest Cline

