
Tu rostro con la marea, de Fernando García de Cortázar

Me encantan los libros que hacen que me levante de la cómoda butaca en la que leo y encienda el ordenador para consultar en Google y saber más acerca de lo que estoy leyendo o simplemente para refrescar la memoria. Esto suele sucederme cuando la novela que leo es histórica. Adoro la historia y es una pena que haya sido una de esas asignaturas que me entusiasmaban tanto en el colegio como en el instituto, pero al dejar de manejar con asiduidad los datos que iba aprendiendo, mi cerebro los fue apartando hacia el fondo para dejar la primera fila a los números, la ciencia y la industria.
Para mitigar la desazón que me produce esto, no hay nada como leer de vez en cuanto una buena novela histórica que esté bien documentada: las fechas, los datos, las causas, los porqués simplemente abandonan el lugar de mi cerebro en el que estaban escondidos y se hacen un hueco entre las operaciones matemáticas, las leyes físicas y las fábricas.
“Tu rostro con la marea” es una de esas novelas que hacen que me diga a mi misma que seré una de esas jubiladas (si es que para cuando tenga 65 años existan todavía pensiones de jubilación) que estudiará el Grado de historia en la UNED. Además, ha supuesto un gran recordatorio de la historia de España y Europa de las primeras décadas del siglo XX, una época que me parece fascinante dicho sea de paso.

