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Kentukis, de Samanta Schweblin

Kentukis

La curiosidad se alimenta del exhibicionismo: por mucha gente que haya mirando, si nadie descorre las cortinas y enciende la luz, no habrá nada más allá que en la madrugada que otra noche de insomnio. Por eso vivimos en la época dorada del voyeurismo, en la que nuestra intimidad está expuesta como nunca y, al mismo tiempo, necesitamos alimentarnos de la intimidad del resto. Compartir es la palabra, el acto, que por arte de magia nos ha convertido a la vez en productores y consumidores de lo ajeno. ¿Queda alguna barrera en este intercambio planetario de momentos personales? ¿Es posible…

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