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Sangre y pertenencia, de Michael Ignatieff

Sangre y pertenencia

Sangre y pertenenciaSería muy fácil hacer un análisis del título. Podríamos empezar con ese concepto tan apasionado e irracional como es “la sangre”, que es ese sitio donde los nacionalistas lo llevan todo: sus sentimientos, su historia, su cultura, su lengua, su cepillo de dientes y un par de mudas. Luego continuaríamos con el otro concepto, el de la pertenencia, igual  de apasionado e irracional, pero con el valor añadido de su infantilismo. “Esto es mío”. “Tú no eres de aquí”. Podríamos pasar después a analizar la acertadísima portada, pero entonces quizá no nos quedaría sitio para hablar del contenido del libro, que es brillante de principio a fin.

Sangre y pertenencia tiene también un jugoso subtítulo que, no tardamos en descubrir, es marcada y quizá involuntariamente irónico: “Viajes al nuevo nacionalismo”. La palabra clave aquí es, desde luego, “nuevo”. Nadie quiere saber nada del viejo nacionalismo, responsable de algunos de los momentos estelares del siglo XX y, por ello, desde hace tiempo completamente desacreditado. Nada que ver con el nuevo nacionalismo, parece sugerir ese subtítulo. Hasta que Ignatieff, apenas iniciado el libro, tranquiliza a este lector:

Con una ingenua ligereza, asumimos que el mundo dejaba atrás el nacionalismo irrevocablemente, el tribalismo, los límites provincianos de las identidades marcadas por nuestros pasaportes, de camino a una cultura global de mercado que iba a ser nuestro nuevo hogar. Visto ahora, silbábamos en la oscuridad. Lo que estaba reprimido ha vuelto, y su nombre es nacionalismo.

En este libro, que el autor escribió en 1993 a la par que se rodaba la serie documental de la BBC del mismo título, Ignatieff se propuso estudiar seis ejemplos de nacionalismo sobre los que apuntaban, a la sazón, los focos del mundo entero: Serbia y Croacia, tras la desintegración de Yugoslavia; Alemania, tras la reunificación; Ucrania, tras su independencia; Quebec, donde el independentismo llevaba décadas en constante aumento; Kurdistán, un pueblo dividido entre cinco países; e Irlanda del Norte, que ostentaba el triste récord de ser la democracia con más asesinatos politicos de todo el mundo.

Llegado este momento, hay que dejar que las ideas de Ignatieff se abran paso ante la interesada lectura de servidor, que, por si no lo habíais sospechado, tiene cosas más importantes que hacer que ser nacionalista: peinarme, hurgarme la nariz y asar castañas. Quiero decir con ello que sería injusto pensar que el autor se propuso escribir un libro contra el nacionalismo. Michael Ignatieff es un periodista y académico demasiado prestigioso como para dejarse llevar por prejuicios tan injustos como los míos.

Una de las premisas centrales de la obra es la que distingue entre el nacionalismo étnico, el de la sangre y el terruño, y el nacionalismo cívico, al cual se adscribe el mismo Ignatieff, hijo de ruso, canadiense de nacimiento, que ha vivido en varios países y está casado con una húngara. El nacionalismo cívico, según Ignatieff, mantiene que “la nación debe estar formada por todos aquellos que suscriben el credo político de la nación, independientemente de su raza, color, fe, género, lengua o etnia. (…) Se llama cívico porque considera a la nación como una comunidad de ciudadanos iguales, poseedores de derechos” [y es] “necesariamente democrático ya que la soberanía reside en todo el pueblo”. Palabras tan sensatas que todos intentan apropiárselas. Los nacionalistas étnicos más que nadie.

Es un gran acierto, pues, por parte del autor, definirse ideológicamente desde el primer momento y, a la luz de esa autodefinición, analizar seis casos de nacionalismo radicalmente diferentes unos de otros. Tanto es así que el libro sorprende, entre otras cosas, por su variedad. El acercamiento de Ignatieff a cada uno de los seis casos es diferente del anterior. En el caso de Serbia y Croacia, por ejemplo, da especial relevancia a la historia, mientras que en Alemania se centra en una interesante cuestión que nos plantea de esta forma:

Coja una nación y divídala en dos estados independientes. Asegúrese de que estos dos estados encarnen filosofías y formas de organización social opuestas. (…) Coloque un muro entre ambos estados e impida, tanto como sea posible, cualquier comunicación entre ellos. Transcurridos cuarenta y cinco años, retire el muro. Haga saber a la población que el experimento ha concluido y que en adelante son, de nuevo, una única nación.

¿Seguirían siendo una sola nación?

En todos estos viajes asistimos a escenas emocionantes, como cuando en Ucrania el autor viaja al pueblo donde vivió su abuelo y habla con personas que lo conocieron; escuchamos diferentes versiones de la situación de cada país, nos deleitamos con la claridad con que Ignatieff expone sus ideas y, sobre todo, aprendemos a entender (entender simplemente es casi imposible, ¿no?) el mundo actual, desde el Brexit hasta esos viejísimos populismos con nueva envoltura. Una lectura iluminadora y apasionante.

El futuro no es prisionero del pasado. Sólo los nacionalistas creen eso.

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El pequeño libro del plagio

El pequeño libro del plagio, de Richard Posner

Diría que la idea central de esta pequeña gran fuente de reflexión no es tanto el plagio en sí mismo como su evolución, el hecho palmario de que, aplicando los estándares universalmente aceptados a día de hoy, es probable que hubiera que haber condenado por plagiarios a escritores tan notables como Shakespeare o Sterne. El pequeño libro del plagio es un texto serio que desde luego no cuestiona la vigencia ni legal ni moral de los derechos de autor, pero que sí invita a reflexionar sobre el plagio ampliando la visión de campo, incluyendo en el debate conceptos como autoplagio, imitación creativa y, en fin, algunos casos reales llamativos que ilustran a la perfección la argumentación del autor. No es que tuviera ninguna obligación de serlo, pero el libro no es tan provocador como podría haber sido (no en vano Richard Posner, el autor, es juez). Yo, dicho sea de paso, no lo soy. Juez, quiero decir, que provocador tampoco acostumbro a serlo pero es probable que hoy, por una vez, haga una excepción. Sigue leyendo El pequeño libro del plagio

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Libros y Novedades 142

Boletín de novedades. Junio 2013 – 24

 
Me llamo Lucas y no soy un perro,
de Fernando Delgado
Un amigo en la ciudad,
de Juan Aparicio Belmonte
El pequeño libro del plagio,
de Richard Posner

En Libros y Literatura vamos cerrando el trimestre y la semana con nuestra mejor intención: la de descubriros nuevos libros que os sigan produciendo ganas de disfrutar con la lectura.

Hoy os traemos dos novelas sorprendentes y deliciosas. La primera de ellas es Me llamo Lucas y no soy un perro, de Fernando Delgado, una encantadora historia familiar contada desde el punto de vista de un perro. La otra es Un amigo en la ciudad, de Juan Aparicio, que nos pone en la piel de un hombre que un buen día empieza a sentir que nada en su vida encaja. Acabamos el boletín de novedades editoriales con una propuesta diferente: el lúcido e interesante ensayo de Richard Posner titulado El pequeño libro del plagio.

¡Felices lecturas!
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