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Cuadernos de tierra, de Manuel Moyano

Cuadernos de tierraDe Cuadernos de tierra me sedujo la idea con la que el autor justificaba sus caminatas: “se adueñó de mi cierta filosofía del camino en las antípodas de lo deportivo; es decir, andar no como un reto físico, sino como la búsqueda de un impreciso estado mental”. No podría estar más de acuerdo con esa filosofía, siempre me ha encantado pasear sin rumbo, andar por el puro placer de andar, sin ruta ni objetivo, hacerlo simplemente por disfrutar de la experiencia. Tras leer el libro no tengo tan claro que nuestra idea de caminar sea compartida, el autor sí que se marca un objetivo y un esbozo de ruta y aunque su concepción no sea deportiva, su rendimiento es poco menos que olímpico, pero he disfrutado de sus caminatas igualmente. Al final supongo que ese estado mental al que se refiere cada cual lo alcanza a su manera, él mediante un notable esfuerzo físico y yo mediante un zangoloteo errabundo, pero da lo mismo, lo importante es conseguirlo.

Cuadernos de tierra narra una sucesión de caminatas por zonas naturales de Murcia y Alicante, caminatas extenuantes frecuentemente culminadas con noches al raso, en la mayor parte de las ocasiones bajo un sol de justicia (imagino que hacerlas en verano se justifica en las obligaciones laborales del autor, de lo contrario habría que concluir que además de por caminar siente cierta atracción por el sufrimiento), que son dignas de admiración en si mismas, tanto por el resultado como por la simple idea de llevarlas a cabo y que, además, cuentan con esa capacidad de observación y esa inquietud por compartir las experiencias de los escritores que hace que nos regale sus reflexiones, hallazgos y, en fin, aquello que construye el camino.

Simpatizo con Manuel Moyano no sólo por su afición, sino por su preparación de las excursiones que tiene más de impulsividad que de proeza logística. No se imaginen a un excursionista de esos que se compran el Decathlon y que, además de un uniforme perfectamente tuneado, llevan una mochila que haría palidecer al petate de las fuerzas especiales. Nuestro autor parece tener una predilección natural por las chuletas de cordero antes que por las barritas energéticas y por el vino con casera antes que por las bebidas isotónicas y no parece que necesite vestirse de experto montañero para entrar en comunión con la naturaleza. Cuando puede come en una fonda, duerme al raso sobre una cama de hojas y apenas lleva una muda, lo que hace que en alguna de sus paradas le confundan con un vagabundo. Su caminar es un viaje interior, y lo es con todas las consecuencias.

Cuadernos de tierra nos muestra una zona no especialmente conocida, con aldeas pequeñas y casas abandonadas junto con algunos pueblos más grandes. Los nombres de algunos llaman mucho la atención, a mi me ha resultado especialmente llamativo Parolix, que parece nombre de aldea gala, pero más que con nombres o sitios, el autor se cruza con historias. Manuel Moyano tiene alma de nómada andariego, de acuerdo, pero también es escritor y a veces no le basta con un pequeño apunte o una descripción del paisaje o de sus impresiones, también se cruza con historias que se le quedan dentro y sobre las que necesita indagar. Historias de crímenes, de supuestos asesinos en serie, en fin, historias que no tienen esa tendencia del autor a vagabundear sino que acostumbran a quedarse allí donde suceden y acostumbran a sobrevivir a sus protagonistas y se quedan en la memoria colectiva de los pueblos. Las desgracias son sedentarias, está en su naturaleza y por mucho impacto que puedan tener en otros lugares, se quedan a vivir allí donde suceden. Pero estas investigaciones que hace ya no son camino, a veces vuelve a esos lugares a investigar o se cita con gente que sabe, en fin, lo que es documentarse, pero como él mismo dice bien son un libro dentro de otro libro y son muy interesantes, pero no entran en esa filosofía del camino como reto no deportivo que tanto me llamó la atención.

Es un libro muy bien editado, se nota el cuidado y la calidad, y me alegra poder decir esto porque no conocía esta editorial (menos cuarto), a la que deseo la mejor de las suertes. Con todo, cuadernos de tierra es uno de esos curiosos experimentos cuyo éxito no se mide necesariamente en ventas, sino en los efectos que tenga en los lectores. Si despierta en ellos la llamada del camino, probablemente haya triunfado.

Andrés Barrero
@abarreror
contacto@andresbarrero.es

Por Andrés Barrero

Colaborador de Librosyliteratura desde 2011 y autor de la novela Todo el mundo odia a Yoko Ono, Lento y El nombre de Berta, pese a que se considera fundamentalmente escritor de cuentos. Y de Huelva. Cuando oye "peste, carbunco y rabia" sabe muy bien que contestar, pero su trochería predilecta para definirse es hacerlo como tolstoiano no practicante.

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