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El inicio de la primavera

El inicio de la primavera

El inicio de la primavera, de Penelope Fitzgerald

el inicio de la primaveraTítulo:  El inicio de la primavera (The Beginning of Spring, 1988)
Autor:  Penelope Fitzgerald
Traducción: Pilar Adón
Editorial:  Impedimenta, 2011
Páginas:  272
ISBN:  9788415130123

Una novela divertida, sutil y generosa, en la que la autora, con la complicidad del lector, recrea la llegada de la primavera al Moscú de 1913.

Franz Kafka opinaba que la literatura debía ser como un puñetazo en el cráneo.  Obviamente, a Kafka no le habrían gustado los libros de Penelope Fitzgerald.  Lejos de la violencia de un golpe, El inicio de la primavera es leve como una caricia o un roce; es una novela sutil.  Sutil, esa es la palabra.  Hasta ahora la he utilizado con frecuencia para referirme a otros libros, aunque me temo que la debería haber reservado para esta ocasión.

La sutileza de Penelope Fitzgerald brota de una atmósfera ligera y amable, casi de cuento de hadas.  La autora siempre supo crear en sus libros mundos ambiguos y sugerentes, en los que nada es lo que parece.  Un universo lleno de vívidos detalles, pero que precisa de una gran dosis de complicidad por parte del lector para sostenerse, en parte por su delicada fragilidad, en parte porque su creadora parece haberse ausentado, dejándolo en manos del lector y de los personajes, para que sean ellos los que completen la historia.

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La llegada de la primavera es una fecha cargada de simbolismo: en todas las artes se la relaciona con el renacimiento de la vida, el despertar de los sentidos y, en definitiva, el cambio.  Pero es que además, más allá de las metáforas, cada año, a medida que termina el invierno y se acerca la primavera, sentimos un transformación en nuestro interior, lo queramos o no.  Y no sólo porque se acercan las vacaciones o mejora el clima; hay algo, un resorte que nos mantiene en contacto con nuestra naturaleza primigenia, que salta.

Si a todos nos alegra el comienzo de la primavera, imagínense cómo será en un país tan frío como Rusia, donde las ventanas han permanecido selladas durante meses, mientras la nieve y el hielo eran los dueños de calles, parques y plazas.  El comienzo del deshielo es una fiesta, las casas se abren, hay procesiones y celebraciones por doquier.

Pero en marzo de 1913, los cambios que se presienten en el aire son más que climáticos.  Trasla Revoluciónde 1905 la inestabilidad es la norma en la vida política rusa; los vientos revolucionarios se mezclan con los de una guerra inminente y nadie sabe a ciencia cierta qué sucederá en los próximos meses.

Frank Reid, un inglés afincado desde hace décadas en Moscú, donde posee una imprenta, no es ajeno a los cambios.  Si la situación empeora y triunfan los bolcheviques, es probable que deba abandonar el país y su querido negocio.  Hace tiempo que está preparado para cualquier sorpresa, menos para la que le espera en casa:  Nellie, su mujer, ha recogido sus cosas y se ha ido, llevándose a los tres hijos del matrimonio.

Antes de que pueda hacerse una composición de lugar, Frank recibe una llamada desde la estación del tren: Nellie ha cambiado de idea.  Es decir, no ha cambiado de idea respecto a abandonarle, sino respecto a los niños: están en la estación, esperando a que alguien los recoja.  Como buen inglés, sólo hay algo que pueda empeorar la situación en la que se encuentra: que esta se vuelva de dominio público.

Pero esto es Rusia y aquí todo es de la incumbencia de todos.  Frank es un buen hombre, apreciado por cuantos le conocen, así que en este duro trance va a contar con mucha ayuda:  la estirada y mojigata colonia inglesa en Moscú, sus amigos rusos, indiscretos y entrometidos y, por supuesto, su contable y gran amigo Selwyn Crane, un inglés convertido a las creencias tolstoianas, dedicado en cuerpo y alma a hacer el bien a los demás, aunque con escaso éxito.

Con estos y otros mimbres (una misteriosa joven, policías secretos, estudiantes revolucionarios) se teje El inicio de la primavera, una especie de comedia costumbrista inglesa… ambientada en Moscú.  Una novela, según Terence Dooley, “perfecta en su género, aunque nadie pueda precisar del todo de qué género se trata”.

Quizá se trate de lo que la propia Penelope Fitzgerald denominó tragifarsa, una historia construida sobre un cúmulo de contradicciones (las costumbres rusas frente a las occidentales, las intenciones frente a los hechos, la espiritualidad rusa frente a los ideales revolucionarios o el materialismo occidental) en la que los elementos trágicos están tratados con un humor inteligente y sutil, cercano a veces al absurdo, mientras que los cómicos quedan atenuados por un enfoque formal y serio, como si esas situaciones fueran lo más normal del mundo.

Al final, el lector tiene la sensación de que la autora ha renunciado a entrometerse en el desarrollo de la historia: todo es obra de las oscuras (y traviesas) fuerzas del destino y, como en la vida real, las cosas pueden llegar a tener un final feliz, pero nunca una explicación.

Es aquí, en la tenue presencia de la autora, donde reside la sutileza de la novela; una ausencia que es un acto de generosidad.  Uno tiende a pensar que un escritor generoso es aquel que nos ofrece grande libros con multitud de historias y personajes, todos ellos bien desarrollados y perfectamente trabajados, verosímiles y ricos en detalles.  Después de leer El inicio de la primavera he descubierto otra forma de generosidad: la de Penelope Fitzgeral, que radica precisamente en lo contrario, en renunciar al protagonismo y dejar tanto espacio libre para el lector.  Las escritoras sutiles, es lo que tienen.

Javier BR
javierbr@librosyliteratura.es

6 comentarios en “El inicio de la primavera

  1. Preciosa reseña. He tenido en mis manos este libro varios veces y siempre lo he descartado por otros. La próxima vez tendré que retenerlo fuerte y disfrutar de la prosa de esta escritora, que me has dejado con sentimiento de culpa tras leer tu reseña.
    Besotes!!!

  2. Hermosa reseña, destaco esto: “Y no sólo porque se acercan las vacaciones o mejora el clima; hay algo, un resorte que nos mantiene en contacto con nuestra naturaleza primigenia, que salta” Me encantó la reflexión.

    En cuanto al libro, dan ganas de leerlo; al principio, pensé que era del estilo de “Seda” pero luego comprendí que la sutileza tiene que ver con otra cosa, no tanto con que el libro sea suave, tan típico de los libros asiáticos; al final era otra cosa, esta historia linda que nos cuentas y que merece la pena leer; la tapa del libro, además, es genial.

    Saludos!

  3. ¡Qué buena reseña Javier! Siento que puedo imaginarme el clima de la novela, los colores y la sensación de la época. Me parece interesante como se desarrolla esta historia personal en un contexto novedoso y claro que interesante.
    ¡Un saludo grande!

  4. No te sientas culpable, Margarita, todavía estás a tiempo de leerlo. Además, hay tanto que leer ¿verdad? Es difícil elegir.

    Gracias por tu comentario.

  5. Sí, la sutileza en este libro va por otro lado. Es como si la autora dejara mucho espacio al lector y le invitase a hacer una lectura “activa”, rellenando huecos con su propia imaginación. Es una forma de narrar que me ha sorprendido y me ha gustado mucho.

    Gracias por tu comentario.

  6. Gracias por tu comentario, Georgina. A mí me pasé eso mientras leía el libro: tenía la sensación de estar percibiendo el frío, los olores, los colores. Saludos.

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