
Entrevista a Pilar Adón
–¿Le ha contado algo de esto a Elvira alguna vez? ¿Ha hablado con ella de este modo?
Gabriel Murtagh sonrió, ahora sí de una forma voluntaria, y negó con la cabeza.
–¡Jamás! Con Elvira sólo debo hablar de árboles y de flores y de la perfección de sol al atardecer. Ella no toleraría ningún otro comentario, ningún pensamiento lúgubre.
–¿Y yo sí?
Gabriel amplió su sonrisa enormemente y la mantuvo un instante. Casi parecía feliz.
–Claro. Usted… Puede afrontar estas cosas. Usted lee.
El anterior fragmento pertenece a uno de los relatos incluidos en El mes más cruel, de Pilar Adón, un título que no hace mucho tuve la oportunidad de leer y reseñar aquí. Pilar ha accedido a contestar algunas preguntas para Libros y Literatura, así que vamos a tratar de conocer mejor a esta escritora madrileña.
Pilar, imagino que eres una gran lectora, así que, como el personaje de tu relato, podrás afrontar cualquier clase de pregunta. Lo digo porque de árboles y flores entiendo poco…
En todo escritor ha de vivir un gran lector, y normalmente se trata de lector admirado ante lo que ve. Un lector que puede pasar horas analizando frases, barajando palabras, dejándose llevar por la musicalidad de un texto… Las palabras aisladas tienen una belleza propia, y unidas pasan a formar frases que suelen influir enormemente en el estado de ánimo de quien las lee. A veces nos olvidamos de ese inmenso poder. Por otro lado, los escritores no solemos ser, aunque a menudo se piense lo contrario, expertos en montones de temas, poseedores de una llave que explique el mundo, o incluso una parcela del mundo. La vida de un escritor es más aburrida y menos trepidante de lo que algunos creen. Pasamos mucho tiempo sentados, sin hacer otra cosa que teclear o mirar por la ventana o revolvernos en el asiento. Y casi siempre sin salir de una habitación. Ahí vivimos, y a eso dedicamos la mayor parte del día. Así que sucede con frecuencia que nuestras experiencias beben de lo que leemos. En los libros hay mundos riquísimos, seductores, un universo de ideas, un mundo elevado… Leer ordena la mente, asienta lo que consideramos que es la realidad.
Por lo que me dices, el estereotipo del escritor bohemio o del autor maniático y atormentado va cediendo ante la imagen de un profesional meticuloso y bien preparado. Para ti escribir ¿es un impulso creativo o un trabajo que requiere más disciplina que inspiración?
Ese estereotipo del que hablas es de una naturaleza romántica que me parece muy perjudicial. Hay que tener mucho cuidado con lo que se admira en los demás, porque lo normal es que intentemos emularlo. Muchas veces, sobre todo en la juventud, cuando las formas y un posicionamiento estético pesan casi más que lo que se escribe, admiramos a unos personajes de la literatura casi mártires, con biografías trágicas y finales generalmente espantosos (suicidios, alcoholismo, locura…), que escribieron a pesar de esas tendencias, y no gracias a ellas. Pero en ciertos momentos resulta difícil distinguir la locura o la marginalidad del genio, y se opina que hay que sufrir lo primero para disfrutar de lo segundo, sin advertir que lo primero es paralizante, doloroso y, con frecuencia, estéril. En realidad, escribir no tiene mucho que ver con ese estereotipo, aunque tampoco con la pretendida imagen funcionarial del escritor que trabaja de nueve a cinco, sin implicarse. Por lo general, la labor creativa no es una opción, sino una necesidad de expresar algo desde una perspectiva personal y diferenciada. A partir de ahí, hay que saber combinar la magia y el espanto con la profesionalidad y el control.
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