
El hogar de Miss Peregrine para niños peculiares, de Ransom Riggs

Pregunta: ¿qué es una mezcla de Roald Dahl y Los Goonies (1985)? Probablemente, la primera reacción sea el desconcierto. Si ustedes esperan unos cuantos segundos, pequeños minutos incluso, de seguro encontraran la respuesta un poco más abajo en esta reseña. Pero si son como yo, uno de esos lectores ávidos de respuestas inmediatas, a los que les pica la curiosidad por encima de todo y quieren saber antes que nadie por qué he empezado a hablar con esa pregunta, les diré lo siguiente: como si fueran dos caminos que confluyen en un punto determinado, “El hogar de Miss Peregrine para niños peculiares” es, ni más ni menos, la heredera perfecta de ese mundo de fantasía que nos hizo vivir el autor de “Matilda” o “Charlie y la fábrica de chocolate” y de esas aventuras que vivían un grupo de niños en la pantalla grande y que, como era de esperar, permanecen en nuestra memoria con un cariño especial. ¿Una comparación desmedida? Si lo creen, es porque todavía no han leído esta historia, y porque tampoco han leído esta reseña. Palabra de un niño aventurero.
Jacob tiene un lazo estrecho con su abuelo, a través de las historias que éste le cuenta sobre niños especiales que vivieron con él en la infancia. Pero a medida que Jacob se va haciendo mayor, piensa que su abuelo se lo ha inventado todo. Hasta que la muerte del anciano le hace emprender un viaje para conocer la verdad de las historias en la que encontrará respuestas, y un peligro que jamás llegó a imaginar.


