
Un minuto antes de la oscuridad, de Ismael Martínez Biurrun
No lo sabes, pero el mundo ha terminado. Puedes ver las señales, pero no acabas de creértelo. Las llamas, el humo, la sangre reseca tras la batalla, el silencio que deja la muerte. Porque cuando el mundo acaba sólo queda eso, silencio. Y tú, como superviviente, te aferras a lo que toca, a lo que te puede mantener anclado en la tierra pero con una especie de miedo a todo lo que te rodea. Tu familia ya no es la misma, tus vecinos promueven la ley de la selección natural, y el trabajo no tiene sentido. Lo único que importa es llegar al día siguiente, a pesar de todo lo que te anuncia que no será así. No lo sabes, pero el mundo ha explotado, se ha tragado a sí mismo, te ha vomitado de la cadena de los seres humano y sólo te queda algo como Un minuto antes de la oscuridad para entender por qué ha sucedido. Las calles están vacías, los edificios están poblados por gente que no confía en otra gente, las miradas son siempre de reojo y los secretos se mantienen bajo llave, porque hasta en la más furibunda de las guerras la palabra puede convertirse en el arma más poderosa. Te llega el olor a quemado, a carne chamuscada, al miedo a intentar huir y verte con una bala en la cabeza. El mundo ha terminado, y tú, que lees esta reseña, estás a punto de descubrirlo en tus propias carnes.
Madrid ya no es una ciudad segura. Familias como la de Ciro, Sole y su hijo tienen que intentar sobrevivir en un mundo que ya no es el que conocían. Tendrán que decir, entonces, si huir o enfrentarse o luchar contra la amenaza, convertida en una multitud que tomas las calles por la noche, y por una conspiración que pretende derrocar el único aliento de normalidad que quedaba.
