Publicado el

Tom Strong: Libro 01, de Alan Moore y Chris Sprouse

Tom Strong

Tom StrongSiempre he pensado que los cómics son para el verano. Y esto lo dice alguien que lee cómics todo el año. Pero hay algo en la época estival que le otorga un plus de idoneidad a eso de sentarse ante viñetas y viñetas en las largas tardes de julio y agosto. Naves nodrizas colonizando nuevos planetas, mutantes en guerra constante por el derecho de pertenecer o noches alargadas hasta la extenuación en pro de la lucha contra el crimen organizado. Sólo de pensarlo se me ensancha la sonrisa y el viaje atrás en el tiempo está asegurado. Creo que leer cómics me hace contactar directamente con mi yo adolescente, preguntarle qué tal todo, cómo van todas esas expectativas imposibles de cumplir. En verano ese canal de comunicación es más sólido. De algún modo, más auténtico. Debido a ello, haber leído las maravillosas historias que nos presenta Tom Strong: Libro 01 editado por ECC me ha dado más de una alegría. Y es que reinventar a un héroe de mediados del siglo XX con toda la nostalgia y el pulp que requiere dicho acto alquímico sólo podría salirle bien a alguien como Alan Moore.

Pero, ¿quién es Tom Strong? Criado en la isla perdida de Attabar Teru por unos padres cuya fe en la ciencia hace que confundan educación con experimentación, Tom Strong es un niño que desarrolla una serie de habilidades extraordinarias gracias al control férreo de los factores a los que queda expuesto durante sus primeros años de formación. Entre dichas habilidades se encuentra la cuasi inmortalidad otorgada por la raíz de goloka, una droga manufacturada por los nativos de la isla en la que pasa sus primeros años. Pero es tras la pérdida de dichos progenitores y su salida al exterior cuando Tom Strong empieza la verdadera e infinita aventura que protagoniza. Acompañado por Dhalua, su esposa; Tesla, la hija de ambos; Pneuman, un androide cuyo prototipo diseñó su padre; y Solomón, un gorila con una inteligencia sobre humana y la capacidad de hablar propia de un inglés bien educado; Tom tendrá que hacer frente a todas las amenazas del mundo conocido. Estos cinco personajes aterrizarán en Millenium City para encontrarse con un elenco de villanos que hará las maravillas de todo aquel que disfrutara en su momento de viejos cómics americanos de colores chillones y desarrollo ingenuo y genuino.

No quiero dejar pasar la oportunidad de hablar de Millenium City. Superman no sería el héroe que es sin Metrópolis. Del mismo modo no podríamos definir a Batman si quitásemos de la ecuación a la omnipresente Gotham. Algo parecido sucede con Millenium City. Ubicada cerca de Nueva York, esta ciudad representa como en los anteriores casos todas las bondades y defectos del superhéroe al que hospeda. Rascacielos flamantes, medios de transporte que recorren la ciudad por tierra y aire. Y es que la ciencia se ha desarrollado de forma óptima y se ha puesto al servicio de los ciudadanos, entre los que se encuentra Tom Strong. La mayor parte de las victorias que se adjudica nuestro protagonista se debe a inventos científicos y al uso de la razón. Me ha sorprendido cómo en muchas ocasiones, y quiero decir muchas, la forma de vencer al enemigo de turno es dialogando con él y llegando a una especie de acuerdo. Sí, hay instrumentos de todo tipo para amenizar la tarea. Máquinas del tiempo y aerodeslizadores interdimensionales. Pero al final del día todo se reduce a Tom y a un villano llegando a un punto de entendimiento. Un lugar en el que ambas posturas puedan sobrevivir. No recuerdo si en los 14 capítulos que componen este primer tomo, alguno de ellos acaba en la cárcel o muerto. Puede que algún secuaz haya caído en el fuego cruzado de las preliminares. Pero las conclusiones finales, ese punto álgido de desenlace, brillan por carecer de bajas. Y este paroxismo mediático se debe a que la ciudad en la que nos encontramos, Millenium City, se alimenta del avance de la ciencia y de la evolución del hombre del nuevo siglo, dejando de lado cualquier tipo de barbarismo.

