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Pigmalión, de Bernard Shaw

Pigmalión

Abre Bernard Shaw el prefacio de su obra de teatro más representativa, Pigmalión con un apunte mordaz sobre el modo de hablar de los ingleses: “Los ingleses no tienen respeto a su idioma y no quieren enseñar a sus hijos a hablarlo […]. El inglés no suena claro ni para oídos ingleses”. En solo un párrafo, sin tan siquiera subir el telón, se adivina una obra, cuanto menos, crítica, irreverente y llena de matices socioculturales. Pero es que, además, cuando comienzan a pasear personajes por los distintos actos, la obra se vuelve aún más interesante, divertida y emotiva. Los ingleses…

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