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Bioy

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Bioy, de Diego Trelles Paz

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El sudor resbala por el gatillo. La bala está lista para salir, mientras la ruleta da vueltas. De un lado tenemos al verdugo. Del otro, a la víctima. ¿O es quizás el asesino? ¿Acaso la persona que tenemos en frente, encañonada, es aquel que nos ha arruinado la vida, aquel que ha arruinado la de todos y merece morir? El dedo va aproximándose. Está a punto de pulsar el resorte que hará que la bala se incruste en la cabeza. El viento sopla con fuerza, enmarañando la corta melena de la persona que tenemos en frente. Puede masticarse la violencia, el rencor. Los dos vivís en un mundo de venganza. Y al final, cuando el dedo aprieta el gatillo, la bala destrozará un cuerpo, un corazón, quedando la historia que os une manchada con sangre resaca.

Todo confluye en un nombre: Bioy. Un coro de voces narra cómo la vida puede estar enlazada, de la manera más siniestra, a un nombre propio. Una mujer violada hace años, un policía infiltrado en una red de narcotráfico, un niño que busca salvarse a través de odio y una madre que tiene que hacer su último sacrificio: confesar los crímenes de su hijo. Porque todo es parte de un mismo nombre: Bioy.

Diego Trelles Paz es uno de esos jóvenes talentos que, gracias a Destino, podemos conocer a través de sus palabras. Una historia de violencia extrema, de las injusticias que dan la mano a las dictaduras, y sobre todo, la historia de un destino truncado ya desde el nacimiento. No hay palabras bonitas para describir el horror, y eso el autor lo sabe. No hay argumentos suaves para describir cómo el ser humano puede cometer los crímenes más atroces por el instinto de supervivencia. Y ahí está el acierto lectores. “Bioy” no es sólo un nombre, es el nombre que lo inunda y ensucia todo. Es aquél que nos mira desde la novela y por el que sentimos compasión, ira, miedo e incluso simpatía. Es un nombre como cualquier otro, pero con una historia, con una vida que se cuenta a través de las balas y la droga. Es un individuo que nadie conoce a la perfección, pero al que entendemos de alguna forma. Y en un instante, cuando la historia nos presenta a otros personajes, nos damos cuenta que “Bioy” es el mundo entero, es el retrato de una sociedad que no tiene en cuenta las consecuencias, pero que maneja el miedo, el terror, de una forma magistral. Diego Trelles Paz ha escrito un clásico, uno de esos personajes que se recordarán siempre, que aunque no aparezcan mucho en primera persona, podemos conocer a través de las voces de otros personajes. Esta novela es la historia de “Bioy” pero también es la historia de todos aquellos a los que alguna vez jodió la vida, la existencia.

La violencia es un golpe seco, es un agujero en el estómago mientras el último aliento sale por la garganta, es una caída desde el piso número doce de algún edificio moderno. La violencia en “Bioy” es fruto del aprendizaje, de los atajos que hemos cogido en la vida y que nos llevan, nos arrastran, como las olas que golpean un cuerpo sin vida en la orilla, hacia un túnel demasiado oscuro. La violencia tiene un sentido, una explicación. Y, a veces, entendemos esa violencia porque es lo único que nos queda para seguir con vida.

Porque cuando la vida se escapa, mientras se van agotando nuestros últimos minutos de vida, lo único que nos queda es recordar aquello que hemos vivido… y contarlo.

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