Maneras de irse

Reseña del libro “Maneras de irse”, de Sònia Hernández

Salir despedida por la fuerza centrífuga de una relación, arrojarse a la existencia, Dasein, el gusano de Donnie Darko, estar como ausente, proyectarse en una idea, en un trabajo, en un referente. La muerte. Todas estas son Maneras de irse y algunas de ellas no están entre los relatos de Sonia Hernández. Pero del mismo modo que estar en el mundo es distinto para cada ser humano, la presencia y la ausencia se definen de manera diversa en cada historia de vida. “Como siempre fui incapaz de percibir la realidad por mí misma, pues aceptaba agradecida las descripciones y las narraciones de los demás. Las tomaba como propias” (relato “No hablar nunca más”, p. 89).

Si el hilo narrativo que cose la selección de relatos de Maneras de irse fuera un personaje de la historia, bien podría ser un francés existencialista. En cada anécdota se asoma un tópico de la filosofía. Tópico en el sentido de “lugar”, topos. Lugar por el que transitan los personajes y tú que lo estás leyendo en ese alejarse o huir del núcleo dramático. Por supuesto, uno de los temas es el exilio. “Filosóficamente todos somos exiliados porque desde el momento en que nacemos somos expulsados del verdadero lugar al que pertenecemos” (relato “Balonmano y obsidiana en Teotihuacán”, p.112)

La pregunta que recorre el libro y toda existencia es: ¿se puede perder a alguien que nunca se ha tenido? Estar presente y ausente son formas de vivir, pero el sentido de la pérdida implica el necesario reajuste en el proyecto vital. Muchas de nuestras decisiones están basadas en la relación con los otros: tu pareja, tu madre, tu hija o tus amigos. Si dejan de estar presentes, aunque solo sea porque no les prestas atención, puedes considerarlo una pérdida. Se cae el protagonista o el antagonista de la historia. “Me aturde pensar que había llamado para despedirse y no tuve la generosidad suficiente para que pudiera hacerlo” (relato “Génesis de fondo”, p.40)

¿Has escrito un libro y quieres que lo leamos?

En los trece relatos de Maneras de irse vas a leer más un cuestionamiento que una respuesta. Aquí hay una escritora que domina la palabra y sus flexiones, que busca entender situaciones. Los modelos que manejamos no suelen ayudar. Ya sabes, la idea de que cada vez que se rompe una relación afectiva es como “empezar de nuevo”. ¿Qué te parecería verlo como una vuelta más de la espiral, un movimiento fractal circular más que una línea o una escalera con sus requiebros? “Mirar hacia al horizonte es dar por hecho que puedes seguir avanzando hacia algún punto. Quienes no lo ven, por tanto, no pueden caminar hacia delante” (relato “He soñado que volaba” p. 28).

En cada página de Maneras de irse podrás apreciar las “tablas” de Sonia Hernández. “El talento siempre le pareció una sustancia de una textura pegajosa, densa y pesada” (relato “Un radical del no”, p.68). Una autora acostumbrada a reflexionar sobre las palabras y la existencia que juega con las narraciones y los referentes. Son textos con muchas capas para ser releídos, de esos libros que cuando los terminas, te quedas un rato abrazándolos pensando en lo generosa que ha sido la autora dándote tantos mundos para explorar. “Que nos cuentes historias sirve para que conozcamos las posibilidades del ser, es decir, lo que puede suceder a otras personas en otros momentos y en otros lugares: los fenómenos en los que se puede manifestar la vida” (relato “Maneras de irse”, p. 136).

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