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El proyecto Lázaro

El proyecto Lázaro

El proyecto Lázaro, de Aleksandar Hemon

El proyecto Lázaro

 

Diluyendo la frontera entre la realidad y la narración, entre la investigación periodística y la creación literaria, Hemon compone una magnífica novela alrededor de la figura del inmigrante.

“El tiempo y el espacio son las únicas cosas de las que estoy seguro”

1908.  Chicago.

Lázaro Averbuch es un joven judío nacido en el seno de una acomodada familia de Kishinev, en lo que ahora es Moldavia.  Tras perderlo todo en el pogromo de 1903 y pasar algún tiempo en el campo de refugiados de Czernowitz, acaba de llegar a Chicago, donde desde hace algún tiempo le espera su hermana Olga.  Se desloma todo el día empaquetando huevos, estudia inglés por las noches y, de vez en cuando, acude a reuniones anarquistas.  Para Lázaro, inocente y soñador, esas tres actividades representan una promesa de un futuro más justo e igualitario.  Una mañana, con su pobre indumentaria, su rostro moreno y su acento extranjero, se presenta en la casa del temible jefe de policía George Shippy, en uno de los mejores barrios de la ciudad, y pide ser recibido.  Minutos más tarde muere brutalmente a manos de Shippy en circunstancias bastante oscuras.

Mientras la policía trata de convertirle en un peligroso terrorista internacional, los anarquistas en un mártir y los judíos, temerosos de una oleada de odio antisemita, en un traidor, la prensa alimenta la histeria colectiva haciendo hincapié en los simiescos rasgos semíticos de Lázaro y en la evidente degeneración de su raza.  Con su hermano muerto y toda la ciudad acosándola para que tome partido por un bando, Olga no cree que las cosas puedan empeorar, hasta que el cadáver de Lázaro desaparece del depósito.  ¿Se le habrá ocurrido resucitar?

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La policía de Chicago muestra el cadáver la Lázaro. Chicago Historical Society

2008.  Chicago.

Vladimir Brik es un escritor y periodista bosnio que llegó a los Estados Unido en 1992 y tuvo que quedarse a causa de la guerra.  A pesar de tener la doble nacionalidad, de haberse casado con una norteamericana y de estar completamente integrado en la sociedad de Chicago, no deja de sentirse un inmigrante.

“Soy un ciudadano razonablemente leal de dos países.  En Estados Unidos —esa tierra sombría— malgasto mi voto, pago impuestos a regañadientes, comparto mi vida con una mujer autóctona e intento con todas mis fuerzas no desear una muerte dolorosa al cretino que tenemos por presidente.”

Brik, sumido en una profunda crisis (de identidad, de nacionalidad, profesional, matrimonial) acaba de iniciar un nuevo proyecto literario: un trabajo sobre la vida de los inmigrantes en los Estados Unidos en diferentes épocas.  El proyecto apenas avanza más allá de una mera intención cuando Brick se topa con la historia de Lázaro y se obsesiona con ella.  Por primera vez en mucho tiempo sabe lo que quiere hacer con su vida y decide partir en compañía de Rora, un fotógrafo compañero de sus años de estudiante en Sarajevo, a un incierto viaje por Europa del Este recorriendo los escenarios de la vida de Lázaro.

¿Cuál de esas dos historias es real?  La rocambolesca y un tanto metafórica peripecia de Lárazo, que recorrió medio mundo huyendo del odio y la violencia sólo para que su muerte violenta fuese la semilla de más odio es auténtica y está documentada a través de las noticias de los periódicos de la época y de las fotos que Aleksandar Hemon rescató de la Chicago Historical Society.  El surrealista viaje de Brik recorriendo a la inversa el camino de Lázaro cien años después… también: Hemon (Brick) y el fotógrafo Velibor Božović (Rora) realizaron en realidad el viaje narrado en el libro ―aunque obviamente algunas partes son ficción― como demuestran las instantáneas tomadas Božović, que capturan a la perfección la atmósfera onírica y melancólica del texto.

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2003.  Polonia.  Ucrania.  Moldavia.  Rumanía.  Bosnia y Herzegovina.

Brik, idealista, aconfesional y obsesivo, ya estaba en los Estados Unidos cuando estalló la guerra civil en su país.  Librarse de los horrores del conflicto no hizo sino aumentar sus dudas y su sentimiento de culpa.  En cambio, Rora pasó todo el conflicto en Sarajevo, donde no sólo consiguió sobrevivir, sino que además tuvo un papel activo en una de las milicias.  Pragmático, desengañado y vividor, no puede ser más diferente de Brik.

“Al principio, todas las guerras tienen una lógica impecable; ellos quieren matarnos, nosotros no queremos morir.  Pero con el tiempo se convierte en otra cosa, la guerra se convierte en un espacio en el que cualquiera puede matar a cualquiera y en cualquier momento, en la que todos quieren ver muertos a los demás porque sólo puedes seguir con vida si todos los demás están muertos.”

Ahora se han vuelto a encontrar y viajan casi en estado de trance por una Europa del Este desarticulada y fallida, donde el paisaje de la miseria y el odio racial de hace un siglo ha sido sustituido por otro más moderno y hortera de prostitutas y matones; como si fueran una especie de don Quijote y Sancho Panza enfrentándose a gigantes que por desgracia no tienen nada de molinos, mientras persiguen fantasmas que nadie quiere resucitar.

