
El frente ruso, de Jean-Claude Lalumière

Una divertida sátira sobre el funcionariado y el mundo laboral, pero también una reflexión sobre la manera en que dejamos escapar nuestros sueños.
Acababa de terminar de leer un libro bastante dramático y otro muy denso y complejo; dos títulos magníficos, pero que me habían supuesto un cierto esfuerzo emocional o de concentración, según el caso. Y uno ya no está para esos trotes. Como además tenía pendiente otra novela que no prometía ser sencilla, me apetecía intercalar una lectura más ligera y amena, uno de esos libros escritos con la única pretensión de entretener al lector. Por lo que sabía, El frente ruso era el candidato ideal.
Fíjense; no sé si estarán de acuerdo, pero tengo la sensación de que al decir esto estoy enviando la novela de debut de Jean-Claude Lalumière a la segunda división de la literatura. Parece que no solemos sentir demasiado respeto por la comedia y que un texto que divierte es inevitablemente un texto menor. Y es curioso, porque en nuestra vida cotidiana siempre tendemos, por lo general, a buscar el entretenimiento, la alegría, la risa. Pero con un libro en las manos no, esto de leer es una cosa seria y sólo recurrimos a los libros divertidos para prepararnos mejor para el próximo drama o el siguiente ensayo metafísico.