El dibujo de Chris Sprouse, que ya pudimos ver en El Multiverso, es asombroso y lleva las ideas de Alan Moore a un plano visual que tiene coherencia con ese flashback nostálgico que representa Tom Strong. Porque aquí hay un homenaje y una sátira, todo junto, todo mezclado. A veces Moore juega con nuestra memoria y con el recuerdo feliz de cómo funcionaba el mundo del cómic hace años. Y como homenaje Tom Strong brilla y conquista al lector con unas aventuras que siempre se solucionan al final de cada capítulo. Unas historias que nos devuelven, como decía al principio, a un estado de gracia casi infantil. Pero no descarto la posibilidad de que Moore también esté criticando justo eso. La falta de tonos grises en unas historias que poco tenían que ver con el mundo real. Historias en las que los buenos no tenían flaquezas y estaban lejos de la corrupción. Y decir esto del hombre que nos trajo Watchmen es otorgarle a esta dualidad un peso mucho mayor. Es como si Alan Moore hubiese retorcido aquellos libros de Elige tu propia aventura a un nuevo nivel, usando la moral del lector para que sea éste quien decida ante que tipo de cómic se encuentra. Elijas la opción que elijas, es innegable que este primer tomo de Tom Strong es una auténtica maravilla y el cuidado extremo que han puesto los chicos de ECC en esta edición hace que se haya convertido en lectura obligada para estos meses de verano.

[product sku= 9788417071448 ]
Publicado el

El Multiverso, de Grant Morrison

El multiverso

El multiversoEl Multiverso DC empezó a dar sus tímidos pasitos en la Edad de Oro, pero no fue hasta la Edad de Plata cuando realmente emergió como un concepto para dar sentido a la existencia de diferentes versiones de los personajes de la editorial. Entonces el multiverso creció y creció, se expandió tornándose algo complejo y confuso que traería, a partes iguales, quebraderos de cabeza e hitos en la historia del cómic.

Flash de dos mundos, cómic aparecido a principios de los 60, sería el percutor para empezar a cruzar historias entre mundos paralelos. En el cómic en cuestión Barry Allen se trasladaba a una tierra alternativa en donde conocía a Jay Garrick, el Flash de la Edad de Oro. Con este hecho Allen descubría dos cosas: que lo que es ficción en un mundo en otro es real y que las diferentes tierras vibraban en una frecuencia específica. Conocer esa frecuencia era el primer paso para viajar de una a otra. Así nacieron Tierra-Uno y Tierra-Dos; las dos primeras de un sinfín de nuevas tierras. ¿Me seguís? ¿Todavía estáis ahí?

Con la creación de las diferentes tierras, DC ya tenía una excusa para ir ubicando no solo diferentes versiones de sus superhéroes más icónicos (Superman, Batman , Wonder Woman, etcétera), sino que además encontró un lugar para todos esos personajes que fueron llegando a medida que DC iba adquiriendo nuevos sellos editoriales. Y todo esto hubiera estado muy bien si se hubiera conservado cierto orden. Se intentó, pero algunos guionistas descuidados juntaban a personajes de diferentes tierras sin hacerlos trasladarse previamente; otros simplemente crearon errores garrafales de continuidad. El caos se apoderó del multiverso.

Había que poner orden en el caos, y para ello en ocasiones es necesario destruirlo todo para volver a empezar; fue entonces cuando nació la miniserie Crisis en Tierras Infinitas. En este colosal crossover un peligro a nivel multiverso fue la solución para simplificar el concepto, eliminando tierras paralelas y fusionando otras. Vaya jaleo, ¿eh? Venga, una aspirina y continuamos.

