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Cartas a un buscador de sí mismo

Cartas a un buscador de sí mismo

Cartas a un buscador de sí mismo, de Henry David Thoreau

Cartas a un buscador de sí mismo

Este volumen recoge las cartas que Henry David Thoreau escribió a su paisano Harrison G. O. Blake en respuesta a la demanda de este de una cierta guía espiritual mediante la que orientarse en la vida, lo cual sea probablemente la razón por la que su pensamiento se expone de una forma tan cercana, amena y clara. El pensamiento de Thoreau, de raíz cristiana, cuyos ejes podrían ser la no violencia y la comunión con la naturaleza, se asoma a estas páginas en medio de una gran erudición, de unas preocupaciones políticas que el autor dice no sentir aunque haga continuas referencias a ella, y, sobre todo, de una prosa cuidada y de valores literarios indudables que confiere al conjunto un gran belleza que complementa a la perfección el indudable interés del trascendente contenido para regalarnos una obra magnífica. Como dijo el propio destinatario de las Cartas a un buscador de sí mismo: “Y, sin embargo, sé que estas cartas siguen viajando en el correo, que en cierto sentido aun no me han llegado, y probablemente no lo harán mientras viva. De hecho, puede decirse que estas cartas están desde siempre dirigidas a quien mejor pueda leerlas”.

Lo que puede expresarse con palabras puede expresarse con nuestra vida […] Si busca persuadir a alguien de que hace mal, actúe bien. Que no le importe si no lo convence. Los hombres creen en lo que ven. Consigamos que vean.
Siga con su vida, persista en ella, gire alrededor, como hace un perro alrededor del coche de su amo. Haga lo que ame. Conozca bien de qué está hecho, roa sus propios huesos, entiérrelos y desentiérrelos para roerlos de nuevo. No sea demasiado moral. Sería como hacer trampas con uno mismo. Sitúese por encima de los principios morales. No sea simplemente bueno, sea bueno por algo. Todas las fábulas tienen su moraleja, pero a los inocentes lo que les gusta es escuchar la historia
Siempre trato, por utilizar una expresión que usa el propio Thoreau en estas Cartas a un buscador de sí mismo, de sazonar las reseñas con un poco de sal ática, pero el temor a que con ese único sazonador en cuyo uso no soy especialmente diestro produzca un resultado final soso me suele llevar a recurrir a otras alternativas, y el recurso más habitual, ya lo saben quienes sigan estas reseñas, acostumbra a ser ruso, que en el caso de estas Cartas a un buscador de sí mismo, es muy apropiado por el paralelismo vital y filosófico del autor y Tolstói, quien se reconoció influenciado por Thoreau en su ensayo El reino de Dios está en vosotros. Lo que me resulta paradójico es que siendo el primero, en lo que se refiere a la ficción, un literato mucho más dotado que el segundo, las cartas de Thoreau tengan una prosa mucho más cuidada que las del maestro ruso.

Sobre cómo impedir que se pudran las patatas, su opinión bien puede cambiar de año en año, pero sobre cómo impedir que se pudra el alma, no tengo nada que aprender, sino algo que poner en práctica

Se expone en estas Cartas a un buscador de sí mismo, por tanto, un pensamiento que aboga por un retorno a la vida sencilla, una defensa de la simplicidad hecha en un momento en que se vivía una existencia menos complicada que ahora lo que, lógicamente, lo hace más actual, más vigente, más necesario:

No permita que los periódicos tomen posesión de nuestra vida. […] Si había alguna institución que se presumía asentada sobre pilares sólidos y seguros, y que como ninguna otra representaba este tan jactancioso sentido común, la prudencia, y el talento práctico, ésa era la banca, y ahora resulta que esos bancos son simples juncos sacudidos por el viento. Apenas ningún banco del país ha cumplido su promesa.

Thoreau se retiró durante dos años a vivir en el bosque, en una cabaña que construyó él mismo, experiencia que narró posteriormente en so obra Walden, y ese amor por la naturaleza como objetivo pero también como forma de vida, poesía y praxis, está muy presente en estas cartas. Su afición a los largos paseos, a la acampada, a la contemplación de la naturaleza recorre las páginas de Cartas a un buscador de sí mismo como él gustaba de recorrer los bosques cercanos a su casa. Tal vez por eso el tono general no sea sombrío y farragoso, como son en ocasiones las obras prodigas en reflexiones, sino optimista y dinámico. Un verdadero placer lector.

Hemos de saber qué significan la vida y la muerte antes de que podamos seguir nuestro propio camino. Aprendamos el “abc” lo antes posible. Aún no he tenido noticia de que el so, haya sido derribado y empujado rodando a un charco de barro: aparece brillando honorablemente después de cada tormenta. Alineémonos, pues, con el sol, ya que tenemos tanto tiempo libre. No gastemos tanto en una misma pelota para darle patadas, cuando una vejiga sirve para lo mismo.

Andrés Barrero
andres@librosyliteratura.es
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