
El dios de las pequeñas cosas, de Arundhati Roy

El dios de las pequeñas cosas, un libro que, al parecer, es semi-auto-biográfico y en el que la autora, hija de de una madre cristiana Siria-ortodoxa y de un padre indú, nos traslada, tras cuatro años de duro trabajo para cerrar la historia, y a través de un narrador omnisciente, (en el que no creo que haga un gran esfuerzo por esconderse ella misma), al estado de Kerala, situado al sur de la India. Allí asienta a esta saga familiar a la que va desplazando, muy lentamente, del pasado al presente y del presente al pasado a través con una dolorida y dolorosa prosa poética que llena todo el ambiente. Dolor.
Ella: Rahel y El: Estha, dos gemelos heterocigóticos nacidos en los años sesenta, de una madre sola y dolorida, que se vieron, por esas pequeñas cosas de la vida, obligados a vivir más de veinte años separados. Separados y solos. Soledad indeseada y dolorosa. Dolor y Soledad.
Se me hacía extraño ese narrador del libro, y necesitaba que fuese Rahel quien me contara la historia; se me hacía extraño ese angustioso paisaje, y necesitaba que fuese Rahel quien me transportase hasta él; y ella, que sí podía, debía hacerlo; y ella, sola y dolorida, lo ha hecho. Y ella, ahora autora, ha logrado dejar a esta lectora sorprendida, dolorida y también sola, muy sola.
Este podría ser el final de la reseña de este estupendo libro. Pero por efecto de esas pequeñas cosas, casi nada es nunca lo que parece.
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