A pesar de que ya se había establecido cierto orden, el concepto de multiverso era demasiado suculento como para dejarlo escapar, así que tras muchas historias con más o menos éxito DC lo recuperó para una serie denominada 52 en la que finalmente se definieron ciertas normas y parámetros, además de tierras paralelas limitadas para que la anarquía no volviera a reinar. Luego Flash (de nuevo Barry Allen en el epicentro del tinglado) en Flashpoint, y sus malabares con las líneas temporales, sería la excusa perfecta para reiniciar algunas series y retomar otras que habían quedado en suspenso.

Bien, ahora que ya os he puesto en contexto, y si todavía queda alguien leyendo, o que todavía no se haya dormido, podemos continuar con El Multiverso de Grant Morrison, serie de nueve números en la que el guionista escocés nos revela el Multiverso DC, el definitivo, pero que además aprovecha tal coyuntura para dar un merecido homenaje al Crisis en Tierras Infinitas de 1985.

El Multiverso se inicia con una llamada de auxilio, un S.O.S. recibido por Nix Uotan y su compañero, el mono conocido por Sr.Stubbs. Como buenos investigadores multiversales se trasladarán a la tierra que ha lanzado la llamada de auxilio para encontrarse con que unos seres que se hacen llamar La Nobleza han destruido Tierra-7. Este primer número esboza los fundamentos que hallaremos en las otras ocho historias. Diferentes tierras y cada una con su crisis particular. Y como nexo de unión un cómic “maldito” que no tiene mayor relevancia que la de hacer que los personajes progresen en sus respectivas tramas y que el lector visite diferentes tierras.

Cada una de esas tierras nos mostrará sus principales héroes o villanos y las alteraciones ocurridas en esos mundos. Así pues, en Mastermen, con Jim Lee a los lápices, se nos revela una realidad alternativa en la que los nazis ganaron la Segunda Guerra Mundial con ayuda de una Liga de la Justicia nazi. Ucronía típica, y utilizada hasta el hastío en la ciencia ficción, pero que sigue funcionando si a los villanos les siembras una chispa de conciencia y moralidad. Con todo, no es esta la mejor de las historias. Tampoco lo es La Sociedad de los Superhéroes, en la que Tierra-20 y Tierra-40 se sincronizan con consecuencias catastróficas. Fascinante narración que junto al dibujo de Chris Sprouse se convierte en una bonita oda a los cómics clásicos de superhéroes.

Pax Americana y Ultra Cómics son los robustos pilares de este tomo integral editado por ECC. El primero es una historia repleta de simbología, de cariz paradójica y de armonía milimétrica que funciona como un motor bien engrasado. Un cómic que homenajea a Watchmen tomando algunos de los conceptos que planteó Alan Moore, pero dándoles una nueva vuelta de tuerca que obliga al lector a releer una y otra vez (a veces del final hacia el inicio) para descubrir las diferentes capas que confeccionan el relato. Frank Quitely, con su capacidad de dibujar rostros duros y marcados, su detallismo en cada insignificante elemento y la forma excepcional de disponer viñetas, vuelve a demostrar ser la mitad perfecta para completar ese consorte artístico que resultan ser él y Morrison.

Ultra Cómics es Grant Morrison en estado puro. Ese Grant Morrison que a más de uno nos hace pensar si este hombre hace uso de algún tipo de narcóticos para crear sus guiones. Ultra Cómics es un héroe pero también resulta ser el cómic que está infectando el multiverso. Un ejercicio soberbio de metaliteratura y de narración presuntuosa que alcanza su objetivo cada vez que el personaje rompe la cuarta pared para hablar con el lector y obligarlo a no seguir leyendo. Pero si entráis en el juego que plantea Morrison, si os prestáis a ello, llegaréis hasta ese clímax que resulta tan ambiguo como abierto; tal vez una invitación para que alguien más pueda recoger el testigo y continuar con la labor de añadir más matices al multiverso.

El Multiverso es una serie tan brillante como difícil de definir (con Grant Morrison siempre lo es), un cómic que es solo una sublime muestra de la poliédrica configuración que puede llegar a tomar toda historia que penetre en los cimientos del Multiverso DC.

[product sku= 9788417063719 ]