La ratonera

La ratonera, de Gordon Reece

La ratonera

Vaya, vaya, vaya. ¿Qué tenemos aquí? Pues, exactamente, una novela que parece una mosquita muerta pero tiene intríngulis. Mucho intríngulis, en realidad. La ambientación y los datos biográficos del autor, Gordon Reece, ilustrador para niños y jóvenes, nos sitúa imaginariamente ante una especie de revisitación de Enid Blyton, con recogidas casitas en plena bucólica campiña inglesa, una adolescente de 15 años como protagonista, paseos en bicicleta, grandes tazones de leche tibia o de cacao antes de acostarse y alguna inofensiva aventura con final previsible. Luego, al seguir leyendo –“Shelley, la protagonista, se está recuperando de un acoso escolar en el que le quemaron el pelo”–, rectificamos: bien, edificante novela juvenil sobre el problema del acoso y de cómo la valiente jovencita supera su adversidad. Pues tampoco.

O, casi, tampoco. Importante matiz.

 

Y es que La ratonera es una novela extraña, atípica. En realidad, es apta tanto para jóvenes como para adultos. No sabría clasificarla: es, parte, novela de fuerte intriga psicológica; parte, parodia con mucha retranca de las novelas para jovencitas en las que la mujercita en ciernes se enfrenta al mundo y accede a la edad adulta; y, parte, también, novela que atañe sincera y directamente al público juvenil, pues puede leerse como el diario de una quinceañera en plena formación, llena de contradicciones, de autoengaños, de nostalgias, de necesidades y de curiosidad.

En La ratonera, Gordon Reece nos presenta a Shelley, la adolescente en cuestión, quien, como ya hemos dicho, es víctima de acoso escolar. Esa parte está especialmente bien escrita, sin cortapisas aunque sin regodeos, y se nota que Reece sabe de qué está hablando: muestra el calvario de Shelley tal como es y, seguramente, reproduce situaciones que muchos jóvenes padecen en el mundo real. El acoso de Shelley no guarda relación directa con el nudo de la trama pero, en realidad, es una parte clave de la novela, sin la cual es imposible dar pleno sentido a todo lo que le sucede a continuación a Shelley.

La ratonera no es otra cosa que una novela de paso de la adolescencia a la madurez; lo que en inglés se da en llamar coming–of–age. En el caso de Shelley, es un paso algo sui generis, pero no por ello menos realista, y el mensaje que guarda para los lectores no es menos válido que el de una novela más al uso del mismo género. Al principio, y debido a sus circunstancias, Shelley es un ratoncito sumiso y resignado que acepta todo lo que le sucede con apatía, casi sin sentir nada ni querer nada mejor para sí misma. Es digna hija de su madre, una abogada brillante pero condenada a un puesto de trabajo mediocre y mal pagado; ella es también un ratoncito.

Como suele suceder con muchas novelas, lo mejor es leer La ratonera habiendo leído sobre ella lo menos posible; el lector no habrá de reprimir su impaciencia largo rato, pues las 288 páginas de La ratonera se leen muy rápido. La escritura de Gordon Reece es ágil, y la concatenación de sucesos es rápida y absorbente, de tal forma que el suspense nos lleva de una estampa a otra sin darnos cuenta. La acción propiamente dicha se encadena bien con las reflexiones de Shelley, quien nos cuenta su propia historia desde una óptica que no ahorra nada al lector.

Shelley es un personaje fascinante, lleno de ambigüedades y de extremos que, sin embargo, nos resultan perfectamente naturales, y su voz narrativa en ningún momento nos parece una impostura, sino que es muy fácil creer que es, efectivamente, una adolescente quien nos está hablando desde las páginas de La ratonera.

La novela puede leerse, ya lo decimos, como una intriga psicológica muy inglesa, contada con la refinada y sardónica crueldad de Patricia Highsmith o de Ruth Rendell. Sin embargo, más que la emoción o el suspense, prevalece el mensaje que la propia Shelley escribe como parte de una redacción sobre Macbeth: en realidad, el ser humano no tiene personalidad, no existe tal cosa, sino que es la suma de nuestros actos lo que nos define.

Inquietante y recomendable novela, la de Gordon Reece.

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