“—Uf… —empezó Chaim—, eso pasó hace mucho tiempo, nada menos que un siglo horroroso.  Han pasado tantas cosas desde entonces, hay tanto que recordar, y que olvidar…”

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Cementerio judío, Kishinev, Moldavia, 2003 © Velibor Božović

2012.  Letonia.

Casualmente leí El proyecto Lázaro durante un viaje —tan inverosímil como el de Brick-Hemon— a Letonia.  (No es cierto, no tiene nada de casual que eligiera ese título para el viaje, pero resulta más literario atribuirlo al azar.)  Aunque poco tenían que ver, imaginar un cierto paralelismo entre ambos viajes, unido a las construcciones soviéticas abandonadas, las conversaciones en idiomas extraños para mí o el cambio de paisaje multiplicó la intensidad de una lectura de un libro que de todas formas tenía todas las papeletas para gustarme mucho.

Me fascinan las novelas que combinan realidad y ficción, las que desarrollan paralelamente varias historias o varios tiempos narrativos, las que diluyen la frontera entre el texto y su autor, y este libro tiene de todo eso.  Y mucho más.

Por ejemplo, si hablamos de paralelismos, en El proyecto Lázaro podemos encontrar muchos.  Lo que para Lázaro significa el pogromo de Kishinev lo es para Brik la guerra de Bosnia.  Ambos, como el Lázaro bíblico (que es, en cierto sentido, otro exiliado), han escapado de la muerte, de la persecución o de la guerra para iniciar una nueva vida.

“—Pues resulta que Lázaro se muere, y su hermana, que es amiga de un tal Jesucristo, un profeta local al que se atribuyen varios milagros, le pide que haga algo al respecto.  Así que el señor Cristo va y monta uno de sus trucos.  Entra en la cueva en la que yace el cadáver, le ordena que se levante y Lázaro deja atrás el mundo de los muertos.  Luego vuelve tambaleándose a la vida y desaparece sin dejar rastro.  Y el señor Cristo se hace incluso más famoso de lo que ya era.

—Como historia no da mucho de sí.

—Es más bien floja, concedo.  Pero al cabo de un tiempo Lázaro se marchó a Marsella con sus hermanas, y ahí sí que hay una buena historia.  Me pregunto si empezaría una nueva vida allí.  A lo mejor nunca volvió a morir.  A lo mejor aún anda vivo por ahí, vivito y coleando, completamente olvidado a no ser como el conejito blanco de la chistera del señor Cristo.”

Además, los dos primeros (no sabemos si también el tercero) se sienten culpables de haber sobrevivido al cataclismo que destruyó sus respectivos mundos.

También se puede encontrar una clara correspondencia política entre los acontecimientos del pasado y los presentes.  Lo que para los estadounidenses de principios del siglo XX representó la amenaza anarquista (una indefinida conspiración orquestada por extranjeros que querían destruir el modo de vida americano) se materializa en la sociedad post-11s en la amenaza del integrismo musulmán, ambas muy bien utilizadas por la maquinaria del poder en su beneficio.

“Los editoriales lamentaban la debilidad de unas leyes incapaces de impedir que la pestilencia anarquista llegada de fuera se reprodujera como un parásito en el cuerpo político americano.  La lucha contra el anarquismo se parecía en no pocos aspectos a la actual guerra contra el terror.  Hay cosas que no cambian.  Se reformularon las leyes de inmigración; se persiguieron y  deportaron a los sospechosos de anarquismo; abundaban los estudios científicos sobre la degeneración y criminalidad intrínseca de ciertos grupos étnicos.”

También hay que destacar la capacidad narrativa de Hemon, a quien a menudo se compara con Nabokov (y la verdad es que ambos poseen esa capacidad de inventar algo en cada frase, para que ningún párrafo sea de relleno), con Proust o con Kiš.  El proyecto Lázaro es una novela provocadora y profunda, lúcida y divertida, llena de aventuras, rabia y melancolía.  Es divertida de una manera curiosa: del mismo modo que muchas veces, para hacer más soportable una realidad que a menudo es demasiado dura, se busca lo que pueda haber de humor tras una historia dramática, Hemon invierte los términos y pone de manifiesto lo que hay de terrible en una narración que en principio parece, por su forma, su carga irónica y lo absurdo de sus situaciones, una comedia.

El proyecto Lárazo es muchas cosas; es también una reflexión sobre el hecho de narrar.  La crisis narrativa de Brik, la manipulación de la historia de Lázaro, la barroca capacidad de Rora para inventar (¿o quizá son ciertos?) relatos fabulosos sobre su pasado, la búsqueda de la memoria perdida tras un siglo de holocaustos, el contraste entre la capacidad narrativa de la pluma de Brik y de la cámara de Rora… todo lleva a Brik a plantearse qué es narrar; a fin de cuentas su corazón de escritor se encuentra dividido entre la fascinación por el dato exacto y contrastable de su país adoptivo y la natural fantasía de su Sarajevo natal, donde se decide confiar en las historias de los demás sólo porque eran buenas.

En definitiva, El proyecto Lázaro es la historia de una búsqueda, y todas las búsquedas tratan de encontrar el camino hacia el hogar.  El problema de Brik, o el de Lázaro, es que no saben dónde está su hogar.  Aun así, necesitan regresar y regresar, en definitiva, es una manera de resucitar.

“El hogar es allí donde tu ausencia no pasa desapercibida.”

 

Javier BR
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