En busca del tiempo perdido: El manga, de Marcel Proust

en busca del tiempo perdido el mangaHay libros que apabullan solo por su extensión. Es el caso de En busca del tiempo perdido, de Marcel Proust. ¡Siete volúmenes y casi tres mil páginas! Es una de esas obras que hay que coger con muchas ganas y mucho tiempo para no morir en el intento. Yo soy muy de clásicos, ya lo sabréis los que me hayáis leído más de una vez, pero también me gusta variar lecturas, por lo que no me veía dedicándole meses en exclusiva al señor Proust, aunque me intrigara saber por qué es tan famosa su magdalena, que hasta ha dado nombre a un efecto psicológico.… Leer la reseña completa del libro "En busca del tiempo perdido: El manga, de Marcel Proust" “En busca del tiempo perdido: El manga, de Marcel Proust”

El abrigo de Proust

El abrigo de Proust, de Lorenza Foschini

Lorenza Foschini nos cuenta en este pequeño libro una historia, y elige sabiamente hacerlo en forma de documental porque si hubiese novelado lo que El abrigo de Proust muestra, probablemente nadie lo habría creído. La forma narrativa que ha elegido la autora confiere a la historia la dosis necesaria de verosimilitud que la realidad se niega a prestarle por más que Lorenza Foschini se apresure a advertirnos de que todo lo narrado es rigurosamente cierto. Afortunadamente mantenemos vivo en el interior de nuestro espíritu descreído algo que nos mantiene lo suficientemente alerta frente a la irracionalidad que nos impide creer en determinados comportamientos que, sin embargo, no sólo son reales sino que son incluso frecuentes.… Leer la reseña completa del libro "El abrigo de Proust" “El abrigo de Proust”

Jornadas de lectura

Jornadas de lectura, Marcel Proust

jornadas-de-lecturaAcaso no haya habido días de nuestra infancia tan plenamente vividos como los que creímos que transcurrían sin vivirlos, los pasados con un libro preferido. Todo aquello que nos colmaba, a juicio de los demás, y que rechazábamos como un vulgar obstáculo frente al placer divino: el juego para el que un amigo venía a buscarnos en el pasaje más interesante, la abeja o el rayo de sol inoportunos que nos obligaban a alzar los ojos de la página o a cambiar de sitio, las provisiones para la merienda que nos habían traído y que, sin probarlas, olvidábamos al lado del banco en tanto sobre nuestra cabeza disminuía la fuerza del sol en el cielo azul y la cena, para la que había que volver a casa y durante la cual no pensábamos más que en subir a terminar en seguida el capítulo interrumpido; todo cuanto en la lectura hubiera debido impedirnos registrar otra cosa que la inoportunidad, grababa en nosotros por el contrario un recuerdo tan dulce (mucho más precioso a nuestro juicio actual que cuanto entonces leímos con tanto amos) que, si hoy todavía  se nos ocurre hojear esos libros de antaño, lo hacemos sólo por se los únicos calendarios que hemos conservado de los días que fueron, con la esperanza de sorprender reflejados en sus páginas rincones y estanques que ya no existen.Leer la reseña completa del libro "Jornadas de lectura" “Jornadas de lectura”