
Bioy, de Diego Trelles Paz

El sudor resbala por el gatillo. La bala está lista para salir, mientras la ruleta da vueltas. De un lado tenemos al verdugo. Del otro, a la víctima. ¿O es quizás el asesino? ¿Acaso la persona que tenemos en frente, encañonada, es aquel que nos ha arruinado la vida, aquel que ha arruinado la de todos y merece morir? El dedo va aproximándose. Está a punto de pulsar el resorte que hará que la bala se incruste en la cabeza. El viento sopla con fuerza, enmarañando la corta melena de la persona que tenemos en frente. Puede masticarse la violencia, el rencor. Los dos vivís en un mundo de venganza. Y al final, cuando el dedo aprieta el gatillo, la bala destrozará un cuerpo, un corazón, quedando la historia que os une manchada con sangre resaca.
Todo confluye en un nombre: Bioy. Un coro de voces narra cómo la vida puede estar enlazada, de la manera más siniestra, a un nombre propio. Una mujer violada hace años, un policía infiltrado en una red de narcotráfico, un niño que busca salvarse a través de odio y una madre que tiene que hacer su último sacrificio: confesar los crímenes de su hijo. Porque todo es parte de un mismo nombre: Bioy.